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Virginie Hontabat
La inevitable violación de los derechos humanos cuando dos autocracias se unen: el caso de los estudiantes del Congo en Cuba
Por Virginie Hontabat
10 de junio de 2019
Ambos países son responsables, porque Cuba decidió usar la fuerza en contra de estos estudiantes y reprimir las manifestaciones, en vez de exigir por vías formales al gobierno congolés que pague las becas. Es un buen ejemplo de la desinformación que existe en Cuba, y lo difícil que es conseguir las fuentes, con una política que busca más que todo silenciar cualquier escándalo o manifestación de disentimiento.
 

Los acontecimientos que se produjeron en Cuba en relación a un anuncio que estudiantes congoleños iban a ser repatriados a su país demuestran una triste realidad: una vez más, los derechos humanos son violados y es difícil enterarse del por qué, a causa de la desinformación que existe en Cuba.

En efecto, investigando los acontecimientos surge de inmediato el hecho de la dificultad para obtener información y, por otra, determinar cuál de todas las fuentes es la más certera.

Al querer callar un tema, hacer que no sea visible, diferentes versiones se enfrentan y no hay certeza sobre lo que pasó y sigue pasando realmente. Ahí, se ve restringida una libertad fundamental: la de información que  puede definirse como el derecho a tener acceso a la información que está en manos de entidades públicas. Es parte integrante del derecho fundamental a la libertad de expresión, reconocido por la Resolución 59 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada en 1946, así como por el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), que dispone que el derecho fundamental a la libertad de expresión incluye el derecho de "investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

La historia que ocurrió con estos estudiantes del Congo es un ejemplo perfecto de cuán difícil es saber lo que está ocurriendo en Cuba, aun cuando se trata de la vida de personas, y en este caso de 142 estudiantes de los cuales hoy en día no se sabe casi nada.

¿Qué pasó?

El 26 de marzo de 2019 empezaron a manifestarse estudiantes de medicina congoleños con el objetivo de reclamar 27 meses de becas que no fueron pagadas por el Estado del Congo. Cabe recordar que existen desde hace mucho tiempo este tipo de convenios que permiten a estudiantes congoleños, y más generalmente africanos, ir a estudiar a Cuba. Fue en 1962 que empezaron los estudiantes congoleños a ir a Cuba, pero de manera puntual. Un verdadero convenio se estableció luego entre los dos países y 1979 marca el año de una primera ola masiva de congoleños en Cuba. De ahí, el Estado cubano se comprometía a otorgar educación, alojamiento, comida y además unos pesos cubanos. Sin embargo, era responsabilidad del Estado congolés proveer el dinero necesario a sus ciudadanos para vivir de una manera digna.

Hasta 1988, centenas de adolescentes viajaron a Cuba, donde iban al colegio, liceo y universidad. Con un cambio de política por parte de Cuba, este intercambio se puso en pausa y la acogida de estudiantes africanos empezó de nuevo en los años 2000 pero con reglas del juego modificadas. En efecto, no son más adolescentes de 12 años los que van a Cuba, sino que la isla castrista se enfoca particularmente en los estudiantes de medicina.

Hoy en día se puede cifrar que alrededor de 2103 estudiantes congoleños están estudiando en el país. Si el gobierno cubano continúa suministrando formación, comida y alojamiento, es el estado congolés gel que tiene a su cargo garantizar una beca a estos jóvenes para que puedan vivir de manera correcta. Al parecer, este contrato entre estos dos países no se cumple porque el Congo no está enviando las becas supuestamente garantizadas a los estudiantes.

Conviene agregar que este comportamiento por parte del estado africano no es novedoso. En efecto, Juste Ouamba, periodista congoleño, quien estudió en Cuba en 1985, afirmó que durante su estadía de 8 años en la isla recibió solamente 3 veces su beca. Así, el Congo envía a sus estudiantes a la isla, pero se desentiende totalmente de ellos pasado un tiempo.

Con respeto a esta última situación, en marzo de 2019 un grupo de estudiantes empezaron a manifestarse para reclamar el pago del dinero por parte del estado congolés. Se sabe que las manifestaciones ocurrieron, pero es complicado tener información valida sobre qué pasó realmente.

Las manifestaciones empezaron de una manera pacífica al frente de la sede diplomática del Congo, aunque la prensa oficial no las reportó. Aunque se desarrollaron sin violencia, el despliegue policial fue total. Junior Bokaka, estudiante en Cuba, aseguró en un video que como en un principio no se les permitió manifestar para no generar alteraciones del orden público, los estudiantes se quedaron en la universidad, hasta que la protesta cambia de tono a causa de, según Bokaka, una disputa que se genera entre el grupo de estudiantes y es en este momento donde la policía cubana se ve “obligada” a intervenir.

Otros testimonios indican que la policía intervino solamente cuando los estudiantes empezaron a “atacar” las instalaciones de la Universidad Salvador Allende, y a algunos estudiantes que habían decidido dejar la huelga y reincorporarse a clases. Como resultado de este enfrentamiento, varios estudiantes fueron puestos bajo custodia. Résulta difícil saber si la represión por parte de la policía tenía como finalidad controlar las manifestaciones o impedirlas arbitrariamente. Es difícil conseguir la información, porque los estudiantes temen que los respectivos gobiernos involucrados tomen represalias contra ellos. En efecto, si bien este estudiante Junior Bokaka provee un testimonio, se puede ver que acentúa mucho sobre el hecho de que la policía no se comportó de manera violenta o arbitraria… como si tuviera miedo. En los medios de comunicación independientes, salieron noticias y videos de policías amenazando a un estudiante con armas por ejemplo y se supo que varios estudiantes terminaron heridos.

