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Tras el fracaso de Baradel, no habrá plan de lucha
Por Marcos Novaro
9 de abril de 2017
Marcos Novaro
(TN) el gobierno puede seguir controlando bastante bien el frente sindical, al menos mejor de lo que hicieron en su momento las administraciones con las que habitualmente se las compara. Y teniendo a los gremios fuera de su coalición, finalmente hasta puede que lo termine haciendo aun mejor que las administraciones peronistas, que ni siquiera cuando quisieron fueron capaces de introducir reformas laborales y gremiales significativas y duraderas.
 
 

(TN) A horas de que los gremios terminaran su huelga general, los docentes bonaerenses suspendieron, sin nada a cambio, su seguidilla de paros contra María Eugenia Vidal. La estrategia seguida por Roberto Baradel, de competir con el trotskismo por mostrarse inflexible en reclamos extremos, no sirvió de mucho: quedó atrapado por su propia inflexibilidad, y crecientemente aislado, lo que se evidenció en el rechazo de la amplia mayoría de sus bases a seguir con el plan de lucha, tuvo que ceder. Ahora sólo le queda ir al pie ante la gobernadora, y rezar para que esas mismas bases no lo desplacen de la conducción de SUTEBA.

Los kirchneristas deberán tomar nota del saldo de su aventura: para hacerse los duros, mejor volverse troskos y listo; si siguen jugando a la rebelión popular con tan poca cintura hasta sus bases más fieles terminarán por abandonarlos, dividiéndose entre quienes volverán al peronismo "racional" y los que se vayan con la izquierda auténtica.

Y seguro los demás gremialistas también extraerán sus propias conclusiones: de la mano de esos dirigentes ultrakirchneristas no cabe esperar nada bueno para sus organizaciones y sus bases, mejor tomar distancia cuanto antes de ellos y dejar bien en claro que su meta no es alimentar la resistencia popular sino negociar lo mejor posible los intereses de sus representados.

La CGT, claro, lo sabía ya desde antes, y por eso el momento y el tono de la medida del 6 de abril fueron tan controvertidos desde el comienzo. No sólo porque esperaron con Mauricio Macri bastante más que con Alfonsín y De la Rúa, también porque al paro no lo siguió ni antecedió ningún anuncio sobre planes de lucha, o siquiera nuevas medidas de protesta, se pareció más a las huelgas generales realizadas por esa central en tiempos de gobiernos peronistas que a las que agobiaron a los radicales.

Es cierto que el paro fue "contundente", como dijeron sus convocantes, aunque también lo es que no fue popular: las encuestas hablan de alrededor de 58 o 59% de rechazo a la medida, y desde hace años que una huelga de este tipo no generaba tantas reacciones en contra. Muchos sindicalistas, salvo tal vez gente como el taxista Omar Viviani, también preveían que sería así: transitan por un delicado desfiladero, entre quedar como socios de los promotores del caos y ser débiles frente a un gobierno que no es el suyo y tiene poco que ofrecerles, y las chances de perder frente a uno o ambos bandos es más grande que la de salirse con la suya y satisfacer sus intereses.

De allí la explicación de uno de sus mayores referentes, tiempo atrás, como abriendo el paraguas para lo que se venía, de las razones de la huelga: "Es para largar presión".

De allí también que ni siquiera insistieron mucho en la conferencia de prensa realizada al concluir la jornada del 6 en que el gobierno debía "cambiar de política económica", "cambiar de modelo" o cosas por el estilo, de esas que sí se escucharon en la CTA y la izquierda, frustradas en su intento de movilizar gente en el centro de la ciudad y de generar una batahola violenta con la gendarmería en sus accesos. Y claro, frustradas sobre todo en su expectativa de que este fuera el primero de muchos paros, el puntapié inicial para un plan de lucha de esos que merecen los gobiernos “antipopulares” aunque la mayoría de la gente los haya electo y los acompañe, eso es un detalle.

Lo que la CGT pidió en esa conferencia de prensa fue diálogo y negociación, que es lo que les ofrece el gobierno. Con la diferencia de que los gremios quieren una mesa unificada que sirva para cementar su débil unidad y enfocar la discusión en políticas generales, y Macri les ofrece en cambio acuerdos sectoriales, centrados en la productividad y las inversiones.

Como estos acuerdos avanzan podría creerse que el gobierno está queriendo fracturar la central reunificada hace poco más de un año, que conviene a sus intereses que no haya por mucho más tiempo una CGT única. Pero nada más alejado de la realidad: lo que realmente le conviene es que sobreviva y en ella predominen los moderados, para que puedan imponerle su tono y su estrategia a los demás. Una ruptura en cambio liberaría a los duros de contenerse y entonces sí tendríamos planes de lucha, algo que sucedió en tiempos de Ubaldini frente a Alfonsín y de Moyano contra De la Rúa, precisamente sin unidad cegetista.

Mientras el cuadro sindical siga como hasta hoy, entonces, el macrismo puede seguir polarizando la escena, sin el riesgo de empujar a los actores moderados en brazos de los duros, ni de generar incertidumbre y obstáculos extra para los acuerdos posibles con estos actores. Porque podrá seguir utilizando, como viene haciendo desde meses atrás, una "polarización constructiva", consistente en elevar los costos que esos moderados pagarían por seguir el camino de los que no lo son, a la vez que ofrecer premios a los que se moderen más todavía.

Por ahora con eso alcanza. Y ni siquiera tendrá que invertir demasiado en estos premios, en tanto el grueso de la opinión pública considere que los gremios más que defender a los trabajadores y sectores postergados lo que quieren es complicarle la vida al presidente, y que conviene ponerlos en caja, y por tanto la política peronista tampoco encuentre mayor aliciente para usar a estas organizaciones y sus protestas como ariete adecuado para avanzar electoralmente.

De allí que los pactos sectoriales firmados hasta aquí, y algunos programados, no sean muy generosos que digamos en términos de devaluación fiscal o subsidios. Más bien siguen la pauta de que si alguien debe sacrificar ingresos fiscales son las provincias y municipios, que han elevado excesivamente algunas cargas, como ingresos brutos y tasas.

En suma, con bastante poco, sin ceder en su ya de por sí frágil programa macroeconómico, ni en la designación de funcionarios adictos a los gremios, el gobierno de Macri puede seguir controlando bastante bien este frente, al menos mejor de lo que hicieron en su momento las administraciones con las que habitualmente se las compara. Y teniendo a los gremios fuera de su coalición, finalmente hasta puede que lo termine haciendo aun mejor que las administraciones peronistas, que ni siquiera cuando quisieron fueron capaces de introducir reformas laborales y gremiales significativas y duraderas.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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