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Los costos de aplazar el lanzamiento
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
3 de marzo de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) La estrategia de Piñera le abrió un flanco innecesario. Como sus adversarios sabían cuándo haría su anuncio de candidatura, resultó fácil concentrar todas las municiones para descargarlas sistemáticamente apenas empezara el mes de marzo.
 
 

(El Líbero) Al anticipar que haría en marzo su anuncio sobre si buscará una nueva candidatura presidencial, el ex Presidente Sebastián Piñera entregó a sus adversarios una inmejorable oportunidad para que concentraran sus ataques contra él durante el mes.

Como todos los ex presidentes en el período post-1990 —con la excepción de Patricio Aylwin—,Piñera parece haber quedado con las ganas de volver al poder. Después de haber sido el único ex presidente que no llegó a La Moneda la primera vez que participó en una primera vuelta, si vuelve a competir en 2017 Piñera participará en su tercera campaña presidencial. De ser candidato, habrá estado en la papeleta en tres de las siete elecciones presidenciales que se han realizado desde el retorno de la democracia. Piñera tiene una enorme experiencia acumulada sobre los costos, beneficios, desafíos y oportunidades que implica lanzarse en una carrera presidencial.

Habiendo liderado las encuestas de intención de voto en los últimos dos años, Piñera sentía la presión de aclarar si sería candidato. Para bajar esa presión, anunció que en marzo haría pública su decisión sobre una nueva candidatura.  Aunque muchos razonablemente pensaron que Piñera estaba ganando tiempo —emulando la estrategia de Michelle Bachelet, quien a fines de marzo de 2013 volvió a Chile para anunciar su candidatura presidencial—, la estrategia de Piñera le abrió un flanco innecesario.  Como sus adversarios sabían cuándo haría su anuncio, resultó fácil concentrar todas las municiones para descargarlas sistemáticamente apenas empezara el mes. 

Ahora bien, resulta difícil imaginar que las acusaciones que hasta ahora han sido lanzadas contra Piñera en la arena electoral le hagan mucho daño a su imagen.  Precisamente porque vienen a subrayar líneas de ataque que ya fueron utilizadas en las campañas de 2005 y 2009 —y que fueron ampliamente utilizadas en el cuatrienio 2010-2014—, parece improbable que alteren la percepción que la gente ya tiene de Piñera.

Su incontinencia bursátil, la dificultad que ha demostrado para separar los negocios de la política y el uso indiscriminado de letra chica en sus compromisos pueden ser objetables, pero no son elementos nuevos que ayuden a la opinión pública a formarse una visión distinta de las fortalezas y debilidades del ex Presidente. Si Piñera logró ganar la elección en enero de 2010 con sus debilidades a cuestas, resulta difícil imaginar que esas mismas debilidades le quiten la victoria en noviembre de 2017.

La única chance que tienen aquellos que no quieren a Piñera es unir sus fuerzas detrás de un candidato que resulte más atractivo de lo que hoy, con sus fortalezas y debilidades, resulta el ex Presidente.  Porque su extensa trayectoria política lo hace un candidato conocido, es una mala estrategia tratar de redefinir la imagen pública de Piñera. De igual forma que la gente no se sorprendería mucho si la estrella de fútbol Arturo Vidal vuelve a chocar un lujoso auto deportivo antes de un partido importante, un nuevo escándalo que involucre algún negocio en que participó el holding de Piñera —más allá de si él sabía o no de esas actividades— no va a cambiar la percepción que tienen los chilenos del ex Presidente.

Aquellos chilenos que están inclinados a votar por Piñera en 2017 lo hacen a sabiendas de los problemas que ha tenido para separar la política de los negocios. Es más, muchos de ellos votan por Piñera precisamente porque valoran su capacidad para aprovechar oportunidades de negocios. De la misma forma que los chilenos votaron por Bachelet en 2013 a sabiendas de que su Gobierno no se iba a caracterizar por dar respuesta rápida a las emergencias y desastres naturales, los chilenos que votan por Piñera saben de las incontinencias del líder más popular de la derecha chilena.  Por otro lado, entre los que no lo quieren, las nuevas revelaciones solo confirman sospechas profundamente enraizadas.

Finalmente, para aquellos electores indecisos, estos nuevos escándalos pudieran tener un efecto marginal. Pero como ya casi todos tienen una opinión formada sobre Piñera, ese efecto dependerá de quiénes sean sus rivales en noviembre.  No solo deberán convencer que ellos son menos reprochables éticamente; también deberán ser capaces de producir mejores resultados que los que tuvo el país entre 2010 y 2014.

Por eso, para aprovechar la oportunidad que les ha dado Piñera al anticipar que hará su ingreso formal a la carrera presidencial en marzo, sus rivales debieran buscar más allá de las conocidas debilidades del ex Presidente para identificar flancos nuevos que logren alterar la ya bien formada opinión que tienen la mayoría de los chilenos sobre las fortalezas y debilidades del candidato que, hasta ahora, lidera en las encuestas.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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