Después de estas manifestaciones y de una visita de una delegación del gobierno congoleño integrada por el canciller Jean-Claude Gakosso y el ministro de Educación Superior, Bruno Jean Richard Itoua, salió la noticia de que 142 estudiantes iban a ser expulsados: 66 por su comportamiento y el resto debido a un bajo rendimiento en sus resultados escolares. Para mostrar su buena fe, el estado congolés finalmente pagó 12 meses de los 27 que figuran en mora como becas no pagas.

Otra vez, distintas preguntas y dudas aparecen a propósito de esta decisión de enviar a estos estudiantes de regreso a su país.

En primer lugar, cabe interrogarse sobre el origen de la iniciativa. Aunque la prensa oficial cubana reportó la visita de la delegación de Congo a la isla, no se hicieron referencias al tema de las protestas estudiantiles. Juste Ouamba asegura que fue una maniobra del Estado congolés para no tener que pagar estas becas y sobre todo para amedrentar a los estudiantes que quieran seguir rebelándose. Para él, el gobierno de Cuba no tenía planificado ni expulsar, ni demandar a estos estudiantes penalmente. En este punto, resulta difícil averiguar quién realmente decidió expulsarlos. Una decisión de este calibre sirve a estas dos autocracias y permite tanto a Cuba como al Congo tener el control sobre la población restringiendo la libertad de expresión y de movimiento.

En esta situación ambos países son responsables, porque Cuba decidió usar la fuerza en contra de estos estudiantes y reprimir las manifestaciones, en vez de exigir por vías formales al gobierno congolés que pague las becas. Como lo relata Abu Duyanah en un artículo para el medio independiente cubano ADN: “el gobierno de La Habana ha elegido la represión al diálogo». En efecto, esta decisión demuestra una cooperación entre dos países que siguen violando los derechos humanos y pone el foco sobre la hipocresía de sus gobernantes, que deciden culpar  a estos jóvenes por no haber aprovechado la oportunidad que les fue otorgada, sin tener en cuenta que las condiciones materiales mínimas para poder aprovecharla no se han dado desde el inicio.  

Por otra parte, después de esta decisión los 142 estudiantes fueron trasladados a la residencia estudiantil de Machurrucutu en Bauta, al sur de La Habana. Esperando su repatriación, han permanecido allí sin la posibilidad de comunicarse, lo cual dificulta el poder obtener información sobre su estado actual, y en los medios varias fuentes se contradicen. Si un periódico asegura que los estudiantes han sido repatriados, otro informa que continúan en Cuba. Si bien el gobierno cubano no tenía planificado demandar a los estudiantes ni tomar represalias contra ellos, el resultado final es que se encuentran literalmente detenidos e incomunicados. De las pocas informaciones que se pueden conseguir, salió esta noticia: "Estamos fuertemente custodiados como si fuéramos prisioneros, no nos dejan salir ni a nadie entrar a visitarnos", dijo uno de los jóvenes al portal 14ymedio. "La situación es muy opresiva y nos tratan como si fuéramos asesinos cuando lo único que estábamos haciendo era reclamar nuestro derecho".

Un estudiante que se encuentra actualmente en el Congo, quien quiso guardar su anonimato, cuando se le preguntó sobre la situación actual de sus compañeros no quiso contestar por miedo a ser también expulsado una vez regrese a Cuba a terminar sus estudios.

Otra vez, la libertad de expresión se encuentra fuertemente negada en Cuba, donde la gente se siente observada constantemente. Dejar a estos estudiantes encerrados e incomunicados es una arbitrariedad que genera incertidumbre sobre el futuro de estos jóvenes. En efecto, sin noticias de estos manifestantes, existe el riesgo de que sean enviados a Congo y que una vez que se encuentren en su país se pierda todo rastro de ellos. En efecto, según Juste Ouamba, lo más preocupante es el futuro que les  espera a estos estudiantes en su país natal.  Raymond Zéphirin Mboulou, titular del Interior en Congo, afirmó que se han dispuesto todas las condiciones de seguridad para su retorno y en cuanto arriben al país serán trasladados con sus familias, «además, se les garantizará su reorientación profesional».

A pesar de las afirmaciones por parte del gobierno congolés, lo más probable, es que terminen presos o estigmatizados por haber “avergonzado al país”. Hay que recordar que el Congo no es considerado como una democracia según Freedom House, y que en el país no se respetan las libertades civiles y políticas de los ciudadanos. La libertad de la oposición es casi inexistente y cualquier persona que se atreve a criticar al gobierno se pone en peligro. 

Entonces, estos eventos demuestran que, aunque la vida de 142 estudiantes puede ser amenazada, es muy difícil conseguir información extraoficial y, por lo tanto, quedarse con los discursos oficiales de los dos países, llenos de hipocresía, que desconocen y castigan estudiantes por ejercer un derecho simple, como es el de manifestarse. Estos congoleños fueron a manifestar con toda la legitimidad del mundo, pero sin embargo arriesgaron su libertad.

Es increíble ver lo que ocurrió después que se arriesgaron a salir a protestar. Es un buen ejemplo de la desinformación que existe en Cuba, y lo difícil que es conseguir las fuentes, con una política que busca más que todo silenciar cualquier escándalo o manifestación de disentimiento. Peor aún, si no hay desinformación, hay manipulación por parte de los medios de comunicación del régimen: o no se habla del tema, o se cuenta mentiras. El silencio de los dos gobiernos muestra la terrible cooperación de dos autocracias, que solo quieren controlar a su población, olvidando que se trata de seres humanos y de su vida, que si valen la pena.