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Marcos Novaro
¿San Juan, Misiones, Corrientes? Es en Buenos Aires donde se define todo
Por Marcos Novaro
3 de junio de 2019
(TN) En las elecciones distritales de este domingo no hubo sorpresas. Pocos les prestaron atención, quizás porque la cocina política bonaerense resulta más interesante.
 

(TN) El sanjuanino Sergio Uñac aprovechó su triunfo apabullante sobre Cambiemos para despegarse del todo de Alternativa Federal y de Consenso 19 de Lavagna, con quien había querido acordar una fórmula presidencial apenas semanas atrás. Dado lo rápido que cambian las cosas nadie se lo va a reprochar. Menos todavía a la vista de las malas perspectivas de esos dos grupos, que se preparan para disputarse las sobras de la tercera vía que van quedando (una aclaración viene a cuento: el 19 del Consenso lavagnista alude al año en curso, no al número de votos que aspiran a obtener).

En Corrientes, mientras tanto, por fin algunos votantes se animaron y le regalaron un buen resultado a Cambiemos. Ya era hora.

Los guarismos de la elección legislativa de esta provincia, que está tan descolgada que votará gobernador e intendentes dentro de dos años, cuando el resto del país vote solo legisladores, podrían considerarse sorprendentes y, de nuevo, descolgados, de tan favorables que fueron para el oficialismo nacional. Pero lo que pasa en realidad es que a los correntinos se les da fácil lo que en el resto del país es cada vez más difícil: el secreto del éxito del gobernador Valdés y del radicalismo correntino reside en que el peronismo local está cada vez más dividido, y este año presentó media docena de listas. A contramano de lo que vienen haciendo los peronistas del resto del país, para quienes el PJ está volviendo a ser una casa común, más allá de las tribus a las que pertenezcas. A menos que pertenezcas a la tribu de los que no piensan tragarse la píldora de Cristina magnánima y moderada.

Y, finalmente, en Misiones ganaron los que no tienen problemas de este ni de ningún otro tipo, porque defienden las políticas que convenga defender en cada momento, y saben que todos los colectivos los dejan bien. El Frente Renovador, que antes se llamaba Frente de la Conciliación Misionera, por una objeción que Massa interpuso en la Justicia por el uso de su nombre (aunque no de sus métodos), también arrasó. Y como en su seno militan unos cuantos radicales y vecinalistas conservadores, y además sus máximos dirigentes peronistas se han destacado entre los más colaborativos con el gobierno nacional, en la Casa Rosada deben pensar que esta no fue tan mala noticia. Y que ni siquiera lo fue que Humberto Schiavoni, el presidente del PRO y contendiente del electo Oscar Herrera Ahuad, sacara muchos menos votos que dos años atrás, hace tanto que ya nadie se acuerda. Deben haber festejado también en el macrismo que Ahuad no imitó a Uñac e insistió, igual que Weretilneck semanas atrás, y hace menos tiempo Schiaretti, que esta era una elección solo provincial.

 

El problema es que tal vez dentro de unos días Ahuad vuelva a imitar a Weretilneck, que ahora está revisando esa prescindencia en la disputa nacional y abrió una negociación con el kirchnerismo, para evitar el riesgo de quedarse sin legisladores nacionales en caso de presentar una lista corta en octubre. Ahí los estrategas oficiales estuvieron lentos. Será por eso que dice Durán Barba y el manual de “la nueva política”, que el territorio no importa.

Pero es el territorio el que manda, impone su ley, cuando Massa se prepara a volver al redil kirchnerista. Finalmente, está haciendo un gran sacrificio por su partido: son los intendentes, legisladores provinciales y nacionales de la provincia de Buenos Aires que todavía lo siguen quienes presionaron hasta convencerlo de que, dado el fracaso de Alternativa Federal, solo se quedarían con él si les garantizaba su reelección y sólo podía garantizarles la reelección en sus cargos yendo junto con el resto del peronismo del distrito. Tal vez Massa se incinere con este giro, que desmiente todo lo que ha dicho y hecho desde 2013. Aunque ahí está el ejemplo de Alberto Fernández para darle esperanza. En todo caso, era esto o quedarse solo, y hacer como Lavagna, política testimonial. En un momento en que ya varios están haciéndola, y encima a nadie le interesa que la hagas, porque algo bastante pesado está en juego, no parece muy conveniente.

Y es también el territorio el que manda, cuando María Eugenia Vidal advierte, un poco tarde es cierto, la dimensión de su propio sacrificio, del enorme despiole en que se metió al no desdoblar su elección de la nacional: si lo hubiera hecho, podía regalarle a Macri un flor de triunfo previo a las presidenciales de octubre. No estaba mal como aporte a la reelección de su jefe. Pero ahora puede que le regale el baldazo de agua fría que falta para dejarlo sin chances. Porque si Vidal pierde en octubre contra Kicillof, en el balotaje en noviembre ya va a quedar bastante poco de Macri para derrotar.

Va a tener que reconocer que invita a los ciudadanos a creer en una quimera: que a él solo, absolutamente solo, mucho más débil que en 2015, puede irle mejor de lo que le fue estos cuatro años. Ni él se compraría semejante buzón. Claro que enfrente vamos a tener el otro buzón, el de la reconciliación peronista y la moderación K. Pero convengamos que, seguro no en términos de moralidad, de república, calidad de las políticas y todo eso, tal vez tampoco en términos de coherencia y armonía en la conducción, pero sí de eficacia del mando, y esa gobernabilidad mínima siempre ha sido el secreto del éxito peronista, la cosa va a estar bastante clara.

Y es finalmente también el territorio el que se agita en estas horas para tratar de salvar las papas para el oficialismo: los funcionarios de Vidal y los intendentes bonaerenses de Cambiemos desesperan en estas horas por encontrar la forma de acarrear más votos a su común reelección, y la carta que pretenden jugar es la de enganchar la boleta de la gobernadora a la de Juan Manuel Urtubey, la de Roberto Lavagna, y si hay algún massista descontento que quedó suelto, también, que se suba. Enfrentan dos obstáculos: convencer a Macri de que el giro de Massa cambia realmente la relación de fuerzas bonaerense, algo que por ahora no creen en su círculo íntimo; y lo que es aún más difícil, convencerlo de que va a ganar ella más votos de los que puede perder él con esos arreglos, y de esos votos que va a ganar ella depende que los de él puedan luego volver a aumentar en noviembre, lo suficiente para que gane.

Claro, todavía puede que la negociación de Massa fracase; puede también que él arregle con los K, les saque todos los cargos que pretenden sus seguidores, pero arrastre menos votos de los que pretende (y es este el argumento de los macristas que no quieren cambiar nada, porque sería reconocerle un poder de arrastre que no existe, pronto se sabrá si tienen razón). Y hay que ver además si Urtubey o Lavagna compran la oferta de Vidal, y qué piden a cambio (conociéndolos, sobre todo en el caso del segundo no va a ser poco).

Así que todo está por definirse. En los próximos días. En la provincia de Buenos Aires. Mientras en el resto del país, incluidas Corrientes, Misiones y San Juan, las cosas siguen su curso, sin mayor novedad.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

 
Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).