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El debate de ideas y la indigencia de pensamiento en Cuba
Por Marlene Azor Hernández
13 de febrero de 2017
Marlene Azor Hernández
(Cubaencuentro) En este debate el centrismo político se define por lo que no es. El centrismo es contrarrevolucionario porque propone los Derechos Humanos económicos sociales culturales civiles y políticos refrendados por Naciones Unidas. El gobierno cubano firmó los dos Pactos que los contiene, pero no quiere ratificarlos. La ignorancia sobre los Derechos Humanos, todos, y la prohibición a discutirse en la opinión pública nacional, así como el tabú para utilizar el término de sociedad civil forma parte de la línea política impuesta desde el gobierno.
 
 

La mordaza a la prensa y a las Ciencias Sociales cubanas ha producido un embrutecimiento sistemático de la población

He leído en el blog de Iroel Sánchez y en el blog de la Joven Cuba un debate de enfrentamientos personales en los que se dirime clasificaciones arbitrarias de “revolucionario”, “contrarrevolucionario” y políticos de “centro”. Nadie define que es cada cosa y todos se lanzan sospechas y acusaciones infundadas. Este fratricidio sectario es el resultado de la ignorancia de lo que se discute siempre atravesado por lo que define el discurso oficial del momento.

El gobierno define en su prensa que hay que atacar la mano tendida de Barack Obama, y todos replican con comentarios adicionales la consigna del momento. Hasta un periodista afrocubano utiliza un término racista para referirse al presidente Obama.

El gobierno cubano hace silencio sobre el muro en la frontera con México que el presidente Donald Trump impone a su vecino con el dislate, además, de que México pague la construcción de la nueva barrera a la inmigración latinoamericana. Los jóvenes blogueros hacen el mismo silencio y nadie ni siquiera sospecha que esto es un asunto que los implica como ciudadanos cubanos: ¿Qué hacen los países del ALBA contra el muro? Ni se reúnen ni se pronuncian solidarios con México. ¿Es esto ser revolucionario?

La prensa oficial cubana determina que las becas internacionales, los financiamientos externos de las disímiles ONG que existen en EEUU y el resto del mundo, y los viajes a eventos internacionales son “maniobras contrarrevolucionarias contra Cuba” y allá van los jóvenes intelectuales “revolucionarios” a replicar el discurso oficial sin tomar distancia de las ordenanzas del PCC. Ninguno se pregunta por qué estas prohibiciones medievales que conspiran efectivamente contra la libertad de movimiento, pensamiento, y ejercicio libre de la libertad individual. Todos han sido amaestrados a que, como estamos rodeados de capitalismo, salir y enterarse en la práctica del resto del mundo es contaminarse de un raro virus que existe en el exterior y que atenta contra la “Revolución” —palabra del discurso oficial que nada tiene que ver con la realidad del país.

Este espíritu autárquico y tribal —el “otro” es siempre enemigo y no adversario o diferente al que hay que respetar— embrutece, crispa e infantiliza a los jóvenes que no tienen información alternativa a la oficial y no conocen su propia realidad por la mordaza sistemática al pensamiento crítico en la prensa oficial y en las Ciencias Sociales en Cuba, generación tras generación.

La diversidad de ideas y posiciones es condenada siempre que el gobierno no se pronuncie a favor y el círculo de entendimiento se va cerrando hasta quedar en el vacío la posibilidad de comprenderse mutuamente. Todos terminan crispados y atacándose de manera personal. No hay ninguna solución a la discrepancia porque no se explicitan las ideas, sino que se mantienen las palabras vacías o mal llenadas de contenido para “sospechar del otro” desde el punto de vista personal y político.

Los sucesivos escarnios personales o grupales en los cuales no existe solidaridad

Cuando expulsan a los profesores universitarios Omar Everleny y Julio Antonio Fernández Estrada sólo unos se pronuncian contra las expulsiones y todos los demás se mantienen en un silencio cómplice con los atropellos. Cuando expulsan a los demás profesionales: químicos, biólogos, dramaturgos, especialistas en arte, incluyendo al periodista que reportó las palabras de la subdirectora del periódico Granma, algunos son solidarios y la mayoría guarda silencio. Cuando Iroel Sánchez ataca a Cuba posible por sus propuestas, otros pocos se pronuncian por defender el pensamiento independiente y otros muchos pasan a atacar a sus colegas como “enemigos” políticos. Cuando Periodismo de Barrio es atacado, unos defienden a sus colegas y otros atacan la independencia de ir a Baracoa porque “debían recoger escombros y no realizar su trabajo de periodistas”. Cuando atacan a Fernando Ravsberg unos lo defienden, otros lo denigran porque una tortuga se incluye en la imagen de la bandera nacional, dicho sea de paso, excelente imagen del estado actual del gobierno cubano. ¿A dónde conduce este mediocre, insensible y superficial guirigay?

Las palabras “revolucionario”, “contrarrevolucionario” y político de “centro” en estos debates y la ignorancia.

Según la descripción del concepto por Enrique Ubieta Gómez, publicado en el Granma y Cubadebate hace unos meses, el revolucionario es muchas cosas positivas por su rebeldía y espíritu crítico, pero sumiso a las órdenes y criterios del gobierno cubano en cada momento. Eso se desprende de su artículo, aunque no lo diga con estas palabras.

