17.1.2019
 
Artículos / Opinión
Gabriel C. Salvia
Una nueva condena al régimen de Castro
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
20 de abril de 2002
Luego de una nueva condena al gobierno de Cuba por parte de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, se recalcó que existe una gran preocupación en lo que se refiere a la "continua represión de los miembros de la oposición política y la detención de disidentes pacíficos."
 

La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas volvió a condenar al gobierno de Cuba por su violación sistemática a los derechos humanos. El texto de la resolución expresó "su profunda preocupación por la continua represión de los miembros de la oposición política y por la detención de disidentes y de otras personas por expresar pacíficamente sus ideas políticas, religiosas y sociales".
La propuesta de condena en la ONU fue presentada por la República Checa, país cuyos ciudadanos conocieron las penurias de vivir bajo un sistema fuertemente represivo, y contó con el voto favorable de veintidós países, entre ellos Argentina, Uruguay, Guatemala y Costa Rica. Se opusieron veinte países, entre los que figuran China, Rusia e India; mientras que se produjeron diez abstenciones. De esta manera, en los países de América Latina predominó la condena al régimen de Castro, pues solamente el gobierno venezolano del militar Chávez se opuso; se abstuvieron Brasil, Perú, Ecuador, Colombia y México; y este año no participó Chile, cuyo gobierno del socialista Lagos había votado el año pasado a favor de la condena a Cuba y en cuyo informe Argentina había basado su voto de condena.
Al dictador Castro esta condena le produce una furia especial, no porque esté convencido que no viola los derechos humanos, sino porque dicha resolución le impide recibir préstamos internacionales. Por eso mismo, además de las increíbles agresiones verbales de Castro contra el gobierno de Fernando de la Rúa, el régimen cubano realizó un intenso despliegue en la Argentina con el propósito de revertir el voto de este país. Al respecto, varios medios de comunicación y parte de la dirigencia política local fueron los principales colaboracionistas de la estrategia de Castro, dando insólitamente la espalda a lo que realmente sucede en Cuba.

EL PAPEL DE LOS MEDIOS. El régimen cubano, cuyo mandatario se encuentra en el poder desde el primero de enero de 1959, contempla en su Constitución y en leyes especiales la censura interna en su país; pero además ejerce un importante despliegue de comunicación y presión en el exterior, principalmente en América Latina. Así el régimen cubano hizo virtualmente cómplices de su censura a un sector importante de los medios argentinos, prácticamente monopolizando la posición del gobierno de Castro con la participación de su privilegiado embajador en invitaciones a programas y en menciones de prensa.
Lo curioso en el tratamiento parcializado y contradictorio de algunos medios, fue el hecho reciente por el cual el régimen cubano le prohibió el ingreso al país al prestigioso periodista argentino Nelson Castro, quien tenía intención de realizar su programa radial desde La Habana. Para cualquier análisis e información objetiva, ese hecho y el reciente informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre la situación de la libertad de expresión en Cuba, deberían ser suficientes para comprender por qué el régimen de Castro merece y efectivamente recibe condena internacional.
Pero la dictadura de Castro a veces recibe adecuadas réplicas que muestran a este régimen tal cual es. Al respecto, en el tratamiento de la prensa local sobre el voto en la ONU y las agresiones verbales del dictador cubano, se destacó el periodista Jorge Elías del diario La Nación, quien publicó una excelente opinión objetiva, señalando entre otras cosas que: "En otro país, el exabrupto de Castro, con tono grave de stalinista dogmático, movimientos ampulosos de showman vocacional y uniforme verde oliva de recién llegado de Bahía de Cochinos, habría desatado réplicas inmediatas de oficialistas y opositores por igual". Y continúa: "En la Argentina, más propensa al masoquismo que al orgullo, estuvieron a punto de aplaudirlo, por más que en su caso, haya vivido tres décadas bajo el ala de la Unión Sovética y, después, de China".

EL PAPEL DE LOS POLITICOS. La embajada cubana realizó un lobbyng intenso con los políticos locales, especialmente con legisladores nacionales. En consecuencia, empezaron los comentarios ligeros de quienes avalan al régimen de Castro. Uno de ellos fue el senador Eduardo Menem - quien según trascendidos tiene intereses económicos en la isla - manifestando públicamente su oposición al voto argentino, cosa que no hizo bajo la presidencia de su hermano Carlos.
Contradictoriamente, varios legisladores de gran protagonismo en su lucha y condena a la violación de los derechos humanos por parte de la dictadura militar argentina que gobernó entre 1976 y 1983, apoyan descaradamente al régimen de Castro que, además de violar los derechos humanos, tuvo una relación cómplice con la dictadura argentina. Sobre esto último no se escucha ningún comentario por parte de los activistas locales de derechos humanos, lo cual se podría interpretar como que en realidad su principal interés no es la defensa de la integridad de las personas sino que se mueven exclusivamente por motivos ideólogicos. Varios proyectos legislativos expresaron su rechazo al voto argentino en la ONU, rescatándose en este ámbito las iniciativas de condena al régimen de Castro impulsados por la diputada cavallista Fernanda Ferrero.
En cualquier caso, sería importante que al considerar legislativamente este caso, al menos se tuviera en cuenta el reciente informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que entre otras cosas señala, respecto a Cuba, que "El Estado cubano debe reformar su legislación penal y constitucional eliminando figuras tales como "propaganda enemiga", "desacato", "asociación ilícita", "clandestinidad de impresos", "peligrosidad", "actos contra la seguridad del Estado", "advertencia oficial", "medidas de seguridad predelictivas y post-delictivas", "vínculos o relaciones con personas potencialmente peligrosas para la sociedad", "legalidad socialista", y "socialmente peligrosa".

