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¿Por qué se hundió Guillier?
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
11 de julio de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) Como candidato ha cometido demasiados errores. Ha pasado de ser el defensor del legado de Bachelet, a acérrimo crítico de este Gobierno. Aunque se define como independiente y cercano a la gente, exige a los partidos políticos que le consigan las firmas que necesita para validar su candidatura como independiente. Incapaz de encontrar una voz coherente y un mensaje constante y claro, Guillier está intentando ser muchas cosas diferentes a la vez.
 
 

(El Líbero) Las complicaciones que ha tenido el senador Alejandro Guillier para consolidarse como el principal rival del ex Presidente Sebastián Piñera —flamante ganador de las primarias de Chile Vamos—, reflejan el errado mensaje que ha buscado privilegiar el candidato de los partidos de izquierda de la Nueva Mayoría. Porque ha centrado su mensaje en mostrarse como alguien diferente a los políticos tradicionales, Guillier ha dejado de lado la única prioridad que importa a la gente: quién va a impactar más positivamente sus vidas. En tanto siga empecinado en destacar su condición de independiente y cercano a la gente (como si eso fuera necesario de destacar cuando es evidente), y no se centre en qué hará para ayudar a mejorar la vida de los chilenos, el ex lector de noticias no logrará convertirse en protagonista de la contienda presidencial de 2017.

Desde que su nombre comenzó a aparecer espontáneamente en las encuestas, Guillier supo convertir su alta evaluación positiva en poderoso argumento para convencer a los partidos de izquierda de la Nueva Mayoría a darle su apoyo como candidato presidencial. Pero en su camino a convertirse en abanderado del PR, PPD y PS, el senador demostró pocos dedos para el piano de la política. Después de anunciar que él se abstendría si Ricardo Lagos era candidato —y condicionar su candidatura a la realización de primarias en la Nueva Mayoría—, Guillier renegó de sus propias declaraciones y optó por ser candidato, pese a que el ex Mandatario también había entrado al ruedo y a que no hubo primarias.

Después de recibir el apoyo del PR, Gullier buscó también —o al menos, no actuó para evitarlo— el apoyo del PS. La no realización de primarias en la Nueva Mayoría es su responsabilidad. Si él le hubiera puesto presión al PS y al PPD y hubiera insistido en condicionar su candidatura a la realización de primarias, el PS no hubiera dado el paso en falso de apoyar a Guillier en vez de llamar a la realización de primarias en la Nueva Mayoría. Pero Guillier jugó mal sus cartas y se convirtió en candidato del PR-PS-PPD sin la legitimización de primarias. Por cierto, esa mala jugada le permitió al PDC impulsar la candidatura presidencial de Carolina Goic. Aunque ella no ha levantado en las encuestas, su presencia constituye una piedra más en el zapato para la opción de Guillier.

Algunos analistas equivocadamente ven en Beatriz Sánchez la causa de los problemas de Guillier. Aunque algunas encuestas muestren a la candidata del Frente Amplio con más apoyo que el senador, Sánchez no logró entusiasmar al electorado en la primaria del 2 de julio. La aspirante presidencial que alega generar miedo en los partidos de la Nueva Mayoría apenas fue capaz de atraer 220 mil personas a votar por ella, apenas superando la votación de Felipe Kast, el candidato que ocupó el tercer lugar en las primarias de Chile Vamos. Difícilmente Sánchez se convertirá en amenaza para nadie si no es capaz de hacer que los que presumiblemente dicen apoyar su candidatura se tomen la molestia de ir a votar.

Como candidato, Guillier ha cometido demasiados errores. Ha pasado de ser el defensor del legado de Bachelet, a acérrimo crítico de lo que ha hecho este Gobierno. Aunque se define como independiente y cercano a la gente, exige a los partidos políticos que le consigan las firmas que necesita para validar su candidatura como independiente. Incapaz de encontrar una voz coherente y un mensaje constante y claro, Guillier está intentando ser muchas cosas diferentes a la vez. Desafortunadamente para él, eso significa que los electores terminan confundidos sobre quién es realmente y cuáles son sus prioridades. Aunque en sus décadas como periodista debió haberlo aprendido —o debe saberlo, si efectivamente está tan cerca de la gente como dice—, Guillier parece no entender que la gente huye de los candidatos que tratan de caerle bien a todos y cambian lo que dicen dependiendo de la audiencia a la que le hablan.

En la Nueva Mayoría ya se oyen voces de algunos que piden el retorno de Lagos o que exigen que Guillier reorganice su campaña, redefina prioridades y reestructure equipos. Cuando quedan seis semanas para que los partidos inscriban sus candidatos presidenciales y sus listas para el Congreso, la opción del senador no logra consolidarse. La forma en que el candidato ha llevado a cabo su campaña genera más dudas que certezas; los simpatizantes de izquierda no parecen entusiasmados con el autoproclamado candidato ciudadano. Aunque las encuestas muestran que hay un sólido voto anti-Piñera, Guillier no ha sido capaz de aglutinarlo; y si bien siempre se puede aprender de los errores, él parece estar equivocándose más sin estar aprendiendo de sus tropezones. Aunque tiene tiempo para corregir rumbo, da la impresión de que Guillier está más cerca de hundirse que de convertirse en un candidato que le pueda dar la pelea a Piñera en noviembre.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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