Luego entonces el revolucionario es aquel que coincide con las directivas del PCC en cada momento por muy descabelladas que puedan ser para los propios intereses, valores y aspiraciones personales y colectivas. Esta sumisión a los dictámenes de un partido en el poder es lo contrario al carácter revolucionario que definió el marxista Erich Fromm. Me dirán los jóvenes que ellos no asumen a este autor, pero mejor, se lo leen primero y luego discrepen.

Así el “revolucionario” ataca a todos los demás porque no siguen la línea del PCC del momento. Esto es fanatismo tribal y lo contrario al pensamiento analítico crítico. La falta de independencia y de libertad de raciocinio, también de información y formación condena a estos jóvenes a la “disciplina” y sumisión cual soldados de un ejército de fanáticos repitiendo consignas y castigando a los que se salen de la línea del momento. Me recuerdan en eso a la propaganda de ISIS y sus consignas “primarias, axiomáticas” que proponen el paraíso mientras llevan la guerra contra los “infieles” que son todos los que no compartan su visión del mundo incluyendo a los propios musulmanes que les condenan.

La palabra contrarrevolucionario sirve en este debate para descalificar toda discrepancia de la línea del discurso oficial del momento. Así, es contrarrevolucionario aceptar becas internacionales, viajar a eventos internacionales para debatir sobre temas jurídicos, de los regímenes políticos, sobre los Derechos Humanos o sobre los problemas económicos sociales, culturales y políticos del país. También se es contrarrevolucionario si se acepta financiamiento de las numerosas ONG estadounidenses, europeas o latinoamericanas. La represión física e ideológica en el país para estos jóvenes no existe, aunque sus víctimas sean los sectores más humildes del país, mujeres, afrocubanos y de los sectores rurales del país, pero también, muchos de sus profesionales. Pretenden ser “revolucionarios” por sumisión, desinformación y mucha ignorancia. ¿Quién es el ideal “revolucionario”, Sucelys Morfa González desaforada gritando mentiras en Panamá y hoy miembro del Consejo de Estado? En realidad, ¿creen los jóvenes del debate que pueden atraer a algún joven a ser “revolucionario” con este referente premiado?

El centrismo político

En este debate el centrismo político se define por lo que no es. El centrismo es contrarrevolucionario porque propone los Derechos Humanos económicos sociales culturales civiles y políticos refrendados por Naciones Unidas. El gobierno cubano firmó los dos Pactos que los contiene, pero no quiere ratificarlos. La ignorancia sobre los Derechos Humanos, todos, y la prohibición a discutirse en la opinión pública nacional, así como el tabú para utilizar el término de sociedad civil forma parte de la línea política impuesta desde el gobierno. Por lo tanto, ser revolucionario es defender el control monopólico directo estatal de la economía, aunque la práctica demuestre el desastre. Ser revolucionario es alabar el antidemocrático e incompetente PCC que impone la agenda de discusión y documentos de espaldas a la realidad del país. Me refiero al 79 % de sus Lineamientos incumplidos en un quinquenio y a los límites del “socialismo real” soviéticos impuestos en la Conceptualización, en el Plan de desarrollo hasta 2030 y al nuevo código de trabajo. Me refiero también al descalabro de la planificación centralizada que propicia y mantiene el caos y la corrupción en el país, cumpliéndose planes a la mitad del año y desviándose recursos para el bien de cada funcionario encargado. Nada de estos problemas discuten los jóvenes implicados en el debate, por desinformación, ignorancia y sumisión al discurso oficial o lo resumen en el término de burocracia que no definen tampoco y que nadie entiende cómo llegó esta “maldita e inasible” a apropiarse del poder. Mediocridad, censura y desconocimiento es todo lo que contiene el “debate” sobre la burocracia en Cuba por la mordaza a la opinión pública de la nación. El gobierno resume la solución del asunto por la Contraloría de la República y esta se declara incompetente para mejorar el control cada año.

La deshumanización de los jóvenes del debate

Para estos jóvenes “los errores históricos del gobierno cubano” no deben ni discutirse, ni pedir perdón, ni indemnizar a sus víctimas. Hablar de ellos es hacer contrarrevolución. Miles y millones de cubanos atropellados por políticas erráticas, deben ser vistos como los “efectos colaterales” que ellos mismos critican por cinismo, en las guerras del mundo. Como no lo vivieron en carne propia y la información sobre los atropellos no la tienen completa, banalizan los atropellos y olvidan las víctimas históricas y actuales. Esta falta de empatía y solidaridad con sus semejantes y esta banalización de las represiones anteriores y actuales les hacen comportarse como especies de psicópatas incapaces de sentir compasión por los compatriotas injustamente atropellados. Por eso las solidaridades son siempre puntuales y de unos pocos, nunca los mismos, y los ataques son siempre tumultuosos y sin discernimiento en la blogosfera que se considera a sí misma “socialista” y “revolucionaria”, y no ha dejado de ser profundamente estalinista, conservadora y reaccionaria, y, además, profundamente antihumanista por su falta de solidaridad con sus propios compatriotas.

Fuente: Cubaencuentro.com (España)

Acerca del autor
Marlene Azor Hernández
Marlene Azor Hernández
Socióloga de formación, imparte cursos de capacitación en las empresas o cursos regulares de maestría y diplomado en varias universidades, todos relacionados con el Desarrollo Humano en las empresas.
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