21.10.2018
 
Artículos / Cultura
Agustina María Auvieux
Los Latinoamericanos y el Tíbet
Por Agustina María Auvieux
10 de marzo de 2018
En este día, en 1959, los tibetanos de todo el espectro social se levantaron para organizar un levantamiento desafiante pero también pacífico contra la ocupación ilegal del Tíbet por parte de la República Popular China.
 

Al conmemorar el quincuagésimo noveno aniversario del Día del Levantamiento Nacional Tibetano, recordamos y rendimos tributo a todos aquellos que han sacrificado sus vidas por la lucha de la nación tibetana. Hasta la fecha, se estima que un millón de personas han perecido y que el 98% de los monasterios fueron destruidos bajo la invasión china.

Aunque hoy es un día para sentirse apenado, hay razones para estar orgulloso y esperanzado. Esperanzados por el hecho de que, en este día histórico del año 1959, los hombres y mujeres tibetanos de las tres provincias marcharon al unísono bajo la consigna “El Tíbet pertenece a los tibetanos”.

Los latinoamericanos y el TibetEs por esto, que este 10 de marzo de 2018, como latinoamericanos también podemos aportar un granito de arena a la causa, informándonos. Para ello, el libro de Aloma Sellanes Zibechi, “Los Latinoamericanos y el Tíbet”, escrito en un lenguaje ameno y claro, busca acercarnos al Tíbet, tan lejano y tan mítico, del que poca gente se encuentra informada de manera fiel.

País, que fue la patria de los Dalai Lama, hasta que el XIV y actual tuvo que exiliarse, es la tierra donde el budismo enraizó para generar una de las más complejas y profundas formas, la del budismo tibetano, la de los Lamas, en una historia en la cual se funden grandes iniciados, trascendentes bodhisattvas, la digna lucha de Tenzyn Gyatso, y una vida y cultura que actualmente están en peligro debido a la voracidad ideológica de la China comunista.

A través de sus páginas, podemos encontrar información sobre Tíbet, su religión, su situación política presente, en su más amplia y completa definición, complementada con 34 testimonios de latinoamericanos que nos explican el porqué de los lazos que los unen al Tíbet y que, sin duda, nos deja pensando sumidos en la necesidad de hacer algo, como así también, nos invita a preguntarnos: ¿qué país puede invadir a otro, anexarlo e intentar oprimir a sus ciudadanos y cultura sin que el mundo haga algo por impedirlo? ¿Qué país puede, en esa nación conquistada, violar permanentemente los derechos humanos?

Es, en conmemoración a otro año más de lucha y retomando las palabras de Lia Diskin, testimonio de Buenos Aires, que con “admiración a una cultura que es capaz de sustentar sus convicciones en el poder de la compasión y la paz aún en las situaciones más adversas” que esperamos que pueda la no violenta causa del Tíbet prevalecer y ser escuchada.