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Fernando Pedrosa  y Cecilia Noce

La transformación de Vietnam: éxitos y desafíos de un experimento de «capitalismo comunista»

(Infobae) Vietnam afrontó exitosamente desafíos que otros países tardaron mucho más tiempo en solucionar o que directamente no lo han logrado. Ahora se enfrenta a problemas y demandas que no son inéditas y que comparte con otros países emergentes: compatibilizar desarrollo y medio ambiente, mantener la salud macroeconómica pero mejorar la calidad de vida de sus habitantes y, sobre todo, empezar urgentemente algún tipo de proceso de liberalización política.

Por Fernando Pedrosa y Cecilia Noce
5 de agosto de 2019
 

(Infobae) Vietnam es el país del sudeste asiático que más conflictos bélicos ha vivido en la segunda mitad del siglo XX y el único en haber ganado tres guerras contra potencias mundiales, Francia, Estados Unidos y China. De los tres, el más conocido es el que enfrentó a la entonces Vietnam del Norte con los norteamericanos. Esa guerra, todavía un símbolo trágico en la cultura americana, fue también el ícono de un mundo en cambio y de nuevos conflictos sociales que atravesaban desde la Europa del mayo francés, la Primavera de Praga y la América Latina donde las guerrillas comenzaban a expandirse.

Pocos años después de la apresurada retirada norteamericana de Saigón (hoy llamada Ciudad Ho Chi Minh), Vietnam ocupó Camboya, lo que provocó la reacción de China. De esta forma, iniciada la década de los 80 se involucró otra vez en un conflicto bélico. Recién en 1990, cuando sus tropas abandonaron el país vecino, Vietnam comenzó un periodo sin guerras ni militarización.

Hasta acá es la historia conocida. Vietnam se independizó y reunificó a un costo altísimo: aislada internacionalmente, con la destrucción total de su economía e infraestructura, con parte de su territorio contaminado por los químicos arrojados durante la guerra o inutilizado por las bombas y minas aún sin detonar, con más de un millón de sus ciudadanos muertos y muchos más discapacitados, desnutridos y sin ningún tipo de educación.

Pero sobre lo que se sabe mucho menos es cómo comenzó un rápido proceso que convirtió al país en una potencia económica regional que crece hace décadas a un ritmo del 6 al 7% anual (solo por debajo del gigante chino) y con una de las poblaciones más optimistas del mundo, según la conocida encuesta de Gallup International.

Un comunismo all uso nostro

Quien camina las calles de las muy pobladas ciudades vietnamitas se encuentra con que la vida urbana es intensa: miles y miles de motocicletas hacen caótico cualquier movimiento y se pueden adquirir todo tipo de elementos textiles y electrónicos, de todas las marcas y tamaños. Al mismo tiempo, el dólar es una moneda que circula con la misma facilidad que el dong vietnamita.

En sus habitantes no se observan resentimiento con los países con que se enfrentaron. Si bien los museos y memoriales de la guerra no escatiman imágenes de la barbarie que sufrió la sociedad vietnamita, eso no es un obstáculo para que la cifra de visitantes, especialmente occidentales, crezca cada año. En el año 2000, Vietnam recibió dos millones de turistas y en lo que va del 2019 ya superaron los diez millones. De hecho, los famosos túneles de Cu Chi, que fueron decisivos para derrotar a los norteamericanos en el campo de batalla, se han ensanchado para que ahora puedan ingresar turistas bien alimentados.

Vietnam, aún manteniendo un férreo régimen comunista, es uno de los más importantes aliados de su ex enemigo norteamericano, al punto de haber firmado acuerdos nucleares bajo los gobiernos de George Bush Jr y Barak Obama y organizado en su capital, Hanoi, una de las cumbres entre el presidente Trump y su par norcoreano Kim Jong-un. Además, integra el Trans-Pacific Partnership con otros países asiáticos y americanos y ha firmado tratados de libre comercio con la Unión Europea, Corea del sur y Chile. Si bien con China se mantienen los resquemores, sobre todo a nivel popular, es el primer socio comercial del país y destino de la mayoría de las exportaciones de Vietnam.

Y este es uno de los principales activos de Vietnam, el pragmatismo.

