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Marlene Azor Hernández

Cuba: punta de lanza de la Izquierda colonial

(Cubaencuentro) La Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, Federica Mogherini afirmó que Cuba era “punta de lanza para los intereses europeos y puente hacia los países latinoamericanos”. Un día antes, el MININT y la PNR hizo una redada y allanamiento de la sede de UNPACU, la organización opositora más numerosa en el país con el saldo de más de 160 arrestados ilegalmente por las autoridades cubanas. La alta representante no se dio por enterada.

Por Marlene Azor Hernández
28 de octubre de 2019
 
Federica Mogherini junto al dictador Raúl Castro

(Cubaencuentro) La izquierda colonial es aquella que acepta la violación de todos los derechos humanos en Cuba y no la señala ni la denuncia. Es la izquierda que nos observa desde lejos o desde cerca pero siempre a través de un buen vaso de whisky y dictamina que debemos “resistir” porque los cubanos somos “la utopía revolucionaria”, por lo tanto, nada de hacer críticas a la dictadura estalinista. Esta izquierda colonial exige derechos universales en sus respectivos países o los tienen y viven felices con ellos, pero la población cubana debe pagar sus frustraciones personales y sus afanes coloniales porque los cubanos somos los “buenos salvajes coloniales”: siempre en harapos, siempre sumisos, siempre felices y siempre sin derechos.

 

 

La mirada del “buen salvaje colonial” cubano la vendió y entronizó el dictador Fidel Castro a partir de 1959. Explotar la irracionalidad de los afectos y los sentimientos en detrimento de la razón argumental, ha sido la estrategia discursiva de la dictadura desde sus inicios. Por eso los comisarios culturales y políticos cubanos tienen sólo 200 palabras del español para enunciar consignas y apelar a la irracionalidad Así, nos vendió el dictador Fidel Castro y su policía política a periodistas, académicos, y políticos extranjeros que visitaron la Isla desde esos primeros momentos, siempre tratados como VIP, para convertirlos en agentes de influencia internacional a favor de la dictadura. Aún hoy, el presidente designado Miguel Díaz-Canel nos sigue vendiendo “felices” en la precariedad de la pobreza, sin derechos y con la represión sistemática contra todos los sectores sociales del país[1].

 

 

El impacto en la academia estadounidense

 

 

Esa ha sido la estrategia de “seducción” a los extranjeros, para que no hagan críticas a la dictadura. El ensayista Abel Sierra Madero señala esta “política de dominio-seducción”:

 

 

“En uno de los capítulos de mi libro analizo precisamente el papel de la izquierda en la construcción de Cuba como un parque temático, puesto en función de sus necesidades afectivas e ideológicas, cuando no sexuales. La idea de que Cuba era Fidel y que Fidel era Cuba, y no una formación más abarcadora, es una de las distorsiones más grandes que produjeron esas narrativas”[2].

 

 

“Es bien difícil porque las grandes editoriales, periódicos como The New York Times o algunas revistas de circulación mundial como Slate y The Nation, entre otras, controlan celosamente lo que se publica sobre Castro y la Revolución. Pareciera que los cubanos estamos excluidos para contar nuestra historia en esos espacios. Por lo general, siempre alguien habla por nosotros. Es el síntoma de una política”[3].

 

 

“Lo mismo sucede con los Cuban Studies en Estados Unidos. Este campo ha estado contaminado por relaciones clientelares que han establecido históricamente académicos estadounidenses con comisarios culturales y funcionarios. Existe un contrato tácito que implica cierta condescendencia política con respecto al régimen cubano. Las voces críticas suelen ser castigadas y penalizadas con la prohibición de entrar a la Isla”[4].

