21.9.2018
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
De Moyano y Grabois a «Los Gordos» y Pichetto: ¿se recompondrá el peronismo en 2019?
Por Marcos Novaro
25 de febrero de 2018
(TN) Macri cayó en las encuestas y Cristina se replegó. Con esas ayudas, ¿tendrán alguna chance los opositores el próximo año? ¿Cómo podrían aprovecharla, moderándose o radicalizándose?
 

(TN) La caída en las encuestas y los problemas de gestión con que el oficialismo debió lidiar en el arranque de su tercer año le dieron esperanzas a los peronistas, que parecían desahuciados tras el trastazo electoral de octubre pasado y los reproches cruzados y dispersión general que les siguieron. Pero ¿cómo aprovechar esta oportunidad? Nadie lo sabe muy bien.

Para empezar, no es fácil porque no hay traspaso automático de adhesiones: lo que pierde el Gobierno no lo gana ningún sector opositor, engorda por ahora el campo de los escépticos y decepcionados de todos los políticos y los partidos.

En segundo lugar y peor todavía, porque mucho de lo que pierde el oficialismo se debe a que no es más duro contra los males que el peronismo representa en los últimos tiempos mejor que nadie: nepotismo, corrupción, inflación, ineficiencia gubernamental, gastos políticos que alimentan una casta de gente poco útil para el resto de la sociedad, en suma, la política criolla que perpetúa nuestra decadencia.

Incluso esas opiniones escépticas hacía lo que el peronismo podría ofrecer como solución, dado que es más bien una de las fuente de los problemas, están muy difundidas entre los sectores bajos y hacía los rubros "sociales" de ese dispendio estatal que hasta hace unos años, cuando el país crecía pese a hacer las cosas mal, se toleraba. No es que las masas ahora enojadas con Mauricio Macri estén reclamando masivamente más plata para los docentes públicos, más planes sociales y cosas por el estilo; parte de ellas al menos quiere más rigor con todos esos "parásitos", que deje proliferar la "vagancia a nuestra costa" en esos y otros terrenos.

Es respecto a este punto que se abre una primera difícil disyuntiva para los peronistas. Una parte cree que los que así piensan son "de derecha" e irrecuperables para su causa y hay que hacerse fuerte en la defensa de un "Estado ampliado" (llamarlo benefactor saben que sería excesivamente pretencioso) que mal o bien el kirchnerismo supo montar.

Quienes se reunieron en UMET hace unas semanas (kirchneristas de buenos modales, parte del massismo y del randazzismo, algunos independientes), y proponen replicar ese tipo de encuentros en todo el país, avanzan con esta idea para fundar un suelo común en que convivir, oponerse a Macri y presentar un candidato de unidad en 2019. Lo hacen con un un rasgo telúrico que parece ser inescindible de la idea de "unidad" en esa fuerza: marchita con los dedos en v, discursos sobre el "campo popular" y ese tipo de cosas que no se sabe muy bien en qué remoto pasado abrevan ni a quién pueden interesarles. Menos todavía cuando lo que responden a los indudables integrantes del pueblo que desconfían de ellos por todos los pasivos dejados tras doce años en el poder y de los que se niegan a hablar, es apenas que el problema es suyo, porque se han dejado melonear por Macri y la prensa canalla.

Al mismo tiempo, La Cámpora y los intendentes que aún responden a la expresidenta Cristina Kirchner se plegaron a la marcha de Moyano y apuestan a una "alianza estratégica" en las calles con él, con los grupos piqueteros más radicalizados y con la izquierda trotskista, para darle más sustento a la resistencia contra las políticas oficiales, que hasta aquí no ha logrado mayores resultados. Imaginan que este costado callejero de su estrategia puede complementarse con el electoral sin problemas, aunque claro, eso no debe ser lo que piensan Florencio Randazzo, Felipe Solá o siquiera Agustín Rossi: dudosamente se imaginan abrazados a Pablo Moyano y con las banderas del PO al fondo.

Como sea, dicen que Cristina avala esa doble jugada y por ahora se excluye de la candidatura, dando a entender que el kirchnerismo aceptaría incluso que el candidato de 2019 no provenga de su sector, y que el frente social de resistencia lo lideren otros, Moyano, Juan Grabois y compañía. Todo para evitar el aislamiento.