Pragmatismo económico y autoritarismo político

Momento en que el jefe de la Policía Nacional de Vietnam del Sur, el general de brigada Nguyen Ngoc Loan, ejecutaba sumariamente en plena calle a un prisionero desarmado y maniatado de un tiro en la cabeza.Vietnam ha pasado de ser un país de extrema pobreza a uno de ingresos medios y a diferencia de otros países asiáticos, su cuantiosa población –tenia cuarenta y cinco millones al terminar la guerra contra los norteamericanos y hoy tiene 96 millones- es bastante cualificada ya que hay una fuerte inversión en educación, incluso superior a la media regional y solo por debajo de Singapur.

A partir de 1986 el gobierno vietnamita realizó reformas que se conocen como Doi Moi (reestructuración). Esto implicó medidas que en cualquier otro lado se hubieran tachado de "ajuste neoliberal", ya que fue necesario devaluar la moneda, reducir subsidios a empresas estatales y elevar tasas de interés para combatir una inflación que pasó del 400 % anual a menos del 4%.

Del mismo modo, se aceptó la propiedad privada de la tierra ya que era necesario aumentar la productividad para alimentar una población que apenas lograba subsistir. El abandono de las ineficientes granjas colectivas tuvo rápidos resultados y hasta el día de hoy Vietnam es uno de los principales productores de arroz y uno de los mayores exportadores de café a nivel mundial. Vietnam redujo, así, la pobreza de un 60% de la población a menos del 15 %.

Suele decirse que el Doi Moi es un concepto similar al de perestroika, el proceso de cambios realizado en la Unión Soviética por aquellos años. Sin embargo, a diferencia de sus pares rusos, los vietnamitas, como también un tiempo antes los chinos con Deng Xiao Ping, entendieron que el foco de las reformas debía apuntar a la economía en vez de la política. Eligieron el capitalismo, no la democracia. La diferencia no fue menor, y la URSS no sobrevivió a su error estratégico.

Un futuro complejo

Pero no son todas flores. Según Freedom House, Reporteros sin Fronteras, Amnesty International y Human Righ Watchs, Vietnam es un país no libre donde los derechos humanos más básicos están restringidos y numerosos disidentes, activistas y blogueros son perseguidos, encarcelados o deben exiliarse. A su vez, ocupa la posición 117 sobre 180 países en el ranking de corrupción gubernamental elaborado por Transparencia Internacional.

En otro orden, el fuerte crecimiento industrial ha producido consecuencias medio ambientales que podrían ser irreversibles. El aumento de la demanda energética ha sido satisfecho por centrales térmicas de carbón y la contaminación, aumentada por la industria, el tráfico y la quema de los arrozales en la periferia, se hace sentir con mucha fuerza, sobre todo en Hanoi. Pero los efectos más peligrosos se viven en regiones rurales y costeras.

Como muchos países de la región, existe una abundante población que aún mantiene su economía asociada a mares, ríos y la tierra y también a cierta regularidad en los ciclos de la naturaleza. Por ello, la irrupción industrial no planificada y sin control ha afectado seriamente a esta población. En 2017, una empresa siderúrgica produjo un derrame de productos tóxicos que ocasionó el peor desastre ambiental en la historia de Vietnam, afectando a 200.000 personas y dejando sin trabajo a 41.000 pescadores.

Por varios de estos motivos, Vietnam se ubica en un poco promisorio puesto 117 del índice de desarrollo humano (IDH) elaborado por la ONU, ya que gran parte del éxito se debe a que los salarios son bajos, incluso menores a los percibidos en China, los que han crecido en los últimos tiempos. Además la lucha contra la pobreza ha empezado desde un nivel muy bajo, por lo cual, aún los importantes avances necesitan ser vistos en perspectiva y reforzados.

Vietnam afrontó exitosamente desafíos que otros países tardaron mucho más tiempo en solucionar o que directamente no lo han logrado. Ahora se enfrenta a problemas y demandas que no son inéditas y que comparte con otros países emergentes: compatibilizar desarrollo y medio ambiente, mantener la salud macroeconómica pero mejorar la calidad de vida de sus habitantes y, sobre todo, empezar urgentemente algún tipo de proceso de liberalización política que la mayoría de sus vecinos, con avances y retrocesos, ha encarado en las últimas décadas.

Fuente: Infobae (Buenos Aires, Argentina)