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La atomización de la izquierda
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
24 de marzo de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) Resulta curioso que el sector que más habla de la construcción de proyectos colectivos, y que ideológicamente rechaza el personalismo y la cultura individualista, muestre más gente dispuesta a pagar los altos costos personales que implica ser candidato a La Moneda. La derecha parece ahora más dispuesta a ordenarse en torno a un candidato presidencial único a ser electo en las primarias del 2 de julio.
 
 

(El Líbero) La proliferación de candidaturas presidenciales en la izquierda chilena refleja la multiplicidad de respuestas que se intentan levantar en el sector ante la consolidación del modelo de economía de mercado. Porque la izquierda se divide entre los que quieren mejorar el modelo y los que aspiran a remplazarlo, resulta difícil que ese sector concuerde en un candidato y programa común. Si bien en segunda vuelta será más fácil lograr la unidad, en tanto el adversario será muy probablemente el ex Presidente Sebastián Piñera, las discrepancias entre los que creen que el modelo capitalista está agotado y hay que remplazarlo, y los que simplemente aspiran a mantenerse en el Gobierno para realizar reformas y mejoras, bien pudiera ser la llave que le permita a la derecha volver al poder en marzo de 2018.

De los más de 15 aspirantes presidenciales oficialmente en carrera, hay solo cuatro que se identifican con la derecha o centroderecha. Todos los otros prometen algún cambio sustancial al modelo económico que ha imperado en Chile desde el retorno de la democracia. Desde los moderados que buscan mejorar el modelo —privilegiando la inclusión e introduciendo mecanismos para aumentar la competencia y fortalecer los derechos de consumidores y ciudadanos— hasta los profetas del fin del modelo, la izquierda presenta una diversidad que a veces parece más bien atomización.

Si bien hay amplios acuerdos en destacar lo que debe ser mejorado —pensiones, salud, educación, seguridad ciudadana, transporte, probidad—, hay profundas discrepancias respecto de la dirección en la que deben ir las reformas. Por ejemplo, sobre pensiones, en la izquierda están aquellos que quieren introducir más competencia para bajar las comisiones y mejorar los retornos de las AFP, hasta los que quieren un sistema estatal de reparto. En otras áreas de política también existe diversidad sobre el rol que deben tener los privados y el sector público. A su vez, algunos candidatos buscan diferenciarse a partir de su experiencia, moderación, rechazo al modelo, compromiso con la nueva Constitución, pasión por la probidad o pragmatismo. Los candidatos buscan capturar un nicho de mercado de votos lo suficientemente amplio como para poder pasar a segunda vuelta. Ahí, como el adversario más probable será Piñera, bastará que el candidato de izquierda que clasifique a esa etapa transforme el balotaje en un referéndum sobre el ex Presidente y la derecha chilena. La mayoría de los aspirantes presidenciales de izquierda que hayan quedado en el camino no tendrá otra opción que apoyar al mal menor para parar a Piñera.

Aunque todos los aspirantes izquierdistas saben que el rival a vencer es el ex Mandatario, antes de poder enfrentarlo deben dejar en el camino a los otros presidenciables que compiten por el electorado que no está convencido de los méritos de Piñera. De ahí que, por más que quieran mantener un cierto nivel de amistad cívica en la campaña, será inevitable que todos ellos caigan en un juego de suma cero. Cada voto que vaya a otro candidato de izquierda será un voto menos en el esfuerzo por ser el rival de Piñera en segunda vuelta. Por eso Piñera no necesita salir a pegarles a sus rivales. El ex Presidente puede sentarse a esperar que los propios aspirantes de izquierda se comiencen a sacar los ojos entre ellos para que lleguen con heridas y debilitados a la primera vuelta de noviembre.

Por cierto, la probabilidad de confrontarse a partir de atributos personales aumenta cuando disminuyen las diferencias ideológicas entre candidatos. Los aspirantes que comparten el rechazo al modelo comenzarán a diferenciarse entre ellos a partir de quién ha sido más consistente al respecto o quién ha tomado posiciones más duras. A su vez, los presidenciables que aspiran a mejorar el modelo comenzarán a disputar el apoyo del electorado afín a partir de quién tiene mejores capacidades para lograr ese objetivo.

De más está decir que resulta curioso que la izquierda, el sector que más habla de la construcción de proyectos colectivos, y que ideológicamente rechaza el personalismo y la cultura individualista, muestre más gente dispuesta a pagar los altos costos personales que implica ser candidato a La Moneda. La derecha parece ahora más dispuesta a ordenarse en torno a un candidato presidencial único a ser electo en las primarias del 2 de julio.

En los próximos meses, la tensión electoral estará centrada en la multiplicidad de ofertas que provienen de la izquierda. Como es improbable que todos puedan llegar a inscribirse a fines de agosto, cual reality show (o Juegos del Hambre), iremos viendo cómo el grupo de aspirantes presidenciales de la izquierda comienza lucha por los votos del sector, con descalificaciones mutuas —especialmente entre aquellos que son más cercanos ideológicamente— en busca de los preciados y limitados cupos que habrá en la boleta electoral en noviembre para los que quieren reformar o remplazar el modelo.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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