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El mundo líquido de Zygmunt Bauman que los políticos necesitan entender
Por Hugo Traslaviña
Twitter: @htraslavina
28 de febrero de 2017
Hugo Traslaviña
(Política & Economía) De pronto la metáfora sobre el estado social «líquido» cobró relevancia para los analistas que tratan de explicar la pérdida de apoyo de la ciudadanía hacia los políticos. Para estos analistas la respuesta más sencilla es la crisis de confianza, derivada de los errores cometidos por los políticos, no pocas veces sorprendidos en casos de corrupción.
 
 

(Política & Economía) A partir del concepto de “modernidad líquida”, el sociólogo y pensador polaco Zygmunt Bauman (1), ha sido considerado como un intelectual clave para comprender la complejidad del mundo actual, donde coexisten profundas brechas del desarrollo económico con el fenómeno del empoderamiento del ciudadano sencillo, gracias a internet y las redes sociales. Sin considerarse a sí mismo como posmoderno, Bauman remeció las teorías sociológicas clásicas que explican el conflicto y el cambio social con herramientas sistémicas, asumiendo con su concepto de estado social líquido la realidad de un mundo inestable, cuya raíz está en el individuo y donde el motor dialéctico macro se construye con la disputa entre los valores de libertad y seguridad institucionales.

Según Bauman, el afán de conseguir un mayor grado de libertad individual choca con el necesario reforzamiento de las políticas de seguridad, porque el Estado necesita resguardar las instituciones, lo que a la larga termina ahogando o limitando aquélla. Citando a Freud, el sociólogo polaco recuerda que civilización implica una transacción: ganamos algo a costa de perder otra cosa.

De la obra de Bauman trasunta que los tres mayores desafíos que permanentemente enfrenta la humanidad son: la supremacía de la naturaleza (con todos sus rigores), la fragilidad de nuestro cuerpo (preservación de la salud) y la insuficiencia de las normas e instituciones que deben garantizar la convivencia social. Dice que los dos primeros han sido relativamente manejados por el hombre, no así el tercero, porque en el fondo depende de factores subjetivos, propios de la acción política ejecutada por individuos.

Eros y Thánatos

Bauman levantó su tesis del mundo líquido a partir de una de las teorías esenciales del Freud, referida a la disputa permanente entre Eros y Thánatos. Esto es, el conflicto natural entre la pulsión de la vida y la pulsión de la muerte. O sea, buscó respuestas más allá de lo que aparentan los movimientos sociales y políticos, para llegar al individuo, desde donde surge la sumatoria de aquellos constructos mayores.

En la teoría freudiana existiría un control de Eros sobre Thánatos, en que el primero, descrito como el amor, logra contener al segundo y con ello obtener estabilidad y armonía para que fluya la vida. Sin embargo, en ciertas condiciones Thánatos logra zafarse de Eros y ocurren situaciones conflictivas, violentas e inciertas que pueden llevar a la muerte. En el plano del individuo, Thánatos conduce al suicidio y en el mejor de los casos a la depresión. Y en el plano macrosocial, conduce al odio y a la guerra. No está de más recordar que el balance internacional de 2016 registró 28 guerras activas en distintos países, incluyendo la que México libra contra el narcotráfico.

Citando a Freud, el propio Bauman dice que “estamos organizados de tal modo que solo podemos gozar con intensidad del contraste y muy poco de lo estable” (2).
Uno de sus exegetas, el psicoanalista argentino Gustavo Dessal explica que la raíz freudiana de la teoría de Bauman surge con su visión crítica frente a algunos de los valores máximos de la Ilustración. “Me atrevo a sugerir una importante comunidad entre el espíritu freudiano y el pensamiento de Zygmunt Bauman, caracterizados ambos por el escepticismo alerta y crítico frente a algunos valores máximos de la Ilustración”: la creencia en la soberanía de la razón, la fe en el progreso y la veneración incondicional del saber científico”, plantea Dessal (3).
De ahí entonces hay un paso a la influencia freudiana de las pulsiones paralelas de Eros y Thánatos, llevada a la teoría del mundo líquido de Bauman, que sugiere un desborde de la narrativa basada en el paradigma racionalista, cuya gobernanza no se correspondería con el mundo líquido, desprovisto de compromisos políticos, ideológicos e incluso religiosos.
“Pero no olvidemos que el discurso contemporáneo solo admite la diferencia en la medida que no comprometa ni enfrente los intereses del mercado”, advierte Dessal.

