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Gabriel C. Salvia
El poder dictatorial está inmóvil en Cuba
Por Gabriel C. Salvia
Twitter: @GabrielSalvia
19 de febrero de 2008
El dictador cubano Fidel Castro anunció su renuncia a Presidir el Consejo de Estado de su régimen pues no está en condiciones físicas de ocupar “una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total”. La inmovilidad de Fidel Castro y su abandono del poder formal lleva implícito el mantenimiento de su poder real y por ende la inmovilidad de la dictadura en Cuba.
 

El dictador cubano Fidel Castro anunció su renuncia a Presidir el Consejo de Estado de su régimen pues no está en condiciones físicas de ocupar "una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total". ¿Significa esto que el dictador deja el poder en Cuba? Nada de eso. Es que si en Cuba no se modifican las normas legales que reprimen las libertades civiles, políticas y económicas, entonces no se puede hablar de ningún cambio real en la isla. Además, ¿alguien puede pensar seriamente que el sucesor formal en el cargo de Fidel Castro hará algo sin su consentimiento?

En la práctica, el dictador continuará gobernando a través de sus "Reflexiones del compañero Fidel", donde marca la línea de su régimen primitivo y que reproducen los monopólicos órganos de propaganda, en especial el diario "Granma", una suerte de "Boletín Oficial" castrista.

Efectivamente, el dictador aclaró en su mensaje: "No me despido de ustedes", y apelando al uso de la terminología belicista añadió: "Deseo solo combatir como un soldado de las ideas…Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar".

El anciano dictador también deja claro en su mensaje que "Ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un camino fácil, si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos". El instinto al que hace indudable referencia es al de la libertad y la búsqueda del progreso personal, es decir, lo que caracteriza a las democracias desarrolladas. Es que Fidel Castro es un fanático narcisista y en su mensaje llega a sostener que "su pueblo" debía prepararse para su ausencia, "sicológica y políticamente".

En otra frase de su mensaje muestra el desprecio por su pueblo y la democracia, cuando afirma que "Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia, junto a otros que eran muy jóvenes cuando se inició la primera etapa de la Revolución. Algunos casi niños se incorporaron a los combatientes de las montañas y después, con su heroísmo y sus misiones internacionalistas, llenaron de gloria al país. Cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo. Dispone igualmente nuestro proceso de la generación intermedia que aprendió junto a nosotros los elementos del complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una revolución". Está claro que el resto de la gente que no pertenece a esta pequeña elite revolucionaria, la mayoría del pueblo cubano, al dictador no le interesa. Por eso, no hay que confundirse cuando el dictador afirma que "El adversario a derrotar es sumamente fuerte, pero lo hemos mantenido a raya durante medio siglo". No se está refiriendo a los Estados Unidos, sino al propio pueblo cubano cuyos deseos de libertad viene reprimiendo durante medio siglo.

Como recuerda el propio dictador, desde el 2 de diciembre de 1976 preside el Consejo de Estado y antes había ejercido el cargo de Primer Ministro, señalando que siempre dispuso "de las prerrogativas necesarias para llevar adelante la obra revolucionaria". Esas prerrogativas -léase, poder absoluto dictatorial- las seguirá manteniendo mientras el aparato represivo cubano siga intacto, por lo cual no se produce una contundente protesta social en la isla o una apertura de la dirigencia revolucionaria mientras el viejo dictador siga vivo. A lo anterior hay que sumarle una comunidad democrática internacional que no reclama con firmeza la liberación de los presos políticos y la convocatoria a elecciones libres en Cuba.

En consecuencia, la inmovilidad de Fidel Castro y su abandono del poder formal lleva implícito el mantenimiento de su poder real y por ende la inmovilidad de la dictadura en Cuba.

Gabriel C. Salvia es Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

 

Twitter: @GabrielSalvia
Acerca del autor
Gabriel C. Salvia
Gabriel C. Salvia

Periodista y activista de derechos humanos. Desde 1992 se desempeña como director en Organizaciones de la Sociedad Civil y es miembro fundador de CADAL. Es autor de más de 200 artículos, investigaciones, informes, entrevistas a prestigiosas personalidades y productor de varios audiovisuales. Compiló los libros “La experiencia chilena: consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005), "Diplomacia y Derechos Humanos en Cuba" (Konrad Adenauer Stiftung, México, 2011), "Diplomacy and Human Rights in Cuba" (Christian Democratic International Center, Suecia, 2012), "Un balance político a 30 años del retorno a la democracia en Argentina" (CADAL/KAS, 2013) y "Desafíos para el fortalecimiento democrático en la Argentina" (CADAL/KAS, 2014). Es autor del libro "Bailando por un espejismo: Apuntes sobre política, economía y diplomacia en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner". Participó como expositor en varios países de América Latina, Europa y en los Estados Unidos.

Como periodista realizó colaboraciones e investigaciones en la revista El poder legislativo y su gente, participó como comentarista de temas políticos y económicos en Radio América, fue productor periodístico del informativo económico de CableVisión Noticias y realizó varias entrevistas para el suplemento El Observador del diario Perfil. Sus columnas de análisis y opinión se publican regularmente en Global Americans (Estados Unidos), Perfil (Buenos Aires) y La Nación (Buenos Aires).

Twitter: @GabrielSalvia