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Gabriel C. Salvia

James Cheek: La historia poco conocida de un diplomático comprometido

(Análisis Latino) Sobre la muerte del diplomático norteamericano James Cheek, acaecida el 16 de mayo pasado en Little Rock, lamentablemente no se hizo referencia en la Argentina a los hechos más trascendentales que protagonizó en su vida como funcionario del Departamento de Estado. Entre ellos, el que lo hizo merecedor de la condecoración con la Medalla Rivkin de la Asociación del American Foreign Service por sus prácticas de diplomacia comprometida con los Derechos Humanos.

Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
3 de junio de 2011
 

(Análisis Latino) En las crónicas periodísticas argentinas sobre la muerte del diplomático norteamericano James Cheek,  acaecida el 16 de mayo pasado en Little Rock, Arkansas, a la edad de 75 años, lamentablemente no se hizo referencia a los hechos más trascendentales que protagonizó en su vida como funcionario del Departamento de Estado. Entre ellos, el que lo hizo merecedor de la condecoración con la Medalla Rivkin de la Asociación del American Foreign Service por sus prácticas de diplomacia comprometida con los Derechos Humanos.

En cambio, quienes no olvidaron la labor humanitaria de Cheek fueron los uruguayos. Es que desde 1977 hasta mediados de los 80, como número dos primero y luego como encargado de Negocios en el Uruguay, el prestigioso semanario Búsqueda destacó que Cheek “fue un incansable militante en defensa de la apertura democrática y de la liberación de los presos políticos…y cada visitante del exterior era motivo de  convocatoria y encuentro de las fuerzas políticas opositoras y proscriptas por el régimen”.

Antes de llegar a Montevideo, Búsqueda también recordó que Cheek tuvo una actitud muy valiente como funcionario político en Managua, utilizando un “canal disidente” para informar al Departamento de Estado sobre cuál era la real situación que se vivía en esa época en Nicaragua, contradiciendo los laudatorios informes de su embajador, gran amigo del dictador Anastasio Somoza.

Luego en Sudán, en épocas de la gran hambruna, Búsqueda mencionó que como embajador “fue encargado de liderar y ordenar toda aquella tragedia, transformándose en una especie de héroe que era más entrevistado por los medios y la TV norteamericana que el propio Reagan”.

A pesar de estos relevantes antecedentes, de una larga carrera diplomática que culminó como embajador de los Estados Unidos de América en la Argentina durante los gobiernos de Carlos Menem, cumpliendo funciones en Buenos Aires entre julio de 1993 y diciembre de 1996 para cubrir la vacante dejada por Terence Todman, a Cheek se lo ha recordado en este país que lo tuvo como último destino por hechos que periodísticamente podrían calificarse “de color”.

En efecto, a Cheek se lo recordó principalmente como un personaje pintoresco y hasta se hizo referencia despectiva a sus gestiones como lobbysta luego de su retiro como diplomático.

El énfasis principal estuvo, por un lado, en su expresiva simpatía futbolística por el Club Atlético San Lorenzo de Almagro (CASLA), siendo un asiduo concurrente al estadio Nuevo Gasómetro embanderado en los colores azulgrana y hasta concurriendo al programa televisivo del popular conductor Marcelo Tinelli, reconocido fanático del Club de Boedo. Pero su pasión por el fútbol ya era conocida en Uruguay, donde se hizo simpatizante de Peñarol.

El otro hecho por el que se recuerda a Cheek en la Argentina, es aquel que quedó inmortalizado en una de las ocurrentes frases del polémico ex futbolista Diego Armando Maradona: “se le escapó la tortuga”. Este episodio que tuvo como protagonista a “Spike”, la tortuga del hijo adoptivo de Cheek, Surya de 11 años, nacido en Nepal, no faltó en ninguna crónica.

Aunque como muestra de la superficialidad con la cual se recordó al diplomático norteamericano, los medios argentinos difirieron nada menos que en el lugar donde “se escapó” el reptil terrestre. La mayoría mencionan los jardines de la residencia del Embajador, pero en realidad fue en un campo de tres mil hectáreas cercano a localidad bonaerense de Luján.

De esta manera, la información superficial no dejó ni siquiera lugar para averiguar qué había hecho anteriormente este hombre nacido en Arkansas y miembro del Departamento de Estado desde 1962.

En definitiva, el no haber valorado a alguien que hizo de la defensa de los Derechos Humanos mucho más que una expresión declamatoria, es otro ejemplo de los límites que existen sobre la Memoria en una parte importante de la opinión pública argentina.

 
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

Twitter: @GabrielSalvia