LOS FUNDAMENTOS DEL VOTO CONDENATORIO DE LA ARGENTINA. Sin embargo, poco se comentaron los fundamentos del voto argentino en la ONU, como si se tratara de obviar las razones de fondo de la condena a Cuba que apoyan los países más democráticos y civilizados del mundo. Al respecto, en un comunicado de prensa, la Cancillería argentina expresó que "La delegación argentina ha votado favorablemente el proyecto de resolución en la esperanza de que se inicie un proceso de cooperación entre las autoridades de Cuba y los distintos órganos y mecanismos de supervisión internacional establecidos por la Comisión de Derechos Humanos. Es nuestra convicción que esta cooperación no puede sino favorecer la causa de los derechos humanos y de la democracia en el hemisferio americano, causa por la cual nuestro país aboga sin excepción alguna en la región".
El comunicado señala luego que "la democracia pluralista y la defensa de los derechos humanos constituyen valores esenciales" y por tal motivo posteriormente expresa sobre el gobierno cubano que "no manifiesta interés alguno por adecuarse a esos valores que se mencionaron precedentemente y que constituyen requisitos mínimos a los que todos los Estados se encuentran obligados".
Finalmente, los últimos tres puntos del comunicado de prensa de la Cancillería valen la pena reproducirlos enteramente: "La resolución que aprobó la Comisión, no contiene términos injuriosos ni agraviantes para las autoridades cubanas, se trata de una simple recomendación de cumplir con derechos humanos elementales como la libertad de expresión o de reunión, así como de respeto de la oposición política. Es falso presentar esta resolución como una flagrante injerencia en los asuntos internos de Cuba o 'una puñalada por la espalda' como sostuvo el gobierno de Cuba refiriéndose a la resolución aprobada el año pasado. La Argentina no apoya ninguna agresión contra Cuba ni contra su gobierno. Exige, de conformidad con sus obligaciones, una adecuación a estándares aceptados por toda la comunidad internacional. No resulta lógico que Cuba se oponga a colaborar con los mecanismos de la Comisión como el relator sobre libertad de expresión o el relator sobre la cuestión de la tortura. La delegación cubana le exige esta actitud a otros países, pero no acepta que ello ocurra en su territorio. La Argentina, por caso, recibirá en los próximos días al relator de la Comisión sobre el tema de la intolerancia religiosa, y en junio al relator sobre libertad de expresión".
"Si una violación a la libertad de expresión o asociación es condenable en nuestro país, no se entiende por qué no deba serlo en otro país, cualquiera sea su régimen político, su historia e ideología. Se trata de una cuestión de principios y no se pueden justificar las limitaciones a las libertades sobre la base de un combate más importante que se podría estar librando". En el siglo XX se recurrió con demasiada frecuencia a esta explicación, en particular respecto a la ex URSS, y como quedó demostrado, ello sólo sirvió para avalar durante años a un régimen totalitario".
"La posición de nuestro país está además en línea con lo sostenido en el Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA -2000- publicado el 16 de abril de 2001, en donde sostiene 'que las violaciones de los derechos civiles y políticos cometidas por el Estado cubano se multiplicaron durante el año 2000'".
"La aprobación de esta resolución no significa apoyar agresiones ni embargos, simplemente implica contribuir a la libre expresión y manifestación democrática de la totalidad de los cubanos, como en el pasado se hizo a favor de otros pueblos de la región y como cualquier persona democrática desearía que se hiciese si en la Argentina ocurriera algún retroceso institucional".

UN TRIUNFO PARA LA OPOSICION INTERNA. Como se vio, los argumentos del gobierno argentino, en línea con el texto de la condena en Naciones Unidas y los informes en los que se fundamentó fueron contundentes, resultando entonces un verdadero mensaje de apoyo para la valiente oposición no violenta que lucha dentro de Cuba por la libertad y la democracia pluripartidista en su país.
Así, esta nueva condena a Castro es un triunfo de los valientes hombres y mujeres cubanos que desafían a los innumerables organismos represivos del régimen, quienes, poniendo en peligro a sus familias y quedando todos ellos al margen del sistema oficial que pretende controlar y dirigir la vida de todos los habitantes de la isla, entienden que "por la libertad se puede y debe aventurar la vida".

Gabriel C. Salvia es Director del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina.

Twitter: @GabrielSalvia
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

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