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Ludmila González Cerulli

60 años a la espera de una solución pacífica para el Tíbet

El transcurso del tiempo aún no ha acarreado una solución pacífica para el Tíbet. Los años de espera se prolongan y la esperanza de alcanzar un cambio se divisa cada vez menos. Por esta razón, la programación de los eventos en conmemoración del 60° Aniversario cumple una función especial, servir de caja de resonancia. Este 10 de marzo la bandera del Tíbet flameará en todos los continentes como signo de la persistencia.

Por Ludmila González Cerulli
Twitter: @LudmilaFlaviaGC
10 de marzo de 2019
 

Marzo de 2019 es un mes de suma carga simbólica para el Tíbet. En vista a contrarrestar la intensidad de cualquier movimiento social vinculado a la causa de esta población, las autoridades del gobierno chino decidieron bloquear el acceso a los visitantes extranjeros en la “Región Autónoma del Tíbet” desde el 30 de enero hasta el primero de abril, según declara la Central Tibetan Administration (CTA) en un comunicado de prensa de fines de febrero. Esta medida de impedir el ingreso de funcionarios públicos, diplomáticos, periodistas y personal del servicio militar durante dicho período ya se ha tornado una costumbre en vísperas de las fechas más sensibles que encarna el Tíbet.

Este domingo se conmemora el 60° Aniversario del Día del Levantamiento Nacional Tibetano, el cual refresca la memoria de las revueltas contra la invasión china el 10 de marzo de 1959- que significó un fracaso para los tibetanos y culminó con el exilio del XIV Dalai Lama en la ciudad india de Dharamshala junto a miles de sus seguidores-. Pero por otro lado, también es preciso traer al diálogo los disturbios ocasionados el 14 de marzo de 2008 en la capital de Lhasa- previo a la inauguración de los Juegos Olímpicos en Pekín- con motivo de la añeja opresión del Partido Comunista Chino (PCC). ¿En qué contexto el Tíbet recuerda tales acontecimientos? Pues, sumergido en el cerco de la carencia de derechos políticos y libertades civiles, atrapado en la noción de uno de los territorios con menor libertad- el segundo puesto después de Siria- según el último informe de Freedom House.

Las discrepancias que acumulan China y el Tíbet con respecto a la ocupación de esta región se remontan al binomio liberación-invasión (“liberación pacífica” para el PCC e invasión y genocidio cultural para los tibetanos en el exilio), cuya fundamentación varía a partir de las lentes mediante las cuales se analice el caso. Sin embargo, existen datos concretos que no pueden-  ni merecen- ser ignorados o sometidos a la duda. Como se explica en la publicación “Tibet was never a part of China but The Middle Way Approach remains a viable solution”, realizada por la CTA en octubre del año pasado, es posible representar la fallida Rebelión Tibetana en dos cifras amargas: el desplazamiento de más de 80.000 tibetanos hacia las fronteras de India, Nepal y Bután y, sumado a esto, se estima que las tropas militares chinas provocaron la muerte de 87.000 miembros de la resistencia tibetana en Lhasa y las áreas aledañas tan sólo entre marzo y octubre de 1959.

A pesar de la ocupación china y sus consecuencias para la población en la región, la atención de la comunidad global fue casi inmutable, excepto por los esfuerzos aislados de determinadas agrupaciones colectivas. Esto promovió el establecimiento de una organización de carácter internacional capaz de coordinar las campañas de ayuda destinadas al pueblo tibetano con la finalidad de nuclear a todas ellas y así aumentar su efectividad. En respuesta a estas necesidades, en el año 2000 surgió la International Tibet Network en la 3° Conferencia Internacional  del Grupo de Apoyo al Tíbet en Berlín. Actualmente, la red cuenta con más de 200 grupos de apoyo distribuidos en más de 50 países, de los cuales 18 se encuentran presentes en América Latina. 

Hay nueve campañas a nivel mundial que están encabezadas por distintas organizaciones y monitoreadas por la Red Internacional del Tíbet. El propósito común es hallar la solución pacífica frente a la invasión del territorio del Tíbet. Entre las propuestas de ayuda se identifican las siguientes y cada una corresponde a un objetivo específico: Unite for Tibet (apaciguar el movimiento tibetano de las autoinmolaciones), Free Tibetan Heroes (liberar a los presos políticos), Free the Panchen Lama (liberar a Gedhun Choekyi Nyima, el XI Panchen Lama que está desaparecido desde 1995), I Heart Tibet (promover la resistencia cultural del pueblo), Tibet Third Pole (concientizar sobre la amenaza ambiental que padece el territorio frente al impacto del cambio climático y las políticas chinas), Chinese Leaders (proveer de contenidos de análisis sobre los perfiles políticos de los referentes del PCC), Tibetan Nomads’ Rights (erradicar la presión china de obstruir este estilo de vida milenario), Xi Jinping´s Tibet Challenge (resaltar los efectos negativos de la continuidad de la ocupación china) y China Tibet Friendship (brindar información acerca del Tíbet en idioma chino).

El transcurso del tiempo aún no ha acarreado una solución pacífica para el Tíbet. Los años de espera se prolongan y la esperanza de alcanzar un cambio se divisa cada vez menos. Por esta razón, la programación de los eventos en conmemoración del 60° Aniversario cumple una función especial, servir de caja de resonancia. Este 10 de marzo la bandera del Tíbet flameará en todos los continentes como signo de la persistencia. Las marchas tendrán lugar en diferentes ciudades del mundo: Minnesota, Nueva York, San Francisco (Estados Unidos); Toronto (Canadá); Ciudad de México, Chiapas (México); París (Francia); Londres (Inglaterra); Lisboa (Portugal); Bruselas (Bélgica); Viena (Austria); Pec Pod Sněžkou (República Checa);  Estocolmo (Suecia); Oslo (Noruega); Dharamshala (India); Taipéi (Taiwán); Tokio (Japón); Brisbane, Canberra, Hobart, Melbourne, Sydney (Australia); y Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Este tipo de iniciativas forman parte de la solidaridad internacional, el valor que no debe agotarse en el comportamiento de todos los que integramos la gran comunidad global y, mucho menos, cuando sabemos que hay realidades donde se necesita ayuda con urgencia. En esta fecha, podemos generar un turning point si frenamos el obrar por inercia y reemplazamos el mismo por un gesto de empatía con el pueblo tibetano.

Desde la óptica de los Estados, sería de enorme contribución si éstos enseñaran su apoyo a la Vía Intermedia propuesta por el XIV Dalai Lama como la solución más viable entre China y la región del Tíbet. Paralelamente, la sociedad civil podría aportar con el nivel de magnitud de las manifestaciones. Aquellos que estamos familiarizados con la causa tibetana tenemos que ocuparnos de dar a conocer esta situación a nuestros círculos y también a los demás ciudadanos. Acudir al “de boca en boca” y exprimir juntos la potencia de las redes sociales. Aunque a nosotros puede significarnos un simple estado de WhatsApp, una historia en Instagram, un post en Facebook o un artículo en LinkedIn, la yuxtaposición de estas pequeñas acciones puede reanimar la fe del pueblo tibetano al hacer que su voz de auxilio sea parte de nuestras conversaciones el 10 de marzo, sin importar la ubicación en el mapa. 

Ludmila González Cerulli es colaboradora del Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos de CADAL.