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Gabriel C. Salvia
La amistad parlamentaria con las dictaduras
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
6 de abril de 2010
Resulta incompatible para un país democrático como la Argentina, cuyos legisladores surgen de elecciones libres y multipartidarias que posibilitan la representación política plural, que algunos de los Grupos de Amistad Parlamentaria que se conforman se enlacen con regímenes represivos en materia de libertades fundamentales.
 

BUENOS AIRES, abr 06 (DyN).- En estos días, se está conformando en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina la nueva composición de los denominados Grupos de Amistad Parlamentaria, cuya creación fue aprobada el 16 de marzo de 2005.

Al respecto, resulta incompatible para un país democrático como la Argentina, cuyos legisladores surgen de elecciones libres y multipartidarias que posibilitan la representación política plural, que algunos de los Grupos de Amistad Parlamentaria que se conforman se enlacen con regímenes represivos en materia de libertades fundamentales.

Esos han sido hasta ahora los casos de Arabia Saudita, Cuba, China, Siria y Vietnam, aunque también existen Grupos de Amistad Parlamentaria con países que no se destacan por su buena calidad democrática, como Rusia y Venezuela, entre otros.

Por eso, sería bueno que antes de constituir o integrar estos Grupos, los legisladores consultaran primero los informes elaborados por prestigiosas organizaciones internacionales de Derechos Humanos, como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

En algunos de los países con los cuales se han constituido Grupos de Amistad Parlamentaria existe un régimen constitucional de partido único y, de esta manera, resulta muy grotesco que legisladores pertenecientes a distintos partidos políticos establezcan una “amistad” con ellos, ya que se trata de países donde sus propias diferencias ideológicas no podrían coexistir.

Y es igual de grotesco que quienes promueven la libertad sindical en la Argentina respalden a países que la prohíben y donde explotan estatalmente a los trabajadores, por lo cual son denunciados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Los grupos parlamentarios de Amistad tienen entre sus objetivos reafirmar los lazos de amistad entre los pueblos y la voluntad de cooperación entre las naciones; fortalecer las relaciones parlamentarias bilaterales a través del diálogo y la comunicación permanente y abordar conjuntamente temas de interés recíproco y facilitar la articulación de políticas que contribuyan al logro de las aspiraciones comunes.

También buscan fomentar el intercambio de información y experiencias sobre aspectos relacionados al quehacer político, social, cultural y económico de ambas naciones facilitando la ampliación y profundización de relaciones bilaterales; invitar y recibir a parlamentarios y personalidades de otros países y responder a invitaciones de otros parlamentos y coordinar actividades conjuntas, a través de sus representaciones diplomáticas.

Sin embargo, en algunos casos, la Amistad Parlamentaria excluye expresamente a los pueblos y se convierte en una forma de reconocimiento a gobiernos ilegítimos. Por tal motivo, debería modificarse la reglamentación de ese tipo de Grupos, mediante el establecimiento de una "cláusula democrática" para la constitución de los mismos. 

Esa Amistad Parlamentaria con las dictaduras es preocupante porque, de acuerdo a su reglamentación, los Grupos, “con intervención de la Presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, establecerán con el ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, un mecanismo permanente de consulta, intercambio de información y coordinación, a fin de que actúen complementariamente y en concordancia con los lineamientos de la política exterior”.

Así, incidiendo legislativamente en las relaciones internacionales de la Argentina, estos diputados que integran Grupos de Amistad Parlamentaria con dictaduras se convierten en funcionales para legitimar a países donde gobiernan regímenes represivos, contradiciendo el eje de la política exterior que, de acuerdo a lo expresado por el canciller Jorge Taiana, son los Derechos Humanos.

Gabriel C. Salvia es Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) y Director del proyecto Puente Democrático.

 

Twitter: @GabrielSalvia
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

Twitter: @GabrielSalvia