 

 

El impacto en la academia latinoamericana

 

 

La escritora cubana Wendy Guerra, manifestaba su enojo en un artículo en El País:

 

 

“En la Feria del Libro de Guadalajara, durante los días posteriores a la muerte de Fidel me reencontré con colegas y amigos, atendí las interminables solicitudes de la prensa y cené con editores, agentes o directores de festivales internacionales de literatura; en este contexto ha sido increíble ver las disímiles y viscerales reacciones que genera este suceso en cada uno de ellos. La mayoría de los autores latinoamericanos conserva su ilusión con la utopía revolucionaria y no ve con buenos ojos la crítica o el desencanto de quienes aquí vivimos[5]”.

 

 

“Para muchos de ellos la situación ideal es esta: el cubano debe resistir en su trinchera al precio que sea necesario. Apuntalar la única utopía que resiste viva en el mundo, ocuparse de que no se filtre lo malo, lo nocivo, lo incoherente. “Salud y educación” es la bandera, aunque uno no viva en el hospital, aunque uno no pase su vida aprendiendo. Esta imagen realista socialista es la coherente y conveniente. Encontrarle manchas al sol genera desestabilización en los cimientos de nuestras formaciones tópicas, ideo-estéticas, expresivas y hasta sentimentales. La resistencia deberá ser el modo de conservación ante pilares tan fuertes como el Premio Casa de las Américas, la Nueva Canción y el Nuevo Cine Latinoamericano; ninguno de ellos se ha preguntado si necesitamos una transformación de estos patrones. No parece importarles”[6].

 

 

“Nosotros aguantamos, soportamos y nos sacrificamos durante casi 60 años mientras ellos examinaron el asunto con su trago de whisky entre las manos, narrando luego el comportamiento ideológico y sociológico académicamente, viéndonos desde lejos bajo una campana de cristal, protegiendo una entelequia que al dejar de existir, los convertiría en huérfanos”[7].

 

 

Tampoco la izquierda académica latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades se permite analizar Cuba en sus políticas domésticas ni las violaciones de derechos humanos en el país. Salvo el libro de Claudia Hilb, Silencio, Cuba: La izquierda democrática frente al régimen de la Revolución cubana (2010) y mi artículo publicado en la Revista Nexos, “La izquierda y su relación con la Revolución cubana”[8] que analiza cómo la izquierda latinoamericana entiende la realidad interna del país como una caja negra imposible de descifrar; los trabajos sobre Cuba se centran en la geopolítica de la región, colocando siempre a Cuba como la víctima de la política estadounidense y condicionando cualquier cambio en la Isla a la solución del diferendo EEUU-Cuba. Los cubanos no tenemos derechos universales, y nos reprimen diariamente, pero eso no preocupa a ningún académico de la izquierda estadounidense ni latinoamericana.

 

 

El impacto en la academia europea

 

 

Para esta academia Cuba no existe. Es Venezuela el objeto de atención, pero con todos los lastres de la izquierda colonial: denigrar a los investigadores venezolanos que hacen una revisión crítica del legado chavista-madurista y describen la realidad dantesca del país en todos los aspectos[9].

 

 

Una breve conclusión sobre el tratamiento del tema Cuba en la academia internacional es que el silencio o el sesgo geopolítico, colocan a esta academia en un abismal rezago de comprensión e información sobre la realidad cubana, con todas las implicaciones epistemológicas y políticas que implican el silencio y la descripción muy superficial de una realidad social que se lee a través del discurso oficial cubano.

 

 

Federica Mogherini y el PSOE tienen una política colonial hacia Cuba

 

 

La Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, Federica Mogherini, declaró en 2016, que Cuba era una “democracia de partido único”. Encargada de llevar a buen término el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación firmado a fines del 2016, a dejado en el “olvido” la cláusula democrática del Acuerdo, que fija la colaboración para el respeto de los derechos humanos en Cuba. El Comité designado para medir, evaluar y colaborar con el respeto a los derechos humanos en Cuba, se ha reunido en dos ocasiones y no se ha invitado a ninguna organización o asociación de la sociedad civil independiente, amén de no mejorar en ningún sentido el respeto a los derechos humanos en Cuba. En su reciente visita a Cuba el 8 de septiembre, Mogherini afirmó que Cuba era “punta de lanza para los intereses europeos y puente hacia los países latinoamericanos”. Un día antes, el MININT y la PNR hizo una redada y allanamiento de la sede de UNPACU, la organización opositora más numerosa en el país con el saldo de más de 160 arrestados ilegalmente por las autoridades cubanas. La alta representante no se dio por enterada.

