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Marcos Novaro

Arranca la campaña electoral: ¿habrá un debate en serio o solo chicanas?

(TN) A partir de hoy aparecen los anuncios y spots de los distintos candidatos, en una campaña que en verdad empezó hace ya bastante tiempo. ¿Aprovecharemos esta ocasión para discutir algunos temas en serio?

Por Marcos Novaro
8 de julio de 2019
 

(TN) Tal como viene sucediendo cada vez que hay elecciones, las fuerzas en pugna se las ingenian para no respetar el límite que establece la ley sobre la duración de las campañas. Echando mano en particular a las redes, que en esto de sortear todos los límites que se pretenden imponer a la comunicación son de gran ayuda. Así, hace semanas que vienen circulando profusamente "spots caseros", o que simulan serlo, supuestamente anónimos, que tienen una doble utilidad para los estrategas electorales: se ofrecen como muestras espontáneas de una comunicación horizontal, lo que les provee un plus de credibilidad frente a la publicidad convencional, y liberan a dichos estrategas de responsabilidad en su factura y difusión.

¿Y de qué hablan esos spots? En el caso del Frente de Todos, el tema central es la contraposición entre las desgracias del presente (una familia obligada a mudarse porque ya no puede afrontar los gastos, un hombre que apiló latas de pintura en su parrilla porque ya no puede permitirse el asado del fin de semana, etc.) y la esperanza que está llegando, de la mano de los Fernández claro. A lo que Juntos por el Cambio respondió contraponiendo las obras públicas realizadasen estos años al "vamos a volver" de los militantes kirchneristas, dando a entender que sólo a estos puede convenirles volver al pasado.

Pero, ¿son estos los temas que desvelan realmente a los dos aspirantes principales a la presidencia? No. Como los teros, macristas y kirchneristas se abstienen de hablar de lo que más les preocupa y que será decisivo para su suerte electoral; como si estuvieran esperando que esos asuntos decanten a su favor y los lleven a la victoria, sin tener que hablar de ellos.

Para el oficialismo el motivo de mayor desvelo es si habrá, y cuándo, una aunque más no sea tímida reactivación del consumo. Sin ella, convencer a los votantes de que hay luz al final del túnel es muy difícil, por más que el dólar esté planchado y la inflación se haya moderado.

Para los Fernández, en tanto, es fundamental hacer creíble la idea de la reconciliación de la familia peronista, punto de partida para acercar a un kirchnerismo ya maduro y herbívoro, con quienes rompieron lanzas con él cuando se fue radicalizando.

Lo que sí vamos a escuchar es que cada fuerza hable, profusamente y muy mal, del talón de Aquiles del contrincante. El oficialismo insiste en que las fotos de Alberto Fernández con gobernadores peronistas y de Axel Kicillof con intendentes bonaerenses son imágenes de compromiso: nadie se puede tomar en serio la pretensión de Alberto de haber convencido a Cristina de las ventajas de la moderación, y que las diferencias de criterio en esa fórmula anticipan, en caso de resultar electa, serios conflictos y un riesgo para la gobernabilidad. Justo cuando ella es más necesaria. Los Fernández, a su vez, no se cansan de repetir que Mauricio Macri ha provocado por una mezcla de ideología e impericia, una recesión inédita, una "pobreza infinita", y ahora quiere apagar el incendio con baldecitos, tímidos alicientes al consumo que encima son copias degradadas de medidas que inventó el kirchnerismo.

Así las cosas, lo más interesante de esta campaña puede que se origine en la irrupción de otros temas, ajenos a la planificación de los comandos electorales. Es lo que sucedió, por caso, con el acuerdo UE-Mercosur, que se volvió una valiosa ocasión para contraponer argumentos sobre las ventajas y desventajas de una economía más abierta: ¿el mundo es una amenaza o una oportunidad?, ¿debemos autoabastecernos de la mayor cantidad de bienes y servicios, para reducir al mínimo la dependencia del comercio internacional o concentrarnos en lo que podemos producir con calidad y a bajo costo?, ¿es razonable dejar que los sectores menos competitivos desaparezcan, como sugirió Gustavo Grobocopatel, hay que asistirlos indefinidamente para que sigan haciendo lo que hacen hoy, o es posible un proceso de reconversión?

Otro tema que acaba de irrumpir en la campaña sin pedir permiso es Venezuela. El informe redactado por Michelle Bachelet denunciando 7000 muertes extrajudiciales conmovió a todo el mundo y obligó a nuestros candidatos a tomar posición. En particular lo forzó a Alberto Fernández, que criticó a Nicolás Maduro, pero sin cuestionar su legitimidad, ni mucho menos considerar el carácter autoritario de su régimen: según él esas muertes se deberían a "problemas de calidad institucional"; hubiera sido una buena disculpa de los militares argentinos ante el informe de la CIDH de 1980 que develó sus crímenes. Más allá de las inconsistencias de la moderación kirchnerista, lo cierto es que discutir Venezuela vuelve a poner en el tapete los riesgos a que están sometidas las democracias contemporáneas, las nuevas amenazas autoritarias, los límites del principio de autodeterminación (si está bien violarlo reclamando la libertad de Lula da Silva pero está mal hacerlo para que liberen presos políticos a los que realmente no los asiste derecho alguno en las cárceles de Caracas).
También se metió de sopetón el tema del periodismo, de su contribución o no a que los ciudadanos accedan a información confiable. Tema que el oficialismo no supo, como tantas otras cosas, capitalizar en su favor, y que debido al fuego amigo disparado por Dady Brieva y compañía, obligó a Fernández a hacer una aclaración arriesgada: "Cuando perseguían a los periodistas yo estuve del lado de los periodistas", sostuvo en una entrevista con Radio Mitre. La afirmación es arriesgada por al menos dos motivos: ¿quiénes perseguían periodistas, no son acaso de nuevo sus compañeros de ruta?, y más problemático aún, ¿en serio él no tuvo nada que ver, no distribuyó punitivamente la pauta estatal hasta que fue eyectado de su cargo en 2008, no se ocupó en persona de acallar investigaciones periodísticas, como la que se hizo sobre Romina Picolotti y terminó en juicio, o la que dirigió Julio Nudler contra él mismo y fue vergonzosamente silenciada en Página 12, no tuvo el Alberto nada que ver en la operación sucia contra Enrique Olivera en 2005? Ojalá esto se siga discutiendo porque se pone interesante.

Por último, flotan en la campaña unos (pocos) temas en que coinciden hasta los candidatos más enfrentados, y podrían ayudar a equilibrar nuestro déficit crónico de puntos de coincidencia. Es lo que pasa, por ejemplo, con el combate del déficit fiscal: desde hace un tiempo que en la opinión pública predomina ampliamente la idea de que ese desequilibrio es uno de nuestros más graves problemas y es imperioso erradicarlo. Los candidatos de oposición se han adaptado a esa tendencia de la opinión, y dicen compartir con el gobierno el objetivo del déficit cero, aunque no en los métodos para alcanzarlo. Se conforma así una agenda interesante sobre los gastos e ingresos del Estado, en que ya no es tan fácil decir cualquier cosa, que se va a aumentar el gasto y reducir los impuestos al mismo tiempo, o cosas por el estilo. No es poca cosa.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

 
Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).