21.9.2018
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
Sigue la desconfianza en los mercados: ¿qué hace mal el Gobierno?
Por Marcos Novaro
2 de julio de 2018
(TN) Hasta el momento el Ejecutivo tuvo una actitud conservadora frente a las crisis, pero para enfrentar la situación económica actual necesitaría hacer mayores cambios.
 

(TN) Para empezar, deja que circulen demasiados rumores sobre lo que podría suceder con las retenciones, las tarifas y los créditos a las empresas. Ahora los viajes al exterior y muchos más asuntos, sin dar precisiones. La Jefatura de Gabinete sigue encargada de la comunicación, pero aún no midió bien la crisis y ya no controla la agenda como antes.

¿Es culpa de Marcos Peña? ¿Es que actúa como el perro del hortelano, ya no come como antes pero tampoco deja que los demás lo hagan? En concreto, ¿no permite que Nicolás Dujovne defina lo más rápido posible esas cuestiones y se convierta en coordinador efectivo de la gestión económica, que en este momento necesita más que nunca que alguien cumpla ese rol y genere confianza? ¿O el problema viene de Mauricio Macri, que no termina de dar señales claras, delegando la autoridad suficiente en el ministro? ¿O nace de éste último, que no asume más activa y decididamente su nueva función, haciendo algo más que "reuniones de coordinación" que terminan en nada y no acallan sino que extienden los rumores?

Si atendemos a las últimas intervenciones de Peña podría concluirse que al menos en el discurso su enfoque no ha cambiado lo suficiente. Insiste con fórmulas motivacionales que suenan a hueco en el actual contexto. La Jefatura parece haberse replegado tácticamente, a la espera que todo "vuelva a la normalidad". Allí se deben preguntar: ¿para qué cambiar más, si de lo que se trata es solo de aguantar el chubasco hasta que se presente la oportunidad de retomar el rumbo con que se venía? Pero visto desde fuera esa forma de ver las cosas suena a resistencia al cambio, a negarse a buscar nuevas respuestas para problemas nuevos. Que cabría atribuir a la humana tendencia a negarse a aceptar una pérdida de protagonismo y de poder. Aunque tiene también detrás una lógica y una historia que le dan más legitimidad. Y por tanto más fortaleza.

La fe que parece animar a la Jefatura de Gabinete nace de lo que sucedió ya varias veces en el pasado y de una elaboración intelectual fundada en esa experiencia: estallaba una crisis, en alguna medida por errores no forzados del Gobierno, ante la cual él tardaba en reaccionar, alentando a que se desataran las más feroces críticas de la oposición, que se movilizaba, protestaba y anunciaba prontas catástrofes; pero la crisis se iba calmando y también el ánimo social, y entonces lo que parecía inacción o torpeza del Gobierno se convierte en temple, abre paso a una salida moderada y más o menos sustentable, que le permite recuperar el control de la situación y el apoyo social momentáneamente perdido.

Ciclos con estas características, con el Gobierno metiéndose en problemas y luego saliendo de ellos sin necesidad de muchos cambios, se sucedieron a mediados de 2016 con el primer tarifazo, de nuevo a principio del año siguiente por la demora en la prometida reactivación, y podría estar sucediendo ahora otra vez. Si las situaciones son homologables, no sería descabellado pensar que las fórmulas de salida también lo sean. Imaginemos que este es el argumento de Peña y sus adláteres.

¿Pero es realmente homologable la situación actual a la que se vivió en esas ocasiones del pasado? Esa es la pregunta que deberían hacerse en la Jefatura. Y planteársela atendiendo al hecho de que la impresión que tienen muchos actores y analistas es que no es así, que la crisis que ahora nos toca enfrentar no tiene muchos puntos de comparación con los problemas más o menos puntuales y transitorios que se sucedieron en 2016 y 2017, un período en que el rumbo general de la política y la economía favorecía al oficialismo. Ahora él debe demostrar que puede remar contra la corriente, encontrar las estrategias y métodos adecuados para salir de un complejo atolladero en que los problemas económicos y la debilidad política se realimentan.

Claro que aquella visión complaciente no se impondría si no fuera avalada en alguna medida por Macri, que se inclina manifiestamente a pensar que las modificaciones hechas hasta aquí son suficientes y de lo que se trata, al menos por ahora, es de esperar a que den sus frutos. El trauma personal que parece haber significado para el Presidente desprenderse de un par de ministros y el jefe del Central nos habla de cierta resistencia a cambios bruscos, y de un excesivo afecto por sus colaboradores (en particular por sus "ojos e inteligencia"), que no es recomendable en una situación como la que tiene que resolver. Es difícil imaginarlo haciendo como Carlos Menem o Raúl Alfonsín cada vez que enfrentaron situaciones difíciles: salieron de ellas defenestrando hasta a sus colaboradores más cercanos y queridos. ¿Va a tener que sufrir más corridas y coletazos de la crisis para cambiar de actitud? ¿Es más bien cuestión de tiempo que en su cabeza se asiente un nuevo armado del equipo y una nueva estrategia general para la gestión? El carácter de Macri puede que sea, en suma, parte del problema, una parte que mucho arreglo no tiene.

Otra parte le toca a Dujovne, que no es Domingo Cavallo, y que no parece estar deseoso de tomar el control de la situación. ¿Le falta hambre política o también está esperando? Por ahora se lo ve ocupando de a poquito los lugares vacíos, armando su agenda tema por tema, pero es probable que eso no alcance, que consuma mucho más tiempo del disponible. Encima transmite así la idea de que espera que el poder caiga en sus manos, no va a ir a buscarlo. Que si termina imponiéndose su autoridad bien, pero si no, no se va a hacer mucho drama. Este es otro problema, y puede que tampoco tenga arreglo.

Lo que sí puede que tenga arreglo es la actitud conservadora que ha tendido hasta aquí a dominar en el corazón de la gestión, la Jefatura de Gabinete, sobre todo si ella no se funda sólo en un deseo de no perder poder sino en una convicción intelectual y en una experiencia, que hasta hace poco sirvieron para dar orientación y cohesionar al resto, pero ahora parecen estar complicando las cosas y es conveniente y posible revisar. De ese modo el nuevo tridente formado por Macri, Peña y Dujovne tendrá más chance de cooperar y encontrar una salida.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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