23.9.2018
 
Artículos / Opinión
Patricio Navia
Hablándoles a sus seguidores
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
12 de diciembre de 2017
(El Líbero) Tanto Alejandro Guillier como Sebastián Piñera creen que la victoria depende de lograr que el mayor número posible de sus partidarios salga a votar. Ambos les hablaron a sus bases porque comprensiblemente creen que el sector que más se anime a ir a votar —ya sea por entusiasmo por su candidato o por temor a la alternativa— se quedará con la victoria el próximo domingo.
 

(El Líbero) Como para dejar en claro que la victoria del 17 de diciembre irá para el que logre movilizar a un mayor número de sus simpatizantes, los candidatos presidenciales aprovecharon el debate de anoche para hablarles a sus seguidores. Si bien Sebastián Piñera demostró un mejor manejo de las cifras y los datos, Alejandro Guillier aprovechó cada ocasión para recordarles a los chilenos los aspectos negativos del legado de Piñera. Dejando en claro que su mejor opción de ganar depende de que el alto rechazo que genera el ex Presidente se transforme en un voto a su favor, Guillier destacó la principal fortaleza de su candidatura: no ser Piñera. A su vez, sabiendo que su base de apoyo valora su capacidad y conocimiento, él intentó convencer a los indecisos de que, aunque no sea el más querido, es el más preparado para ocupar La Moneda por los próximos cuatro años.

Muchas personas habían puesto demasiadas expectativas en lo que podía ocurrir en el debate. Dado el alto nivel de incertidumbre que rodea a esta elección, cualquier evento puede convertirse en decisivo para cargar la balanza del 17 de diciembre. Pero como suele ocurrir con los debates presidenciales, los candidatos se ajustaron a su estrategia comunicacional e intentaron evitar cometer errores. Sorpresivamente, y pese a que el formato acordado se prestaba para que hubiera más interacción entre periodistas y candidatos —y entre los propios candidatos—, los periodistas desaprovecharon la oportunidad de emplazar más directamente a los presidenciables. Es cierto que éstos muchas veces ignoraron las preguntas de los periodistas y dijeron lo que querían, pero los periodistas también dedicaron mucho tiempo a contextualizar sus preguntas y a editorializar, robándoles tiempo de respuesta a los candidatos y convirtiendo el debate en una oportunidad para explicitar sus propias opiniones.

Consciente de que tiene menos manejo de los temas de políticas públicas, Guillier alargó sus respuestas e intentó mantenerse en las cuestiones conceptuales y las grandes ideas. Las únicas veces que el candidato de la centroizquierda se vio más entusiasmado fue cuando pudo criticar las fallas y falencias del gobierno de Piñera y atacar el carácter de su rival. De hecho, para Guillier, el objetivo del debate era recordarles a los indecisos las sombras del gobierno de Piñera y las debilidades del hombre que hasta hace un mes era el gran favorito para ganar la elección presidencial. Por eso, aunque tropezó con algunos datos y se contradijo respecto de lo que dice su programa y declaraciones previas suyas, Guillier se apegó al libreto de recordarle a la gente las cosas por las que Piñera llegó a marcar más de un 60% de rechazo cuando fue Presidente.

Por su parte, Piñera repitió su conocida estrategia de querer demostrar mayor manejo en las cuestiones de políticas públicas que sus rivales. Repitiendo números y datos hasta el cansancio, corrigiendo a los periodistas y precisando datos que mencionaba Guillier, Piñera dejó en claro que sabe más de números y tiene un conocimiento más amplio sobre las políticas públicas que su rival. Aquellos decididos a votar por el ex -Presidente pudieron confirmar su creencia de que está más capacitado para gobernar. Pero quienes lo rechazan también confirmaron su sospecha de que puede ser el mejor alumno, pero no ha podido demostrar en esta campaña que es el mejor compañero. Con todo, Piñera logró confirmar que está preparado para ser Presidente, conoce mejor los temas que su rival, aunque también se equivoca al creer que los chilenos escogen sólo a partir de quién maneja mejor las cifras o tiene un plan más coherente para recuperar el sendero del crecimiento.

Aunque resulta difícil saber cuántos indecisos se dieron el tiempo para observar el debate, la estrategia de hablarles principalmente a sus partidarios e incentivar a sus bases para ir a votar este domingo dejó escapar la oportunidad de salir a buscar a esos indecisos. Pero como los indecisos que vieron el debate igual pudieron observar el desempeño de ambos candidatos, podemos suponer que aquellos que buscan a un Presidente que sepa escuchar a las personas y pueda relacionarse personalmente con ellos, probablemente vieron en Guillier a un mejor candidato. En cambio, los que andan buscando a un candidato que tenga las capacidades, la preparación y el dominio de temas que se requiere para ser Presidente probablemente vieron en Piñera la mejor opción.

Nunca sabremos si este debate habrá tenido un efecto en el resultado del balotaje, pero sí sabemos que tanto Alejandro Guillier como Sebastián Piñera creen que la victoria depende de lograr que el mayor número posible de sus seguidores salga a votar. Ambos les hablaron a sus bases porque comprensiblemente creen que el sector que más se anime a ir a votar —ya sea por entusiasmo por su candidato o por temor a la alternativa— se quedará con la victoria el próximo domingo.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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