10.12.2018
 
Artículos / Cultura
Gutenberg Martínez
La noche no será eterna: Peligros y esperanzas para Cuba, de Oswaldo Payá (Hypermedia, 2018)
Por Gutenberg Martínez
24 de septiembre de 2018
Payá termina su libro en forma muy bella: “El pueblo quiere otra vida, quiere cambios pacíficos, quiere la democracia y la logrará. El Proyecto Varela despertó la esperanza y abrió un camino que ya la opresión no puede volver a cerrar. Ese es el camino del pueblo hacia la libertad”.
 

Para la  Universidad Miguel de Cervantes, el pensamiento y testimonio de Oswaldo Payá nos compromete por siempre y por ello la actividad internacional más importante que realizamos cada año es, precisamente, el Encuentro Internacional Oswaldo Paya: reflexiones sobre la vigencia del pensamiento humanista cristiano.

Mi comentario no es, ni puede ser neutral. Confieso que mi relación con Oswaldo fue y seguirá siendo, una mezcla de mente y corazón. Su persona irradia un compromiso sustentado en su fe y en sus convicciones de un modo tan ejemplar, que a mí como estoy seguro a Ustedes, me genera gran emoción.

Este año se cumplieron  6 años de su muerte, ocurrida en oscuras circunstancias, el 22 de julio del año 2012 y  que nos hace desconfiar de cómo el régimen cataloga las causas de su muerte y la de su acompañante Harold Cepero. Tal como se desconfió de las causas de la muerte del Ex Presidente Frei Montalva en nuestro país y que recién ahora se hace evidente su asesinato por la Dictadura que vivió Chile por 17 años. Es increíble cómo se parecen las circunstancias, los silencios, y los secretos. Pero soy de los que creen que al final la verdad siempre se impone.

Oswaldo Paya es un héroe del Pacifismo y de la Libertad. Y este libro da cuenta de su legado.

¿Cuál es el núcleo de lo que dio fuerza, coraje y contenido a Oswaldo Paya?

No cabe duda que en él, se hizo carne esa expresión que indica “que la fe mueve montañas”. Fe que le permitió asumir principios y valores centrales, que articuló con su pensamiento y acción en la vida concreta de su querida Cuba.

 El no sólo actuaba. Pensaba, construía, reflexionaba y se mantenía al día de los acontecimientos mundiales. La universalidad característica del cristianismo le permitía ser solidario también fuera de Cuba. Si Oswaldo estuviese aquí expresaría su condena a los Regímenes de Nicaragua y Venezuela, por sus violaciones a los DDHH, a la Libertad y a la Democracia y por la crisis humanitaria de salud pública y alimentación que vive el pueblo venezolano.

Oswaldo sabía que no sólo debía estar en contra de la Dictadura cubana, y que debía traspasar la barrera de ser disidente, para transformar su Movimiento Cristiano Liberación y el acuerdo con otros demócratas en una alternativa al régimen. Ser alternativa lo obligaba a crear propuestas, a afirmar una salida vía el Proyecto Varela y a mostrar un verdadero plan de Gobierno para la Cuba liberada. Pero para esto también debía esforzarse para aunar voluntades, pues la derrota de un régimen de fuerza exige voluntades que equilibren a esa fuerza.

El libro es una de las tantas tareas que él se exigió y como comentan su esposa Ofelia Acevedo y su hija Rosa María Payá, fieles acompañantes y seguidores de la tarea de Oswaldo,  quería terminar de escribirlo precisamente el año de su muerte. Pues como él  lo indica, pensó que esto podía “ayudar a descubrir que sí podemos vivir el proceso de liberación y reconciliación y caminar al futuro en paz”.

En su prólogo, su viuda, nos señala que el  escrito inédito de Oswaldo da cuenta de “la búsqueda incesante de caminos pacíficos que permitiesen a los cubanos conquistar los derechos fundamentales que nos han sido negados y permite referirse a “la fuerza de su liderazgo que transmitía confianza, seguridad y optimismo a los que lo escuchaban, devolviéndoles una nueva esperanza”.

Oswaldo días antes de su muerte expresó en el libro: “está escrito desde la vivencia del pueblo, de las víctimas y de su resistencia...No tengo otra experiencia que la del cubano que ha vivido en Cuba con cada limitación, miedo y sueño de otros cubanos de a pie y si tengo otra experiencia es la de rebelarme contra esa dominación”.

Oswaldo Payá fundó el Movimiento Cristiano Liberación y lanzó su obra política fundamental, el denominado Proyecto Varela en recuerdo del padre Félix Varela y Morales un luchador por la independencia de Cuba, proyecto para el cual recolectó con sus colaboradores el 2002 un total de  11.020 firmas de valientes ciudadanos a las cuales se agregaron 14.384 firmas más el 2003, ciudadanos que haciendo uso de una especie de derecho de petición de la propia Constitución Cubana, reclamaban el derecho a la libre expresión, a la libre asociación, a una ley electoral democrática y a un referéndum que abriera la transición política, junto a la amnistía de los presos políticos. Demanda plenamente actual cuando se encuentra entre otros preso políticamente  Eduardo Cardet, líder del MCL y sucesor de Oswaldo Payá.

