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Alejandro Di Franco

La contradicción en la candidatura de Venezuela al Consejo de Derechos Humanos

Puede parecer irónico y hasta insultante, tratándose de un régimen que el año pasado registró 5287 muertes por “resistencia a la autoridad” y que la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ya denunció en su informe en julio de este año que habían 793 personas privadas arbitrariamente de su libertad.

Por Alejandro Di Franco
Twitter: @Aledifranco98
26 de septiembre de 2019
 
F.A.ES - Fuerza de Acción Especial de la Policía Nacional Bolivariana

En medio de su terrible situación interna, con un régimen represivo y una de las mayores crisis humanitarias de los últimos años, el gobierno de Venezuela está tomando medidas que pretenden dar la fachada de una democracia. Recientemente excarcelaron al diputado Edgar Zambrano y han firmado con la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos un Memorando de Entendimiento que permitiría establecer una base para un diálogo continuo y apuntaría a la posibilidad de un futuro acuerdo que permita establecer una oficina de país de ONU Derechos Humanos en Venezuela.

Esto no es todo, Venezuela se está postulando para ocupar un asiento en el Consejo de Derechos Humanos, algo que se terminará de definir el mes que viene. Todo esto puede parecer irónico y hasta insultante, tratándose de un régimen que el año pasado registró 5287 muertes por “resistencia a la autoridad” y que la Alta Comisionada ya denunció en su informe en julio de este año que habían 793 personas privadas arbitrariamente de su libertad.

El país, que este año se postula con Brasil por un asiento en este consejo, no lo ocupa este año porque no lo podía hacer de acuerdo a las reglas que permiten a un país permanecer por dos periodos de tres años consecutivos, debiendo dejar pasar un año hasta volver a tener otro periodo. Eso es lo que hizo este año, pretendiendo ahora volver a estar para el período 2020-2022.

Ya en el 2015, cuando el país se postuló al Consejo para el período 2016-2018, presentó un documento con las promesas y compromisos voluntarios que estaba dispuesto a hacer mostrando su compromiso con los derechos humanos. Este documento, que no deja pasar la oportunidad de criticar “los intereses de los países poderosos que pretenden tutelar la soberanía y autodeterminación de los pueblos”, pinta al régimen venezolano como un gobierno que “ha incorporado los derechos humanos como asunto trasversal de toda la política pública”. Todo esto para que al año siguiente, en el segundo ciclo del Examen Periódico Universal el Grupo de Trabajo exprese su preocupación por más de 1200 homicidios por parte de agentes del orden entre 2012 y 2013 o por la muerte de más de 40 personas en tan solo 4 meses del 2014 en el marco de protestas.

Más allá de esto, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU no es un órgano totalmente impoluto: tan solo este año está integrado por países como Bahrain, Afganistán, Eritrea o la República Democrática del Congo, que figuran entre las peores autocracias en publicaciones prestigiosas como The Economist. Esto también se da por un sistema de elección en el que los países entran por región geográfica, más que por méritos en derechos humanos. De esta manera, mientras que países como Arabia Saudita, China o Cuba han sido miembros por cuatro periodos (o 12 años, es decir todos menos uno desde que este órgano existe), países como Canadá, Noruega, Finlandia o Australia han estado sólo 1 periodo.

De esta manera, el órgano que debería ser una autoridad en materia de democracia y derechos humanos, termina este año con 10 países no libres entre sus 47 miembros, si seguimos el índice de Freedom House. La candidatura de Venezuela no deja de ser insultante de todos modos, teniendo en cuenta sus acciones en los últimos años, y aún más considerando que hay otros países que hoy no lo integran y son democracias mucho más estables, como Costa Rica. Si pretende convertirse en una autoridad en materia de derechos humanos, el régimen de Venezuela tiene que hacer más que solo gestos que den la apariencia de ser una democracia, de lo contrario, todas sus “promesas y compromisos voluntarios” que haga a la ONU solo quedaran como un lúgubre documento que contrasta con la cruda realidad de sus ciudadanos.