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La irrelevancia de la cuenta pública presidencial
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
2 de junio de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) Resulta incomprensible que un Gobierno que ha levantado y defendido los principios de la participación ciudadana y la rendición de cuentas pase a la historia como el que le quitó importancia y solemnidad a una ceremonia republicana, cambiando la fecha del discurso.
 
 

(El Líbero) La decisión de los poderes Legislativo y Ejecutivo de reprogramar la cuenta pública para un día hábil de semana ha transformado una de las instituciones republicanas más importantes del país en un acto burocrático al que pocos chilenos pueden poner atención. Porque la democracia representativa supone que las autoridades democráticamente deben rendir cuenta ante los electores, realizar la cuenta pública en un día hábil y a una hora de oficina, cuando la gran mayoría de los chilenos está trabajando, demuestra la profunda desconexión que existe entre las autoridades y el resto de la población. Si bien tiene todo el sentido del mundo separar este acto del feriado de las Glorias Navales del 21 de mayo, no había justificación para no hacerlo un sábado o domingo, o bien en hora prime de televisión un día hábil de la semana.

Después de que el Presidente Augusto Pinochet realizara su discurso anual al país el 11 de septiembre, para conmemorar el golpe militar, con el retorno de la democracia se recuperó la tradición de realizar las cuentas públicas presidenciales el 21 de mayo. Además de ser la tradición, el hecho de que ese día se conmemoraran las Glorias Navales hacía que el discurso presidencial ante el Congreso en pleno coincidiera con un día festivo. Desde que Patricio Aylwin se dirigió al Congreso, y al país, el 21 de mayo de 1990, se recuperó la tradición republicana; y dado el desarrollo tecnológico que masificó la televisión en los hogares de Chile en la década de los 80, desde 1990 en adelante todos los chilenos tuvieron oportunidad de ver la transmisión televisiva del solemne momento en que el Presidente daba cuenta de los planes y acciones de su Gobierno durante el año anterior.

Como la sede del Congreso Nacional desde 1990 ha sido Valparaíso, y dada la importancia política y comunicacional que adquirió, el discurso presidencial del 21 de mayo terminó por opacar la celebración naval que tradicionalmente se realizaba también en Valparaíso. En años recientes, la masificación de las marchas y protestas frente al Congreso con motivo del discurso presidencial —con especial violencia en las últimas versiones— opacó todavía más los homenajes a los marinos chilenos que combatieron por la patria. Comprensiblemente, la Marina hizo sentir su deseo de buscar una fecha alternativa para la alocución del Presidente. La Municipalidad de Valparaíso, y no pocos residentes porteños, también presionaron para evitar que un día que debía ser de fiesta y esparcimiento en el principal puerto del país se convirtiera en un campo de batalla entre manifestantes y Carabineros.

Hasta ahí, todo tenía sentido. Pero la decisión de realizar la cuenta nacional el 1 de junio demuestra que, aunque pueden haber leído adecuadamente la demanda ciudadana, las autoridades no encontraron una solución adecuada a los problemas. En vez de escoger el primer sábado o primer domingo de junio —para asegurarse que una mayoría de los chilenos pudiera, desde sus casas y en un día de descanso, tener la oportunidad de encender sus televisores para escuchar el mensaje presidencial—, las autoridades decidieron que el discurso se realizaría el 1 de junio, independientemente de si ese día era hábil o festivo.

Por cierto, aunque en muchos países los Presidentes se dirigen al país en hora prime de televisión, el hecho que en Chile generen marchas que a menudo provocan destrozos y se tornan violentas hace dudar de la conveniencia de un acto republicano a una hora en que la oscuridad haría más difícil la tarea de Carabineros de asegurar el orden y la tranquilidad en las calles. Es comprensible no hacer el discurso un día de semana a las 21:00 horas, pero es inaudito que a nadie se le haya ocurrido que era más conveniente fijarlo un día de fin de semana, para evitar que ese importante acto republicano se convierta en un show privado del que están excluidos aquellos que no trabajan en el sector público. Más incomprensible todavía resulta que, al darse cuenta del error, algunos sugieran que el 1 de junio sea feriado, en vez de cambiar el discurso para el primer sábado o domingo del mes.

Resulta incomprensible que un Gobierno que ha levantado y defendido los principios de la participación ciudadana y la rendición de cuentas pase a la historia como el que le quitó importancia y solemnidad a una ceremonia republicana, cambiando la fecha del discurso desde un día en que los chilenos podían ser parte de la ceremonia desde sus hogares, mirando por televisión, a un día hábil en que la mayoría de los chilenos solo sabrán de él a través de alguna nota de prensa, en caso de que decidan ver las noticias esa noche.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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