 

 

Los capitales franceses o españoles en la Isla, violan todos los derechos laborales que se respetan en sus países de origen, sin embargo, en Cuba, se convierten en los nuevos colonizadores como cómplices de las violaciones a los derechos laborales en Cuba sobre los sindicatos independientes, salarios mínimos, contratos laborales colectivos, y la confiscación de salarios por el estado y sus empresas empleadoras.

 

 

El canciller español Josep Borrell, próximo sustituto del puesto que hoy ocupa Mogherini, y el presidente español Pedro Sánchez continúan con la política del “compromiso constructivo” que ha demostrado su fracaso en los tres años de implementada: “la punta de lanza” de los intereses económicos europeos en Cuba es cómplice de la violación de todos los derechos universales en el país. Para esta izquierda colonial, los ciudadanos cubanos somos los “buenos salvajes coloniales”: siempre en harapos, siempre sumisos, siempre felices y siempre sin derechos.

 

 

[1] Marlene Azor Hernández, La dictadura criminaliza toda autonomía ciudadana, en Cubaencuentro.com, 10 de julio de 2019.

 

[2] Abel Sierra Madero, “Fidel Castro es uno de los grandes malentendidos del siglo XX”, entrevista en Hypermediamagazine.com.

 

[3] Ídem.

 

[4] Ídem.

 

[5] “Permiso para criticar a Cuba. La izquierda quiere que se resista dentro de la isla para mantener la utopía revolucionaria, en el PAIS.com, 10 de diciembre de 2016.

 

[6] Ídem.

 

[7] Ídem.

 

[8] Revista Nexos. México Nº 397, enero, 2011.

 

[9] “La izquierda como autoritarismo en el siglo XXI”, CADAL, 2019.

Fuente: (Cubaencuentro) 