Aislamiento al que pretende condenarlo otro sector del peronismo, más amplio y sobre todo mejor provisto de recursos institucionales. El que integran Miguel Angel Pichetto, Diego Bossio y casi todos los gobernadores. Que difieren en un punto esencial del primer grupo: no hay futuro si el peronismo no atiende esas demandas sociales de orden, austeridad y mínima probidad pública, que no llaman "de derecha" si no "de centro", y que saben hoy nutren el liderazgo de Macri pero creen que eso sucede no por mérito de él si no por los errores que ellos mismos cometieron en los últimos años.

No es que desprecien "lo que hizo bien" el kirchnerismo: por ejemplo, todos coinciden en reivindicar la gestión económica hasta 2007, es decir, la herencia de Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna, sin dar precisiones. Pero enfatizan la necesidad de dejar al kirchnerismo atrás, como éste hizo en su momento con el menemismo, y también con Duhalde. Así que aceptan sin problemas a todos los que se quieran pasar de bando, exigiéndoles apenas que no hablen del pasado salvo para dejar claro que se proponen superarlo. Y trazan una raya excluyendo sólo al núcleo indigerible que forman la propia Cristina, aún replegada, y sus leales: con ellos no quieren saber nada, porque estiman que cualquier contacto resultaría letal para su esfuerzo renovador.

¿Por qué tanto énfasis en esta suerte de cuarentena? En parte porque la colaboración y en muchos casos la entusiasta sumisión hacía ese liderazgo que hoy rechazan de plano está demasiado fresca en la memoria de mucha gente. Sobreactuar es la única solución para desactivarla. En parte también porque las encuestas no los ayudan. Si Cristina ya hubiera sido olvidada por todos los votantes peronistas y los gobernadores tuvieran un candidato bien instalado no estarían tan paranoicos con cruzarse siquiera con ella. Necesitan aislarla porque no está del todo descartado que una parte de los votos peronistas le siga respondiendo en 2019.

Y si esto sucede ¿que harían? ¿Aceptarían una gran interna? Por ahora no es la idea: Unidad Ciudadana debe quedar afuera del PJ, esa es la premisa de partida. De ese modo esperan repetir lo de Macri en 2015: recibir los votos sin tener que negociar nada con sus anteriores dueños. Pero tal vez no sea irrenunciable. Puede que las PASO y el sistema de doble vuelta los ayude a acomodarse a las circunstancias. Y seguro la necesidad de preservar los muchos cargos de gobernadores e intendentes en juego será suficiente incentivo para incentivarlos a buscar la unidad a como dé lugar.

Con tantos turnos electorales para llegar a la meta a este arco de opositores sin carisma pero con muchos recursos en sus manos puede resultarle más o menos sencillo ir alineando a las facciones en pugna detrás suyo. Finalmente, ¿de dónde puede salir una nueva candidatura de unidad sino de los gobernadores? ¿Acaso Rodríguez Saá tiene alguna chance de ser esa figura? ¿Por qué preocuparse tanto entonces en partir aguas con los promotores de la "unidad con todos", si después igual estos van a terminar yendo al pie del caudillo electoral que los caudillos del interior seleccionen?

El mismo razonamiento explica la distancia establecida por los gobernadores con Moyano: no tienen nada para ganar de plegarse a sus reclamos, mucho menos de solidarizarse con su situación ante la Justicia; y las compañías con las que anda el camionero en estos días los alejan aún más; pero nada de eso impedirá que junto al resto de los gremios el peronismo pueda recoger las demandas insatisfechas que Moyano hoy levanta cuando llegue la hora de volver a votar. Qué habrá quedado en pie del Frente Social de la Resistencia a esa altura es algo que no les importa demasiado, ni creen que a los votantes tampoco les importe: el aparato digestivo de peronismo ha procesado platillos aún más indigestos que unos cuantos sindicalistas corruptos y coqueteos esporádicos con el trotskismo como para tomarse demasiado en serio ese problema.

En suma, el arco peronista por ahora no tiene chances de converger, y seguirá pareciéndose a un hormiguero pateado por un buen tiempo, pero a no confundirse, las vías para que se recomponga existen, aún entre quienes hoy se acusan de traiciones imperdonables y se consideran mutuamente muertos políticos. Los peronistas saben muy bien que la política argentina es tan cambiante que nunca conviene decir de esa agua no he de beber, o si uno se ve obligado a decirlo no conviene creérselo.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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