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El Gobierno en cenizas
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
27 de enero de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) Si bien no ha producido un número similar de muertes, el gran incendio de 2017 tendrá costos comparables a los que produjo el tsunami de 2010. Los estragos que ha producido el fuego serán visibles por años y la gente recordará este verano con dolor e impotencia. Igual que hace siete años, queda la sensación de que el dolor causado por la tragedia pudo haberse minimizado si el Gobierno hubiera respondido a tiempo.
 
 

(El Líbero) Resta por verse si los presidenciables del centroderechista Chile Vamos resultarán beneficiados por la crisis en que está sumido el Gobierno producto de los numerosos incendios que han destruido partes importantes de la zona central del país, o si los candidatos presidenciales del oficialismo pagarán costos por preferir criticar a la derecha antes que denunciar las ineficiencias del Ejecutivo.

Pero es evidente que el Gobierno de la Presidenta Bachelet está atravesando por una crisis parecida a la que generó el tsunami de 2010. Más preocupada de pelear con la oposición que de demostrar capacidad para combatir el fuego, La Moneda está actuando reactivamente y, hasta ahora, parece incapaz de tomar el control de la situación. Aunque desde que estalló el escándalo Caval había sospechas de que nadie estaba al control del timón del barco presidencial, ahora que el fuego causa estragos en la zona central es evidente que no hay una persona que dé órdenes y sea capaz de coordinar los heroicos esfuerzos de los que ahora combaten las llamas.

Si bien no ha producido un número similar de muertes, el gran incendio de 2017 tendrá costos comparables a los que produjo el tsunami de 2010. Los estragos que ha producido el fuego serán visibles por años y la gente recordará este verano con dolor e impotencia. Igual que hace siete años, queda la sensación de que el dolor causado por la tragedia pudo haberse minimizado si el Gobierno hubiera respondido a tiempo. El ejemplo más simbólico de la tardía respuesta de la autoridad esta vez fue la iniciativa privada que gestionó el arriendo del SuperTanker: aunque no se sabe si es el mecanismo más efectivo para combatir incendios, la alegría que produjo la llegada del gigantesco avión se explica por la desesperación de la gente que veía que los esfuerzos oficiales no daban abasto para controlar el desastre.

Pese a lo desesperado de la situación, el Gobierno parece más interesado en discusiones bizantinas y en criticar el aprovechamiento político que hace la oposición. Por un lado, el director de CONAF salió a decir que los “aviones más grandes no sirven para combatir los incendios forestales”. Sin entender que es mejor tener zapatos que te queden grandes que no tener zapatos, Aarón Cavieres se convirtió en el símbolo de un Gobierno que se dedica a mirarle los dientes a un caballo regalado.

A su vez, porque tiene la mente puesta en lo que va a pasar en noviembre más que en el sufrimiento de los afectados por el fuego, el Gobierno de la Nueva Mayoría quiere evitar que la oposición haga lo único que puede hacer: ofrecerle a la gente una forma distinta de hacer las cosas. Por cierto, la Nueva Mayoría en su momento también aprovechó los escándalos que ocurrieron en la administración anterior para llevar agua a su molino. El escándalo por el fallido censo de 2012 o los errores en la Encuesta CASEN fueron rápidamente aprovechados por la entonces oposición para pasar el mensaje de que ellos hubieran hecho las cosas de otra forma.

Es verdad que para muchos puede resultar chocante que la oposición aproveche políticamente la incapacidad del Gobierno. Pero resulta difícil imaginar qué más podría haber hecho. Ante un Gobierno paralizado o que llega tarde, es imposible que la oposición pueda guardar silencio. Cuando la gente clama por ayuda, un Gobierno que incumple su deber de ayudar no tiene autoridad moral para criticar a los que intentan colaborar, aun cuando estén motivados por su propia ambición política.

Cuando inicia su último año en el poder, La Moneda aparece más que deseosa de que todo termine pronto. Aunque ha hecho su mejor esfuerzo por ir a la zona de la catástrofe y probablemente opte por no tomar vacaciones hasta que el fuego esté controlado, la Presidenta Bachelet no tiene ni la energía ni las ganas de convertirse en la líder que coordine todos los esfuerzos para apagar los incendios. Pese a ser de la zona afectada, el ministro del Interior tampoco tiene el perfil para ser el generalísimo de la titánica tarea. La máxima autoridad de CONAF ha sido justificadamente criticada por sus desafortunados comentarios. El Gobierno no parece tener a nadie que se ponga el gorro de jefe y se encargue de coordinar esfuerzos para controlar el incendio. Y como tiene un trauma con la presencia de los militares en las calles—cuestión que nuevamente recuerda a la tardía respuesta ante el terremoto de 2010—, La Moneda tampoco parece inclinada a entregar el mando en la zona al ejército.

Así las cosas, entre las muchas víctimas que ha dejado la seguidilla de incendios en la zona central también podemos contar la posibilidad de que este Gobierno pudiera mostrar alguna recuperación durante su último año en el poder. Cuando el fuego se apague y los afectados comiencen a calcular sus pérdidas, La Moneda también deberá aceptar que buena parte del capital político que le quedaba se habrá convertido en cenizas.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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