La izquierda colonial es aquella que acepta la violación de todos los derechos humanos en Cuba y no la señala ni la denuncia. Es la izquierda que nos observa desde lejos o desde cerca pero siempre a través de un buen vaso de whisky y dictamina que debemos “resistir” porque los cubanos somos “la utopía revolucionaria”, por lo tanto, nada de hacer críticas a la dictadura estalinista. Esta izquierda colonial exige derechos universales en sus respectivos países o los tienen y viven felices con ellos, pero la población cubana debe pagar sus frustraciones personales y sus afanes coloniales porque los cubanos somos los “buenos salvajes coloniales”: siempre en harapos, siempre sumisos, siempre felices y siempre sin derechos.
La mirada del “buen salvaje colonial” cubano la vendió y entronizó el dictador Fidel Castro a partir de 1959. Explotar la irracionalidad de los afectos y los sentimientos en detrimento de la razón argumental, ha sido la estrategia discursiva de la dictadura desde sus inicios. Por eso los comisarios culturales y políticos cubanos tienen sólo 200 palabras del español para enunciar consignas y apelar a la irracionalidad Así, nos vendió el dictador Fidel Castro y su policía política a periodistas, académicos, y políticos extranjeros que visitaron la Isla desde esos primeros momentos, siempre tratados como VIP, para convertirlos en agentes de influencia internacional a favor de la dictadura. Aún hoy, el presidente designado Miguel Díaz-Canel nos sigue vendiendo “felices” en la precariedad de la pobreza, sin derechos y con la represión sistemática contra todos los sectores sociales del país[1].
El impacto en la academia estadounidense
Esa ha sido la estrategia de “seducción” a los extranjeros, para que no hagan críticas a la dictadura. El ensayista Abel Sierra Madero señala esta “política de dominio-seducción”:
“En uno de los capítulos de mi libro analizo precisamente el papel de la izquierda en la construcción de Cuba como un parque temático, puesto en función de sus necesidades afectivas e ideológicas, cuando no sexuales. La idea de que Cuba era Fidel y que Fidel era Cuba, y no una formación más abarcadora, es una de las distorsiones más grandes que produjeron esas narrativas”[2].
“Es bien difícil porque las grandes editoriales, periódicos como The New York Times o algunas revistas de circulación mundial como Slate y The Nation, entre otras, controlan celosamente lo que se publica sobre Castro y la Revolución. Pareciera que los cubanos estamos excluidos para contar nuestra historia en esos espacios. Por lo general, siempre alguien habla por nosotros. Es el síntoma de una política”[3].
“Lo mismo sucede con los Cuban Studies en Estados Unidos. Este campo ha estado contaminado por relaciones clientelares que han establecido históricamente académicos estadounidenses con comisarios culturales y funcionarios. Existe un contrato tácito que implica cierta condescendencia política con respecto al régimen cubano. Las voces críticas suelen ser castigadas y penalizadas con la prohibición de entrar a la Isla”[4].
El impacto en la academia latinoamericana
La escritora cubana Wendy Guerra, manifestaba su enojo en un artículo en El País:
“En la Feria del Libro de Guadalajara, durante los días posteriores a la muerte de Fidel me reencontré con colegas y amigos, atendí las interminables solicitudes de la prensa y cené con editores, agentes o directores de festivales internacionales de literatura; en este contexto ha sido increíble ver las disímiles y viscerales reacciones que genera este suceso en cada uno de ellos. La mayoría de los autores latinoamericanos conserva su ilusión con la utopía revolucionaria y no ve con buenos ojos la crítica o el desencanto de quienes aquí vivimos[5]”.
“Para muchos de ellos la situación ideal es esta: el cubano debe resistir en su trinchera al precio que sea necesario. Apuntalar la única utopía que resiste viva en el mundo, ocuparse de que no se filtre lo malo, lo nocivo, lo incoherente. “Salud y educación” es la bandera, aunque uno no viva en el hospital, aunque uno no pase su vida aprendiendo. Esta imagen realista socialista es la coherente y conveniente. Encontrarle manchas al sol genera desestabilización en los cimientos de nuestras formaciones tópicas, ideo-estéticas, expresivas y hasta sentimentales. La resistencia deberá ser el modo de conservación ante pilares tan fuertes como el Premio Casa de las Américas, la Nueva Canción y el Nuevo Cine Latinoamericano; ninguno de ellos se ha preguntado si necesitamos una transformación de estos patrones. No parece importarles”[6].
“Nosotros aguantamos, soportamos y nos sacrificamos durante casi 60 años mientras ellos examinaron el asunto con su trago de whisky entre las manos, narrando luego el comportamiento ideológico y sociológico académicamente, viéndonos desde lejos bajo una campana de cristal, protegiendo una entelequia que al dejar de existir, los convertiría en huérfanos”[7].
