22.7.2018
 
Artículos / Opinión
Marcos Novaro
María Eugenia Vidal y su varita mágica antipiquetes
Por Marcos Novaro
31 de diciembre de 2017
(TN) La gobernadora bonaerense demostró que se puede apelar a la cercanía y a la espontaneidad para desactivar protestas. Otro buen ejemplo de cómo, forzado por las circunstancias, el oficialismo va abandonando su limitadísima idea inicial sobre lo que es la comunicación estratégica, algo muy necesario dada la dimensión de los problemas que tiene que resolver.
 

(TN) No estuvo nada mal como cierre del año: mostrar que para disolver los piquetes y desactivar los actos violentos que vienen afectando nuestra vida institucional el macrismo no tiene en sus manos solo a las fuerzas de seguridad, puede recurrir también a la espontaneidad, la cercanía y la dosis de coraje que brinda María Eugenia Vidal. Quien las ofreció como regalo de fin de año a una coalición de gobierno que va a necesitar y mucho de todos esos recursos en el período que se abre.

No era ninguna novedad que la gobernadora bonaerense cuenta en abundancia con esas dotes. Ni que es raro encontrarlas en cambio, al menos todas juntas y en dosis suficientes, en otros dirigentes de Cambiemos, más cerebrales, distantes, y en ocasiones demasiado encerrados en sus despachos.

Por eso Vidal es considerada la más "peronista" de las figuras oficiales y el arma decisiva para penetrar en el electorado ajeno. Y por eso el temor padre que su figura despierta en el peronismo del conurbano, y la desesperación del kirchnerismo residual por evitar que le lleguen recursos y por acosarla con ataques de todo tipo.

Pero nunca su intervención había sido más directa y oportuna que en esta oportunidad. Después de los desmanes del 14 y 18 de diciembre y, más en general, de un largo año tapizado de manifestaciones acompañadas o cerradas con piedrazos, en que el Ministerio de Seguridad había sido reiteradamente desafiado a jugar en nombre del Estado la última carta para preservar un mínimo orden público, frente a grupos opositores cada vez más lanzados a demostrar el carácter represivo de las políticas gubernamentales, el simple gesto de la gobernadora de bajarse de su camioneta y enfrentar a un grupo de manifestantes marplatenses para que desistieran de cortarle el paso tuvo el efecto de un bálsamo celestial para un clima crispado, que había ido quedando vacío de palabras.

Y las palabras que usó Vidal en la ocasión fueron además de lo más acertadas. "¿A ustedes les parece que esta es la forma de relacionarnos? ¿Si ya habíamos convenido un canal de diálogo?". Fin de la cuestión. Sólo dejó espacio para una disculpa y hacerse a un lado.

Claro que la varita mágica de la gobernadora no se puede esperar que tenga la misma eficacia en todas las circunstancias. De haber intentado usarla en la Plaza de los Congresos el lunes 18 seguro la hubiera pasado tan mal como los policías porteños. Pero ese no es el punto. No se trata de evitar el recurso a las fuerzas de seguridad, sino de hacer un poco más de política para que cuando ese recurso sea inevitable, no sea cuestionado por ilegítimo, ni haya que dejar que los tirapiedras manden 80 policías al hospital para adquirir momentáneamente algo de crédito.

Los argumentos y los gestos cuentan, y mucho, a este respecto. Y la intervención de Vidal echa sobre todo luz sobre lo necesario que resulta que alguien explique, cuando se va a producir un hecho potencialmente crítico o disruptivo en el espacio público, por ejemplo una sesión parlamentaria controvertida acompañada de movilizaciones, qué es lo que el Estado pretende hacer y por qué: si va a contener dentro de ciertos límites la manifestación y cómo va a hacerlo, dónde y con qué recaudos va a actuar, qué diálogo, con acuerdos o sin ellos, ha mantenido con los convocantes a la protesta, qué métodos se usarán para identificar actos ilegales y castigar a los responsables.

El famoso protocolo antipiquetes con que inauguró su gestión Patricia Bullrich fue en verdad una iniciativa bastante bien orientada en este sentido, pero falló probablemente por prematura, por no haber sido él mismo suficientemente explicado, y sobre todo porque el gobierno interpretó que lo ponía a la defensiva y lo abandonó en vez de sostenerlo: es que abría el paraguas, adelantando que habría que combatir la protesta social con nuevos métodos, antes de que la protesta se escalara. Recordemos que por entonces, comienzos de 2016, muchos en el gobierno creían que había que alimentar el optimismo y la buena onda, para que el pasado quedara atrás como un mal sueño. No funcionó.

Vidal ofrece ahora un método podría decirse que superador. Como diciendo "vamos con la policía al lado, pero antes que nada a explicar, discutir y exigir razones, porque tenemos buenas razones de nuestro lado y la disputa se juega ante todo en el terreno de los argumentos, sólo secundariamente en el control físico de la calle".

Otro buen ejemplo de cómo, forzado por las circunstancias, el oficialismo va abandonando su limitadísima idea inicial sobre lo que es la comunicación estratégica, algo muy necesario dada la dimensión de los problemas que tiene que resolver.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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