Fue un paso histórico, miles de ciudadanos que daban la cara, ponían su nombre y firma manifestando su demanda por Libertad, Democracia y Derechos ciudadanos. Oswaldo con razón nos dice en el libro que ser “disidente en Cuba es mucho más que una opción política. Es un estado de vida.”. Por eso el Proyecto Varela fue el comienzo de una liberación.

Cuando estamos a 30 años del triunfo del No en Chile, como no hacer presente que la utilización de una cláusula de un texto constitucional muy cuestionable en su legitimidad también la expresó don Patricio Aylwin acá en Chile, cuando inició el proceso de participación en el Plebiscito liberador de 1988.

Nunca dejaré de recordar y comentar sobre  aquella noche  de mayo del año 2002, cuando en mi casa recibí una llamada de Oswaldo, quien con su tono mesurado que transmitía buena voluntad, me contó que ese día, después de encontrones con la policía y agentes del régimen, habían logrado entregar el documento del Proyecto Varela en las oficinas de la Asamblea Nacional de Cuba.

Sus expresiones eran cívicas, pacíficas y enteramente convocantes. Luego me  relató cuánto costó juntar esas firmas, en lo que a mi juicio ha sido la iniciativa más importante de la disidencia cubana. Esa noche me dormí sintiendo una profunda admiración por su liderazgo y consecuencia.

Oswaldo no cejó nunca en su lucha. En el 2004 inició el denominado “Diálogo Nacional” sobre la base de un documento convocante en el cual participaron más de 15.000 personas y como lo cuenta en su escrito, con esa participación ciudadana se elaboró el documento Plan de Transición: Cuba primero y la propuesta de una Nueva Constitución para Cuba, todo lo cual se conoció como el “Programa Todo Cubanos” difundido en mayo del 2006. De igual modo presentó el Proyecto Heredia y posteriormente encabezó la elaboración de la Ley de Reencuentro Nacional.

Oswaldo sabía que no bastaba con oponerse a algo, sino que era necesario plantear una alternativa capaz de darle un buen Gobierno a su Patria.

Oswaldo era claro en sus ideas y en ocasión de recibir el  premio Sajarov, del Parlamento Europeo, expresó con contundencia el rechazo de todas las Dictaduras cualesquiera fuera su signo u orientación. Nunca un doble estandar.

No creía ni menos practicaba esa fórmula maquiavélica de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Recuerdo perfectamente cuando sin titubear rechazaba la Dictadura en Chile y lo manifestaba en más de una entrevista radial. Para el los valores que lo impregnaban desde su fe y su inspiración humanista cristiana eran entrañables y la consecuencia en su accionar, aquella que responde a la necesaria relación entre medios y fines lo hizo merecedor de varios reconocimientos, siendo postulado durante cinco años al  Nobel de la Paz.

Esos valores lo hacen referirse a temas de fondo, como la “descristianización” y la “cultura del miedo”. Y también a valorar junto a la lucha por la libertad, a la necesaria reconciliación.

De ese modo la última parte de su libro está destinado a la reconciliación y haciendo gala de su humanismo señala que “Hay que soñar”. Soñar la Cuba post Dictadura, pues esos sueños, son parte del trabajo perseverante por la Paz y la Libertad.

Payá refleja como el que más, la validez y la importancia de la esperanza, la que junto con los misterios de la vida y la existencia humana, constituyen parte muy relevante de toda inspiración humanista que se acompañe con la trascendencia.

Oswaldo Payá es un hombre del mundo. Y ya preveía lo que en el libro titula: Otro Peligro, los Fundamentalismos.

Y así nos dice “La Fe hace cultura, pero el pecado también puede hacerse cultura.” Y agrega “El mensaje cristiano lleva un mensaje de amor y libera a la persona por encima de todo prejuicio”.

Agrega: “Nadie está excluido...Todo ser humano es mi hermano a quien, además, le respeto su libertad, aún si no me considera su hermano...”

Y continúa expresando: “¡cuidado! Con los fundamentalismos ideológicos, religiosos, étnicos, raciales, políticos. Hay hasta un fundamentalismo mercantil donde todo es mirado a través del mercado y todo toma valor a partir  de sus reglas. Algo vale si se puede vender y comprar…” Eso lo califica y dice: “Eso es deshumanizante”.

Payá termina su libro en forma muy bella: “El pueblo quiere otra vida, quiere cambios pacíficos, quiere la democracia y la logrará. El Proyecto Varela despertó la esperanza y abrió un camino que ya la opresión no puede volver a cerrar. Ese es el camino del pueblo hacia la libertad”.

En tiempos de tanto pragmatismo y contingencia, los invito a leer un libro que estimula la reflexión y la acción basado en valores y convicciones profundas.

Gutenberg Martínez es Rector de la Universidad Miguel de Cervantes (Chile).

Acerca del autor
Gutenberg Martínez
Gutenberg Martínez
Rector UMC
Abogado, Universidad de Chile
Ex Presidente de la Cámara de Diputados