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24 de Marzo: Manual para perder una discusión
Por Marcos Novaro
30 de enero de 2017
Marcos Novaro
(TN) El problema de fondo detrás de este episodio tal vez no sea solo que estamos muy divididos respecto a estas interpretaciones posibles y que es mejor no agitarlas demasiado. Es también y por sobre todo que al gobierno actúa como si estos asuntos le resultaran del todo indiferentes, tal vez porque piense que puede pasar a la historia sin meter las patas y las manos en el barro que la compone.
 
 

(TN) Finalmente el Presidente reconoció su error y dio marcha atrás. El 24 de marzo, y de paso también el 2 de abril, volverán a ser inamovibles. ¿Hacía falta ir y volver tan apresurada y desprolijamente con este asunto, en principio tan menor, y generarse un problema encima innecesario cuando hay tantas cosas más serias que resolver?

Aunque, ya metidos en el baile, tal vez era oportuno plantearse otra cuestión más sustantiva: ¿qué habría que hacer realmente con estos feriados creados durante el kirchnerismo y que siempre despertaron y siguen despertando opiniones encontradas en la sociedad, dejarlos como están, moverlos, suprimirlos?

Claro que plantearse esta cuestión ahora, después del despelote, es más difícil que antes. Por el mal manejo oficial parecen haber quedado sacralizadas fechas que tienen poco y nada de sagradas, que para nada expresan consensos más amplios, intensos o significativos que otros feriados “históricos” y mucho más indiscutibles que se vienen moviendo a lunes cada vez que el calendario lo permite. Y eso aunque a las críticas de los organismos de derechos humanos y una amenaza de movilización unificada de la oposición se hayan sumado objeciones de parte del radicalismo, la administración bonaerense e intelectuales en otros aspectos afines al gobierno. Con lo cual lo que sí sucedió fue que este quedó más expuesto que antes a que se lo acusara de indiferente o peor aun contrario a preservar la memoria de la represión ilegal y de “desmalvinizador”, a tono con las críticas que ya venía recibiendo por su política exterior, sin dudas más dialoguista con los británicos e isleños que la preexistente.

¿Hacía falta pagar semejante costo político por la difusa conveniencia económica de acomodar feriados para la mejor promoción del miniturismo? ¿Tanto se temía el reproche de hoteleros y gastronómicos por el fin de los feriados puente que se pasó por alto el despiole que se iba a armar con los defensores de dos fechas con tan obvias implicancias políticas? ¿Y si se previó el conflicto e imaginó que valía la pena correr con su costo, por qué no se planteó ninguna argumentación razonable al respecto?

Podría especularse que polarizar con el kirchnerismo sigue conveniéndole a Macri y su gente, así que no es todo pérdida lo que resulta para él de este entuerto. Una vez más, el gobierno “quiere el cambio”, y no lo dejan; y quienes no lo dejan son de nuevo Cristina, Carlotto, Bonafini, y el peronismo que se deja llevar por ellas como de un bozal. Así que aunque se salgan con la suya en el asunto puntual en discusión, en la escena global todos ellos siguen perdiendo.

El problema con esta posible lectura de las cosas es que ignora lo que el polo oficial va perdiendo de cohesión y credibilidad en batallas que poca gente entiende para qué las libra, y encima dividen a su propio campo, por lo que no quedan más que como fruto de errores y fuente de confusión.

Porque encima pierde la oportunidad de ilustrar en qué consiste el meneado cambio que pretende. Ni ofrece una lectura de la historia reciente alternativa a la que en su momento impuso el kirchnerismo. Una que permita entender cuáles son las nuevas o viejas ideas que nos unen, cuáles los aprendizajes colectivos de nuestras experiencias compartidas con las que pretenderemos enfrentar mejor los desafíos que tenemos por delante.

Para lo que el gobierno de Macri quiere representar tal vez una alternativa mejor hubiera sido mantener esas dos fechas, pero que no fueran feriados, y darles en serio el sentido de jornadas de reflexión, para que en las escuelas, los medios y la vida pública en general se discuta y aprenda de lo que nos ha sucedido. Todo lo contrario de lo que hizo el kirchnerismo con ellas, porque las consagró como ocasión para autocelebrarse y descalificar a sus adversarios, promoviendo visiones maniqueas y equívocas del pasado reciente, que no conformaban a buena parte de la sociedad, y lo sabía muy bien, pero eso no importaba porque el estado las mandaba a la costa gastar, descansar y desentenderse del asunto.

Otra posibilidad era restablecer las fechas que antes del kirchnerismo representaban y conmemoraban la soberanía en Malvinas y de la defensa de los derechos humanos, no la guerra ni la dictadura: el 10 de junio y el 10 de diciembre. Dos fechas menos militarizadas y menos sesgadas por una lectura equívoca del pasado, y que hubiera sido difícil que la oposición objetara con argumentos serios. ¿Qué se recuerda finalmente el 24 de marzo, la ocasión en que un grupo de militares enceguecidos sumió en la desgracia a un país compuesto de buena gente, o el momento en que los errores y abusos sin límite de la política civil que habíamos sabido conseguir convenció a esa sociedad de que peor no podía estar y la arrojó en brazos de sus mesiánicos uniformados? Y con el 2 de abril las cosas tal vez sean aun peores, porque ¿qué recordamos ese día, una guerra que no debió ser o que no debimos perder?; ¿una causa nacional sellada con la sangre de los caídos o el imperdonable abrazo que buena parte de la sociedad brindó a sus mesiánicos salvadores en su más destructiva aventura?

El problema de fondo detrás de este episodio tal vez no sea solo que estamos muy divididos respecto a estas interpretaciones posibles y que es mejor no agitarlas demasiado. Es también y por sobre todo que al gobierno actúa como si estos asuntos le resultaran del todo indiferentes, tal vez porque piense que puede pasar a la historia sin meter las patas y las manos en el barro que la compone. Que es posible lograr los cambios que pretende, perdurar y dejar atrás la decadencia surfeando por encima de todas estas enredadas discusiones. Pues resulta que no va a poder. Así que ojalá la próxima vez nos ofrezca algún argumento.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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