11.12.2018
 
Artículos / Derechos Humanos
Lorenzo Agüero
La mentira de la educación en Cuba
Por Lorenzo Agüero
Twitter: @Lorenzoaguero22
26 de octubre de 2018
Vale la pena preguntarse si realmente la educación en Cuba es buena, cuando ni siquiera permiten que tanto los alumnos como los profesores piensen por sí mismos. Cuesta entender entonces que el gobierno argentino de Cambiemos fomente el intercambio educativo con un país totalitario.
 

La educación en Cuba es muy inclusiva, pero siempre y en cuando no tengas pensamiento crítico, porque en tal caso te echan. Eso fue lo que aprendieron Dalila Rodríguez y Karla Pérez cuando empezaron a pensar por fuera del adoctrinamiento castrista. Una como docente y la otra como alumna, fueron expulsadas del sistema educativo por cometer un crimen que un totalitarismo nunca puede permitir: pensar distinto.

Karla Pérez ahora vive en Costa Rica, extraña a su hermana, sus padres y sus amigos. Es de entender: sólo tenía 19 años cuando tuvo que abandonar Cuba tras ser echada de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (y también de todo el sistema universitario), por simplemente militar en el movimiento opositor Somos+. Empezar de cero en otro país era su única oportunidad para continuar con su pasión: el periodismo.

Aún recuerda cómo fue que la expulsaron. A Karla la sacaron del aula y le hicieron un interrogatorio de tres horas donde le daban dos opciones: colaborar o ser una criminal. Poco importaba la defensa que Karla pudiera dar, porque el resultado del juicio sumario ya estaba definido desde hacía mucho tiempo antes. Ella era una contrarrevolucionaria, ella era el enemigo.

La filología es la ciencia que se dedica al estudio de los textos escritos, y de la cultura en que se dieron, para lograr captar su sentido original. No es una disciplina sencilla, los alumnos deben aprender profundos conocimientos de lengua, historia, psicología y arte.  Quien los enseñaba en la misma Universidad a la que asistía Karla era Dalila Rodríguez.

El caso de Dalila va más allá, porque no la expulsaron por ser una militante activa de la oposición, sino que sólo bastó con ser amiga del activista Mario Félix Lleonart e hija del defensor de los derechos religiosos en Cuba, Leonardo Rodríguez Alonso. Las palabras que usó el régimen para justificar su despido es que tenía actitudes que se apartaban de “lo social y lo ético”. Parece chiste, pero no lo es. Dalila ya no puede dar clases en ningún lugar de la isla.

Vale la pena preguntarse si realmente la educación en Cuba es buena, cuando ni siquiera permiten que tanto los alumnos como los profesores piensen por sí mismos. Cuesta entender entonces cómo desde el Ministerio de Educación, Cultura y Ciencia y Tecnología de la Nación Argentina -con el apoyo de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), se fomente el intercambio de casi una decena de estudiantes de profesorados en Cuba. Adoctrinar no es educar.

Twitter: @Lorenzoaguero22