22.7.2018
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
¿Cristina alcanza para que Macri y Vidal vuelvan a ganar?
Por Marcos Novaro
3 de octubre de 2016
(TN) Su destino quedó entrelazado al de Macri el año pasado y así seguirá siendo hasta el final. Ambos lo deben saber. Si hacen una mala elección en la provincia el año que viene podrán todavía trabajar para terminar más o menos bien sus mandatos. Pero sus respectivas carreras habrán recibido su fecha de terminación.
 

(TN) Una casi certeza de los últimos días lleva alivio a las filas oficiales: creen allí que Cristina Kirchner va a ser nomás candidata en provincia de Buenos Aires, va a evitar que Sergio Massa concentre el voto peronista y de oposición, y por tanto se configurará un escenario de tercios, donde con poco se puede ganar, o al menos será más difícil perder por mucho.

Como la expresidenta conserva una imagen positiva considerable, sobre todo en los municipios y circuitos donde el peronismo es fuerte, calculan que va a poder hacerse del apoyo de al menos una parte de la dirigencia territorial del partido. Incluso de algunos que en los últimos meses han hecho todo lo posible por despegarse de su figura, para no quedar contaminados por los casos de corrupción, por la mugre que sale de debajo de la alfombra, o identificados con su círculo de fanáticos ahora que el fanatismo ya no paga.

Y sobre todo de quienes desconfían de los métodos de Massa, que son legión: aunque la enorme mayoría de los peronistas, tanto los bonaerenses como los del resto del país, coincidan con la idea del tigrense de moderarse y cooperar con las gestiones de María Eugenia Vidal y de Mauricio Macri, tal vez muchos terminen siguiendo a quien no quiere hacer nada de eso, pero creen que ya no tendrá en el futuro oportunidad de someterlos ni manipularlos, para evitar fortalecer al que, temen, lo único que pretende es hacerlo.

No quieren crear un nuevo Néstor Kirchner, así que tal vez vuelvan a disfrazarse de kirchneristas.

Finalmente, subirse una última vez a ese barco para conservar posiciones de representación local es difícil que les vaya a ser reprochado. Ni por otros peronistas ni tampoco por Cambiemos. Que no va a dejar de valorar la utilidad de contar con la ayuda de esas representaciones en manos de gente que, tal vez ladre, pero no tiene pensado morder.

En el medio podrían quedar además unos cuantos indecisos, que crean que no les conviene ir ni con Massa ni con Cristina, y que mientras no surja de la cantera peronista alguien más confiable a nivel provincial y nacional mejor plantear una estrategia electoral puramente local.

Con lo cual la oferta peronista terminaría aun más fragmentada que en los últimos años. Demorando el surgimiento de una nueva mayoría interna y un nuevo liderazgo, para disgusto de Massa, y ratificando ante la sociedad la imagen si no de solidez al menos de suficiencia de gobiernos que, sin ser muy exitosos ni mucho menos poderosos, se las arreglan como primeras minorías tanto en la provincia como en la nación.

Todo esto puede ser más o menos probable, pero tal vez hay un aspecto que se sobrevalora y uno que se subestima. El primero, que Cristina puede tener todavía alguna imagen favorable pero es más un resto, una memoria, que una prospectiva, una apuesta para adelante. Así que es muy posible que lo que pueda recoger en las urnas sea bastante menos de lo que ella espera. Si esta es la estimación que hacen los demás sectores del peronismo sobre su desempeño será más difícil que la sigan y más probable que la usen como amenaza para negociar mejor entre ellos, y sobre todo con Massa.

Al final, entonces, Cristina terminaría ayudando al massismo a que su jefe deje de espantar con volverse un nuevo Néstor, la ironía opuesta a la anterior.

Por otro lado, además, el oficialismo, en su ya secular culto al optimismo de la voluntad, subestima el peligro de que una competencia intensa entre peronistas atraiga a los votantes independientes. Algo que hemos visto ya varias veces en el pasado funciona muy bien cuando ellos están en el poder. Pero también alguna vez han practicado en la oposición.

¿Qué le conviene entonces al oficialismo, y qué puede hacer él para conseguirlo? Difícil decirlo. Al menos lo que sí puede advertirse es que en su sector tienden a fortalecerse también visiones más realistas, y con ellas crece la preocupación por las perspectivas en el principal distrito del país. Vidal lo dijo con bastante claridad luego de tomar el control del PRO bonaerense: “Nuestro futuro depende de lo que hagamos, no de lo que hagan otros”. Una sugerente invitación a dejar de prenderle velas a Cristina y compañía. Y a resolver el mayor obstáculo, la carencia de un candidato para 2017.

Hay quienes piensan que a la larga va a imponerse Carrió, porque es la menos relegada en las encuestas y la mejor para incomodar a Massa y Margarita Stolbizer. Pero tal vez sea aunque audaz más oportuno que el candidato sea una desconocida joven promesa, para dejar en claro que finalmente se trata de volver a votar a Vidal.

Su destino quedó entrelazado al de Macri el año pasado y así seguirá siendo hasta el final. Ambos lo deben saber. Si hacen una mala elección en la provincia el año que viene podrán todavía trabajar para terminar más o menos bien sus mandatos. Pero sus respectivas carreras habrán recibido su fecha de terminación.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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