17.7.2018
 
Artículos / Opinión
Yoani Sánchez
24 horas no son la vida de una mujer
Por Yoani Sánchez
Twitter: @yoanisanchez
9 de marzo de 2018
El funcionario que vive en un piso alto hablará de las cubanas cuyo ejemplo imitar pero eliminará de la lista a todas aquellas que resulten incómodas para el discurso oficial. El mismo vecino, quien dirige el operativo de vigilancia contra una disidente que reside cerca, hablará de "la delicadeza" de la mujeres y "el respeto que merecen".
 

(14ymedio) La abuela era golpeada por el esposo, la madre perdió la visión de un ojo por el puño de un marido ebrio y ella a veces sale a la calle con gafas de sol para esconder los moretones. Es una más entre millones de cubanas, de las tantas que han llegado a creer que en la "lotería de la genética" les tocó perder, al cargar con dos cromosomas X.

Este 8 de marzo, como un paréntesis en la rutina, cuando estas féminas salgan a la calle solo encontrarán sonrisas. "Felicidades por el día de la Mujer" leerán en el mural de su centro de trabajo, el mismo local donde los jefes se sobrepasan con las empleadas y los únicos que manejan los vehículos de la empresa son, casualmente, hombres.

A media tarde harán un alto en la jornada laboral para compartir un pedazo de cake adornado con flores rosadas y acompañado de croquetas que, ellas mismas, habrán preparado la noche anterior. Unas palabras del director terminarán en aplausos y darán paso a la lectura de los nombres de las "trabajadoras destacadas".

Después de la fiesta, a las propias homenajeadas les tocará recoger la mesa, limpiar el suelo y llevarse los platos sucios a casa porque "fregar es cosa de mujeres". Irán mirando el reloj, pues poco importa la fecha. Hoy también les toca cocinar, recoger a los niños en la escuela y limpiar.

Por la calle, el obsceno acosador que les lanza cada día frase de lascivia tendrá por este día algún piropo cursi sobre lo feo que "sería el mundo sin mujeres". Dirá sus cínicas palabras mientras se inclina un poco a ver si puede ver "algún filo de muslo" por debajo de la falda de aquella que pasa.

El vecino hosco, que botó a la hija de la casa porque salió embarazada ante de los 20 años, será el encargado de colocar en el interior del ascensor el cartel saludando a todas las "federadas y revolucionarias" que viven en el edificio.

La adolescente, de la que en su aula se burlan porque su madre "ha tenido tres maridos", leerá el comunicado en la fiesta que organizan en un pasillo del inmueble. La hija de presidente del Comité de la Revolución, que ejerce como prostituta para mantener a sus dos hijos, se ocupará de colocar unos globos y repartir algunas flores.

El funcionario que vive en un piso alto hablará de las cubanas cuyo ejemplo imitar pero eliminará de la lista a todas aquellas que resulten incómodas para el discurso oficial. El mismo vecino, quien dirige el operativo de vigilancia contra una disidente que reside cerca, hablará de "la delicadeza" de la mujeres y "el respeto que merecen".

El dueño del restaurante privado de la esquina entregará una flor a cada empleada y le dirá que hoy tienen una jornada de 12 horas porque "hay muchas reservaciones por la celebración". A la mujer que friega le llevará su rosa hasta la cocina, para que no tenga que ir al local de los clientes "porque no tiene la presencia física necesaria", aclara.

Cuando abran al público, las mesas se llenarán rápidamente y siempre que alguien pida la cuenta los camareros se la llevarán solícitos y sonrientes al hombre de la mesa. "Al que tiene el dinero, claro está", precisa uno de ellos, de camisa blanca y torcida pajarita negra en el cuello.

En el local de la Federación de Mujeres Cubanas de la barriada, una funcionaria muy perfumada recordará a Fidel Castro, como el "líder que emancipó a las cubanas" y terminará su larga perorata con un estruendoso "Comandante en Jefe, ordene".

Por 24 horas todo estará diseñado para aparcar las reivindicaciones femeninas, esconder detrás de los festejos los graves problemas que recorren a la sociedad en cuanto a discriminación de género, falta de equidad, acoso sexual o contraste de oportunidades económicas entre hombres y mujeres.

La fanfarria apagará las demandas y los eventos oficiales intentarán tapar la realidad. Mientras millones de mujeres en el mundo se lanzan a las calles para exigir sus derechos y otras tantas se suman a un paro laboral en señal de inconformidad, a las cubanas les toca este 8 de marzo una mordaza hecha de ramos de flores y de empalagosas postales.

Fuente: 14ymedio (La Habana, Cuba)

Twitter: @yoanisanchez