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Marcos Novaro

Superdomingo de elecciones: ganó Cambiemos y el peronismo se dividió más

(TN) Dos tendencias que dominaron el escenario de los comicios distritales hasta ayer nomás ahora fueron desmentidas: de las cinco provincias en las que se votó, solo en una el peronismo se presentó unido.

Por Marcos Novaro
10 de junio de 2019
 

(TN) No sólo Macri tuvo su fin de semana de respiro. También lo tuvieron los radicales y los peronistas alineados con sus respectivos gobernadores. Si algo ya no sorprende es que sigan ganando los oficialismos, pasa en casi todos lados, desde que se empezó a votar con La Pampa y en Neuquén. Y que prueba que el gobierno de Macri ha sido muy generoso con los recursos públicos que transfiere a las provincias: a los gobernadores en funciones parece que nadie los quiere sacar, sus gobernados quieren que sigan, ¿estarán haciendo las cosas maravillosamente bien? Tal vez no sea siempre así: el sistema de distribución de recursos públicos y el modo en que funcionan los estados provinciales y los sistemas electorales a nivel distrital se ve que benefician tanto a buenos como a malos administradores. Proveyendo una gran estabilidad a una parte importante del sistema político argentino, difícil decir que sea su mejor parte.

Pero aún dentro de este cuadro de enorme estabilidad, lo que vimos este domingo llama la atención porque es bastante discordante con lo que hasta aquí se venía dando en al menos dos aspectos. Primero, la tendencia del peronismo a reunificarse.

Después de años de padecer una creciente fragmentación, tanto a nivel nacional como en las provincias, los llamados a la unidad del peronismo tuvieron eco en muchos distritos. Y eso permitió que en algunos de ellos los gobernadores lograran su reelección con porcentajes apabullantes. De eso este domingo sólo tuvimos una muestra, Entre Ríos: Gustavo Bordet ratificó allí la amplia diferencia que ya había obtenido en las PASO, y se impuso sin problemas al radical Atilio Benedetti. Otro más que, resuelta su continuidad en el poder, se sentará seguramente a ver cómo los demás se desviven y sacan los ojos en las presidenciales.

Pero esta fue, en esta ocasión, la anomalía, no la regla. En las otras cuatro provincias que fueron a las urnas, los ciudadanos se encontraron con peronistas enredados en disputas de distinto tenor e intensidad. En Jujuy se dividieron en cuatro listas, y habría que sumar una quinta pata, la de los seguidores del vicegobernador, el massista o a esta altura ex massista, Carlos Haquim. Ante este panorama, como era de esperar, Gerardo Morales no tuvo inconveniente en lograr su reelección, por un porcentaje no muy distinto al que había conseguido cuatro años atrás.

También en Chubut y en Tucumán hubo varios peronismos compitiendo entre sí. La pelea más entretenida, y también la más sucia, fue la de los tucumanos Juan Manzur y José Alperovich. Recordemos, ambos se disputaron la provincia en la que más denuncias de fraude y manipulación del voto hubo en 2015. Parece que mucho no cambiaron las cosas desde entonces: esta vez la discusión entre las facciones en pugna en torno a la transparencia de los comicios dará también para largo. Y no es para menos: hace pocos días se le ocurrió al gobernador en funciones repartir un bono, al que se accedía con la sola intermediación de las comisarías, y se pudo cobrar hasta el viernes. Nada que envidiarle a los que regalaban una zapatilla a cada vecino el día antes de la votación y prometían la que completaba el par si el oficialismo triunfaba, si no, aprendé a caminar en una pierna.

Lo más sorprendente del caso es que tanto Manzur como Alperovich son dos poderosos empresarios, los dos se la pasan hablando de la ética y de los pobres, cuestiones que se ve que los desvelan, aunque la mala calidad de los servicios que han prestado a los pobres de su provincia, en educación, salud y seguridad, es cada vez más desesperante (pero claro, ellos no tienen nada que ver, esos problemas son culpa del gobierno nacional, ellos reparten plata cada vez que pueden) y, para sumar confusión, además se vienen peleando por ver quién es más kirchnerista de los dos.

Hace un tiempo Manzur, que heredó el poder de Alperovich, se despegó de él anunciando que abandonaba el kirchnerismo para siempre, en otras palabras, cometió dos traiciones en una. Pero el caudillo traicionado se quiso vengar, así que dividió al peronismo, hizo que Cristina bendijera a su sector y se postuló a la gobernación. La respuesta de Manzur fue que también él pidió la bendición de la señora, que en estas cosas de olvidar los pecados ajenos si olvidan los suyos es muy amplia, así que tenemos ahora dos peronismos en pugna, los dos afanosamente kirchneristas, aunque imposible saber por cuánto tiempo.

Al lado de este enredo lo que sucede en Chubut es claro como el agua. Mariano Arcioni, el gobernador, igual que su predecesor Mario Das Neves, fue siempre reacio a alinearse con los K: ha sido massista mientras el massismo existió, y ahora vaya uno a saber, puede volverse cualquier cosa. Pero mientras tanto enfrentó al kirchnerismo en su provincia, encarnado en el intendente de Comodoro, Carlos Linares. El resultado fue el esperable: Cambiemos desde el vamos quedó lejos atrás, los dirigentes kirchneristas nacionales no quisieron aparecer mucho por la provincia, para no agitar más de la cuenta la imagen del peronismo dividido, más inconveniente para sus necesidades que hacer una mala elección en el distrito, y por lo tanto el oficialismo distrital logró la reelección de Arcioni.

Queda Mendoza, donde las cosas son aún más ordenadas y razonables, como casi siempre sucede en esos pagos. Este domingo hubo solo internas, pero internas que, para desentonar del todo con lo que hemos visto hasta aquí, fueron competitivas en las dos fuerzas principales, Cambiemos y el peronismo. Los candidatos radicales a suceder a Cornejo resultaron los más votados, y muy probablemente resulten también los vencedores en las generales. Como en las demás provincias, ganan los oficialistas. Y como en Jujuy ganan incluso cuando son radicales. Pero ¡qué diferente es que eso suceda con partidos más o menos ordenados y que respetan las reglas de la competencia interna, alianzas interpartidarias estables, y no con una fragmentación permanente de las organizaciones partidarias y un oportunismo sin límite de los líderes! Pero bueno, sabemos que en pocas cosas el resto del país se parece a Mendoza.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina) 

 
Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).