15.12.2018
 
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Marcos Novaro
Cinco lecciones, buenas y malas, de la elección en Brasil
Por Marcos Novaro
8 de octubre de 2018
(TN) En una contienda electoral polarizada, hay cinco factores que ayudan para ser optimistas, y otras para no serlo tanto.
 

(TN) Jair Bolsonaro quedó cerca de la presidencia del país más grande de la región, una de las democracias más populosas del mundo, y la economía de cuya suerte la nuestra depende más directamente. Con 46% de los votos y casi 20 puntos de diferencia ante quien salió segundo, Fernando Haddad, parece imbatible de cara a la segunda vuelta. En Argentina, ya sería presidente electo. Pero tal vez no todo esté dicho. A continuación algunas razones para ser optimistas, y otras para no serlo tanto.

1- Se puede hacer campaña con mucho menos dinero

Esta es una gran noticia. Es difícil saber cuánto exactamente se gastaba en campañas electorales hasta el Lava Jato. Pero se calcula que era tres o cuatro veces lo que declaraban los partidos. Más o menos la misma proporción que se sospecha en Argentina. ¿Algún ciudadano estuvo mal informado sobre los planes de los candidatos porque esta vez se haya gastado muchísimo menos? Nadie ha planteado una queja. La política electoral es en este sentido un recurso muy curioso: cuanto más barata resulta tiende a mejorar su calidad.

2 - Las segundas vueltas son muy útiles para que los votantes lo piensen mejor

Si no fuera por la regla del balotaje en este momento Jair Bolsonaro, rechazado por cerca de la mitad de los ciudadanos brasileños, sería ya presidente. Puede llegar a serlo de todos modos porque la primera vuelta le ha sido muy favorable: en los últimos días logró capitalizar mejor que Fernando Haddad el voto útil. Lo hizo convocando a todos quienes temen un “regreso al pasado”, esto es, al PT. Bolsonaro sin embargo como antídoto para evitarlo anuncia el regreso de otro pasado, tan o más controvertido, el del poder militar: adelanta un gobierno conformado por decenas de uniformados retirados, con la filosofía de dispare primero y pregunte después. ¿Convencerá con ese discurso y con el temor a un nuevo gobierno petista a los votantes de centro que no lo acompañaron esta vez? ¿Tendrá que moderarse para lograrlo, y eso implicará que busque aliados en los partidos que ha denostado y prometido que borraría del mapa? Habrá que ver. Y habrá que ver qué hace Haddad para contrarrestar su campaña y tratar de descontar la diferencia que le sacó.

3 - La polarización es un juego peligroso y favorece a los aventureros

Hasta aquí Bolsonaro no se moderó ni cuidó para nada de no seguir agrediendo a amplios sectores de la sociedad cuya influencia considera negativa para el bien del Brasil, y sus demandas e intereses ilegítimos. Contra lo que muchos esperaban, tampoco parece haber pagado costos importantes por no abandonar su discurso de odio y descalificación. En vez de ser afectado por las protestas en su contra, convocadas por el movimiento de mujeres y otros sectores ligados a la izquierda unos días antes de la votación, creció fuertemente entre esos votantes cuyos grupos de referencia se dedicó a agredir: las mujeres, los negros y los pobres nordestinos. La explicación es poco alentadora: mucha gente prefiere ser parte de la patota antes que contarse entre sus víctimas, así que se identifica con el agresor incluso cuando él se ensaña contra “los suyos”. En parte también eso sucedió porque la defensa de “los suyos” esos sectores vieron que quedaba a cargo de un discurso progresista y de activistas que le generan tanta o más desconfianza que el capitán y sus propuestas agresivas y persecutorias: la izquierda también se tiene que hacer cargo de que quiso sacar provecho de la polarización, subestimó a Bolsonaro y pensó que su mejor apuesta era marginalizar al centro político. Así le fue. El debilitamiento del centro es, a este respecto, la peor noticia de la jornada, y una palmaria evidencia de que el espíritu de convivencia democrática, cuando no da los resultados esperados en términos de buen gobierno, progreso económico y seguridad, puede volverse víctima de un juego de pinzas en que aventureros populistas que prometen ensañarse contra chivos expiatorios y refundarlo todo, sin respetar derechos ni procedimientos, porque “no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos”, llevan las de ganar.

4 - El centro, aún debilitado y disperso, siempre puede definir una elección

Los resultados alcanzados por Gerardo Alckmin del PSDB, Ciro Gomes del PDL y Marina Silva de la Red de Sostenibilidad fueron muy decepcionantes. Pero todavía lograrán representaciones parlamentarias importantes y podrán ejercer un rol tal vez decisivo para la segunda vuelta, inclinando la balanza a favor de uno de los dos candidatos más favorecidos y más todavía gravitando en cómo habrá de gobernar el que gane. Para lograrlo cooperar entre sí les sería de gran utilidad. Algo que por expectativas excesivamente optimistas de cada uno de ellos y sus partidos resultó imposible de lograr en la primera vuelta. Pero Brasil difícilmente cambie tan radicalmente como para que se extinga un pluripartidismo y consensualismo que siempre lo han caracterizado, y que la actual polarización cuestiona, pero no logrará reemplazar: ninguno de las dos fuerzas preponderantes en pugna tiene bases suficientemente sólidas para formar una mayoría propia y estable. Mucho menos podría gobernar la difícil situación económica con la que va a tener que lidiar.

5 - Los líderes de salida deben elegir entre preservar su partido o su memoria

Lula fracasó a medias en trasladarle sus votos a Haddad. ¿El fracaso fue también del candidato, se le va a cargar a él por “no haber sido suficientemente fiel al líder”? Sin embargo, si algo quedó claro es que sólo podría duplicar los votos que obtuvo y triunfar si a partir de ahora es realmente infiel a Lula y acuerda con los partidos que ayudaron a meterlo preso y a desplazaar a Dilma de la presidencia. ¿Se animará a hacerlo y lo dejarán actuar los gendarmes del PT? La pregunta es también pertinente para lo que sucede o va a suceder mejor dicho de este lado de la frontera. Para el kirchnerismo la lección es mas que clara: Cristina va a tener muchas dificultades si tratara de trasladarle sus votos a otro candidato. Algo que en su caso además no está obligada a hacer por una condena inminente de la Justicia ni impugnación de otro tipo.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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