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Manuel Cuesta Morúa

La Zarzuela inquieta

(Clarín) Felipe VI llegó a La Habana para visitar una dictadura con rodeos, irrespetuosa de su propio orden constitucional. Le acompaña las palabras dichas desde la Casa borbónica frente a la dictadura Argentina y una agenda de los que queriendo retrasar el viaje del padre a la Argentina, impulsaron el viaje del hijo a Cuba.
Por Manuel Cuesta Morúa

Por Manuel Cuesta Morúa
Twitter: @cuestamorua
14 de noviembre de 2019
 
Felipe IV, Rey de España, Diaz-Canel en La Habana, visita Cuba

(Clarín) Llegaron. Los Reyes de España aterrizaron en La Habana para un diálogo entre españoles. O, en perspectiva histórica, para un diálogo entre España y el mundo hispano. No es una visita de Estado a Cuba, situada en el complejo contexto de un país en transición social, atrapado en medio del tránsito en el poder. Es una tardía visita al Estado cubano en clave histórica, dizque colonial, para cerrar un ciclo a la altura de los 500 años.

Hay aquí cierta incorrección histórica. El viaje debía haber comenzado por Baracoa, la primera villa fundada, y no celebrar a La Habana, la sexta. El pretexto de los 500 años es un artificio histórico con intención política: plantar bandera frente a los Estados Unidos, al lado de los empresarios españoles, para rearmar a un Estado debilitado, pero orgulloso, ofreciéndole una pátina de legitimación Real, donde otros le ofrecen segura protección geoestratégica.

España, por un lado, y Rusia, por otro, resultan una combinación exquisita para la historia moderna del equilibrio en las relaciones internacionales. Hans Morgenthau y Henry Kissinger, dos portentos del realismo político, se asombrarían de semejante operación. Si no se supiera, claro está, que esta visita viene dictada por la desesperación en el Caribe y la aquiescencia de la ex metrópoli.

Parece que la Zarzuela llega a La Habana con cierta inquietud luego de ser colocada en medio de esta operación de blanqueamiento. Cuba no ofrece ninguno de los rasgos atractivos que inviten a la Casa Borbónica a normalizar una dictadura des- constitucional. Recordemos. La realeza española regresó en el preámbulo de una transición democrática que legitimaron con altura y sentido de Estado. Lo que marcó el reinicio de una tradición.

Que los Reyes no estén presumiblemente en Cuba el mismo 16 de noviembre, cuando se celebran los 500 años de fundación de La Habana, dice mucho de lo anterior. El acto de legitimación al gobierno cubano corre el peligro de extenderse a Nicolás Maduro o a Daniel Ortega que, como se presume, estarán en las celebraciones fundacionales.

La monarquía llega presionada por el regreso de la Primavera Oscura que está suponiendo el regreso a prisión de activistas pro-democráticos, en algunos casos sin cargos, como José Daniel Ferrer, uno de los más emblemáticos. Por ello ni siquiera la buena excusa diplomática de que los Reyes visitan países y no regímenes logra velar el debate acerca de las inconveniencias de su visita.

Sin que convoque la misma intensidad en la conversación, en tiempos de desconsolidación democrática de las democracias, la visita de Felipe VI a Cuba remeda la de Juan Carlos a la Argentina de Videla. ¿Tendrán las palabras de Felipe VI el mismo sentido que las de su antecesor en Buenos Aires?

Monarquía es tradición. Y la de esta va por la inclusión, el valor de los derechos fundamentales y la legitimidad de la democracia.

Hoy hace 40 años que Juan Carlos llegaba a la Argentina del general Jorge R. Videla, al frente de una de las más mortíferas dictaduras del Cono Sur. Aquella visita plantó un dilema, en su significado lato: ¿legitimaría la Corona una dictadura sin rodeos en pleno proceso de afianzamiento de la democracia española?

El PSOE de entonces propuso una moción de censura en el Congreso para que se aplazara el viaje. El Rey Juan Carlos era el rostro del Estado español, ese que había pactado un manejo de sus conflictos internos de una manera distinta a como Videla manejaba los suyos. Entre desbordar retórica en el Congreso y desbordar sangre en las calles había toda la diferencia que los demócratas españoles no querían desdibujar con una visita de su Casa Real al lugar de los hechos.

El Rey Juan Carlos disolvió el dilema. En la cena de bienvenida que le ofreció Videla, dijo: “El Estado que queremos no es el de unos españoles impuestos a otros españoles, sino el Estado de todos, de forma que en su seno general puedan convivir todas las opciones y alternativas políticas…” Y agregó: “Estamos convencidos que el orden político y la paz social no pueden tener otros fundamentos que la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes y el respeto por la ley”. Para finalizar la gira con una declaración diplomática de ambas cancillerías donde España reivindicaba que “la protección y el efectivo respeto de los derechos humanos constituyen una responsabilidad principal de todos los gobiernos que se han adherido a la declaración universal de 1948”.

Mutatis, mutandis, Felipe VI llegó a La Habana para visitar una dictadura con rodeos, irrespetuosa de su propio orden constitucional. Le acompaña las palabras dichas desde la Casa borbónica frente a la dictadura Argentina y una agenda de los que queriendo retrasar el viaje del padre a la Argentina, impulsaron el viaje del hijo a Cuba.

A veces los gestos son toda la política. Uno necesario sería el de la coincidencia entre hijo y padre. También desde las palabras, la suyas, hacia otra dictadura.

Fuente: Diario Clarín (Buenos Aires, Argentina)

 
Acerca del autor
Manuel Cuesta Morúa
Manuel Cuesta Morúa
Historiador, politólogo y ensayista. Portavoz del Partido Arco Progresista, Ha escrito numerosos ensayos y artículos, y publicado en varias revistas cubanas y extranjeras, además de participar en eventos nacionales e internacionales. En 2016 recibió el Premio Ion Ratiu que otorga el Woodrow Wilson Center.
Twitter: @cuestamorua