Consumo y consumismo

A lo largo y ancho de su prolífica obra, centrada en el mundo líquido, Bauman describe a la vez la ligereza y la dinámica de las sociedades de consumo, bautizándolas con el nombre de “sociedad moderna líquida”. Impulsada por las nuevas condiciones que imponen el mercado, el consumismo y las nuevas tecnologías, los individuos son remecidos dentro del recipiente social y están obligados a seguir la corriente (el flujo del líquido), a riesgo de quedar atrapados en algún recoveco del contenedor. En este último caso son individuos desplazados, asistémicos o precarizados.
Los miembros de los estados líquidos cambian al ritmo de una dinámica que les imponen los contornos dominantes del sistema y el resultado es una sociedad cambiante, desprovista de referentes ideológicos, en la que las ideas, las utopías, los sueños y los antiguos paradigmas no son suficientes para representar una identidad política. En el estado líquido los individuos mutan con rapidez y han desarrollado una capacidad de adaptación a esos cambios, como ocurre con el líquido que adopta la forma del recipiente en el cual es vertido.

El temor a quedar obsoleto, a quedarse atrás o ser marginado es el principal acicate que empuja a los individuos a adaptarse para continuar en el recipiente.
Frente a esta realidad, Bauman, dice que los cambios mayores pueden llegar de manera inesperada. Ejemplos recientes son la elección de Donald Trump para los demócratas estadounidenses y el estrecho triunfo del Brexit para los británicos y la Europa comunitaria.

Lo peor del mundo líquido es que las clases dirigentes no sean capaces de comprender y/o asimilar los nuevos patrones sociales, con la rapidez con que los cambios transcurren, quedando sus líderes rezagados, tal como ocurre hoy con el pre candidato Ricardo Lagos, a quien una masa cambiante de chilenos hoy no reconoce sus méritos políticos, a solo una década de haber ejercido como Presidente de Chile.

Al igual como ocurre con los bienes de consumo, en la sociedad líquida contenida por el mercado, la obsolescencia también se aplica al sistema político y en especial, a sus dirigentes. Al igual como hacen con un teléfono móvil, una cartera o una corbata, el individuo de la sociedad líquida también está propenso a cambiar a sus dirigentes políticos y a captar las “novedades” en este ámbito. Es decir, quiere ver y probar caras nuevas. Si a este se añade el estímulo del utilitarismo o “cosismo” desarrollado por los propios políticos, esto es, la tendencia a captar adherentes con ofertas materiales antes que con propuestas ideológicas, se completa el círculo de la obsolescencia para el consumidor líquido.

Por eso, como dice Bauman, el héroe de la sociedad líquida es quien sabe saltar de un lado a otro con rapidez, sin oponerse a nada para no perder tiempo, sin detenerse nunca. “Dominar el arte de la vida líquida es, entonces, aceptar la desorientación provocada por las innumerables señales contradictorias y los obstáculos” (4).

En una entrevista ofrecida al diario español El País, en 2014, Bauman declaró que “vivimos en la cultura del consumismo, (que) no es ya simplemente consumo, porque consumir es totalmente necesario”. Explicó que consumismo significa que todo en nuestra vida se mide con estándares de consumo. En primer lugar el planeta, que es visto como un mero contenedor de potencial explotable. Pero también las relaciones humanas se viven desde el punto de vista de cliente y de objeto de consumo.
“Cambiar esta situación exigiría una verdadera revolución cultural. Es normal que queramos ser felices, pero hemos olvidado todas las formas de ser felices. Solo nos queda una, la felicidad de comprar. Cuando uno compra algo que desea se siente feliz, pero es un fenómeno temporal”, añadió el pensador polaco.
Y concluyó: “la verdadera felicidad deriva del trabajo bien hecho. La satisfacción que eso produce es extraordinaria”.

Citas:

(1) Zygmunt Baunam, nació en 1925, en Poznan (Polonia), en el seno de una familia judía y murió en Leeds (Reino Unido), el 9 de enero de 2017.
(2) Bauman, Z. y Dessal G., “El retorno del péndulo. Sobre psicoanálisis y el futuro del mundo líquido”. Página 17. Fondo de Cultura Económica, 2014.
(3) Ibid, página 12.
(4) Cita del periodista Santiago Gamboa, sobre el libro “Vida líquida” de Z. Bauman. (Paidos Ibérica, 2010), en http://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/santiago-gamboa/la-muerte-de-zygmunt-bauman.html.

Fuente: Política & Economía (Santiago, Chile)

Twitter: @htraslavina
 
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