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Gabriel C. Salvia
Fidel no resiste al archivo y tampoco sus cómplices
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
18 de marzo de 2010
Además de no resistir al archivo, hay que aclarar que los ideales y los métodos violentos del IRA, que entonces defendía el dictador cubano, son muy diferentes de los valores democráticos y la lucha pacífica por los cuales ofrendó su vida el heroico albañil Zapata Tamayo.
 

En el parque en honor al escritor francés Víctor Hugo, situado entre las paralelas de las calles H-I y 19-21 en el municipio Plaza, Ciudad de La Habana, se encuentra un monumento en memoria de los irlandeses que murieron en huelga de hambre. Las palabras de Fidel Castro, inscriptas en la placa, golpean ahora a su régimen como un boomerang de bronce, a raíz de la muerte del prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo, acaecida el pasado 23 de febrero, luego de una prolongada huelga de hambre.

Dice la placa: “La tozudez, la intransigencia, la crueldad, la insensibilidad ante la comunidad internacional del Gobierno Británico frente al problema de los patriotas irlandeses en huelga de hambre hasta la muerte, recuerdan a Torquemada y la barbarie de la inquisición en plena edad media. ¡Tiemblen los tiranos ante hombres que son capaces de morir por sus ideas tras 60 días de huelga de hambre! Al lado de este ejemplo, ¿qué fueron los tres días de Cristo en el calvario, símbolo durante siglos del sacrificio humano? ¡Es hora de poner fin, mediante la denuncia y la presión de la comunidad mundial, a esa repugnante atrocidad!”

Fidel Castro pronunció las palabras que figuran en la mencionada placa, el 18 de agosto de 1981 en una Conferencia de la Unión Interparlamentaria. Sin embargo, casi tres décadas después, el régimen del tembloroso tirano del Caribe calificó a su nueva víctima, Zapata Tamayo, como  un “delincuente antisocial” y un “extorsionador”, por haber elegido la misma forma de protesta que los irlandeses. 

Pero además de no resistir al archivo, hay que aclarar que los ideales y los métodos violentos del IRA, que entonces defendía el dictador cubano, son muy diferentes de los valores democráticos y la lucha pacífica por los cuales ofrendó su vida el heroico albañil Zapata Tamayo y cuyo desafío lo continúa en estos momentos el periodista y psicólogo Guillermo “Coco” Fariñas.

Y mientras se mantiene la tozudez, la intransigencia y la crueldad de la dictadura cubana, desde la Cámara de Diputados de Chile hasta el Parlamento Europeo se pronuncian categóricamente denunciando la violación a los derechos humanos en Cuba. Pero lamentablemente, salvo escasas excepciones, prevalece una gran insensibilidad latinoamericana hacia el movimiento cívico y el pueblo cubano, permitiendo así que continúe la represión en la isla y convirtiéndose con su simpatía o silencio en cómplices de la muerte de Zapata Tamayo.

Es el caso de Lula, por ejemplo, quien con su aberrante comparación de los presos políticos cubanos con los criminales de las prisiones de San Pablo y su aval a un sistema legal cuestionado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, mostró una insensibilidad que llegó hasta la crueldad, con lo cual quedaron afectadas tanto sus credenciales de demócrata como sus pretensiones de estadista.

En este contexto, ya a nadie le sorprende el ominoso silencio del gobierno argentino, el que presume de tener una política exterior cuyo eje son los derechos humanos. En definitiva, es el gobierno del mismo apellido que, cuando el mundo condenaba los encarcelamientos y ejecuciones de marzo del 2003, durante “La primavera negra de Cuba”, festejó al dictador con aplausos en el Congreso Nacional, y le ofreció una tribuna en las escalinatas de una universidad en la cual se enseñan los derechos y garantías que el régimen de los hermanos Castro viola descaradamente.

Hay que tenerlo bien en claro: Zapata Tamayo murió por culpa del gobierno de los hermanos Castro, pero también son responsables de esta muerte y de la injusticia que personas inocentes sean encarceladas por largos años, los que apoyan y legitiman a esta larga dictadura. La historia, definitivamente, no absolverá ni a los Castro, ni a sus amigos, ni a sus adulones.

Gabriel C. Salvia es Presidente y Director General del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

 

Twitter: @GabrielSalvia
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

Twitter: @GabrielSalvia