Tampoco la izquierda académica latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades se permite analizar Cuba en sus políticas domésticas ni las violaciones de derechos humanos en el país. Salvo el libro de Claudia Hilb, Silencio, Cuba: La izquierda democrática frente al régimen de la Revolución cubana (2010) y mi artículo publicado en la Revista Nexos, “La izquierda y su relación con la Revolución cubana”[8] que analiza cómo la izquierda latinoamericana entiende la realidad interna del país como una caja negra imposible de descifrar; los trabajos sobre Cuba se centran en la geopolítica de la región, colocando siempre a Cuba como la víctima de la política estadounidense y condicionando cualquier cambio en la Isla a la solución del diferendo EEUU-Cuba. Los cubanos no tenemos derechos universales, y nos reprimen diariamente, pero eso no preocupa a ningún académico de la izquierda estadounidense ni latinoamericana.
El impacto en la academia europea
Para esta academia Cuba no existe. Es Venezuela el objeto de atención, pero con todos los lastres de la izquierda colonial: denigrar a los investigadores venezolanos que hacen una revisión crítica del legado chavista-madurista y describen la realidad dantesca del país en todos los aspectos[9].
Una breve conclusión sobre el tratamiento del tema Cuba en la academia internacional es que el silencio o el sesgo geopolítico, colocan a esta academia en un abismal rezago de comprensión e información sobre la realidad cubana, con todas las implicaciones epistemológicas y políticas que implican el silencio y la descripción muy superficial de una realidad social que se lee a través del discurso oficial cubano.
Federica Mogherini y el PSOE tienen una política colonial hacia Cuba
La Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, Federica Mogherini, declaró en 2016, que Cuba era una “democracia de partido único”. Encargada de llevar a buen término el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación firmado a fines del 2016, a dejado en el “olvido” la cláusula democrática del Acuerdo, que fija la colaboración para el respeto de los derechos humanos en Cuba. El Comité designado para medir, evaluar y colaborar con el respeto a los derechos humanos en Cuba, se ha reunido en dos ocasiones y no se ha invitado a ninguna organización o asociación de la sociedad civil independiente, amén de no mejorar en ningún sentido el respeto a los derechos humanos en Cuba. En su reciente visita a Cuba el 8 de septiembre, Mogherini afirmó que Cuba era “punta de lanza para los intereses europeos y puente hacia los países latinoamericanos”. Un día antes, el MININT y la PNR hizo una redada y allanamiento de la sede de UNPACU, la organización opositora más numerosa en el país con el saldo de más de 160 arrestados ilegalmente por las autoridades cubanas. La alta representante no se dio por enterada.
Los capitales franceses o españoles en la Isla, violan todos los derechos laborales que se respetan en sus países de origen, sin embargo, en Cuba, se convierten en los nuevos colonizadores como cómplices de las violaciones a los derechos laborales en Cuba sobre los sindicatos independientes, salarios mínimos, contratos laborales colectivos, y la confiscación de salarios por el estado y sus empresas empleadoras.
El canciller español Josep Borrell, próximo sustituto del puesto que hoy ocupa Mogherini, y el presidente español Pedro Sánchez continúan con la política del
“compromiso constructivo” que ha demostrado su fracaso en los tres años de implementada: “la punta de lanza” de los intereses económicos europeos en Cuba es cómplice de la violación de todos los derechos universales en el país. Para esta izquierda colonial, los ciudadanos cubanos somos los “buenos salvajes coloniales”: siempre en harapos, siempre sumisos, siempre felices y siempre sin derechos.
Marlene Azor Hernández es Consultora de Observatorio cubano de Derechos Humanos, sede Madrid. Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades por la UAM, México.
[1] Marlene Azor Hernández, La dictadura criminaliza toda autonomía ciudadana, en Cubaencuentro.com, 10 de julio de 2019.
[2] Abel Sierra Madero, “Fidel Castro es uno de los grandes malentendidos del siglo XX”, entrevista en Hypermediamagazine.com.
[3] Ídem.
[4] Ídem.
[5] “Permiso para criticar a Cuba. La izquierda quiere que se resista dentro de la isla para mantener la utopía revolucionaria, en el PAIS.com, 10 de diciembre de 2016.
[6] Ídem.
[7] Ídem.
[8] Revista Nexos. México Nº 397, enero, 2011.
[9] “La izquierda como autoritarismo en el siglo XXI”, CADAL, 2019.
 
Acerca del autor
Marlene Azor Hernández
Marlene Azor Hernández
Socióloga de formación, imparte cursos de capacitación en las empresas o cursos regulares de maestría y diplomado en varias universidades, todos relacionados con el Desarrollo Humano en las empresas.