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Incendio en Valparaíso: cuando la solidaridad compensa las fallas del Estado
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
15 de abril de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Aunque los chilenos están bien preparados para los terremotos, los incendios devastaron recientemente viviendas en barrios de bajos ingresos en los cerros de Valparaíso mostrando que el país está mal preparado para los desastres provocados por el hombre. Para un país que se enorgullece de ser el país más desarrollado de la región, éste es un fracaso institucional vergonzoso.
 
 

(Buenos Aires Herald) Como sucede normalmente después de una catástrofe natural, los chilenos han mostrado su solidaridad con las víctimas de los trágicos incendios ocurridos en Valparaíso. Los chilenos, como la mayoría de otros latinoamericanos, se han ofrecido para ayudar a sus compañeros extranjeros necesitados en tiempos de desastre. Aunque admirables, las muestras de solidaridad también exponen fallas institucionales. En Valparaíso, la falta de preparación, las políticas anticuadas de urbanización, de vivienda y de la construcción en zonas propensas a incendios forestales y una estructura de servicios de emergencia insuficientemente financiada colaboraron para que el fuego haga una de las peores catástrofes evitables en la historia reciente de Chile.

Una catástrofe natural, como un terremoto o un tsunami, pone a prueba tanto la fortaleza institucional del país afectado como su tejido social. Cuando las instituciones estatales son fuertes, los ciudadanos afectados por la catástrofe natural se sienten protegidos por un sistema institucionalizado de servicios de emergencia y los programas de reconstrucción posteriores. Una sociedad civil fuerte proporcionará la red de seguridad necesaria de apoyo humano. El Estado y la sociedad civil, se complementan entre sí. Mientras que el estado proporciona un marco institucional para la primera respuesta y la reconstrucción, la sociedad civil  ofrece ese valioso y complementario sentido humano.

Con demasiada frecuencia en América Latina, las instituciones disfuncionales han fallado en proporcionar las respuestas adecuadas cuando golpea una tragedia. Las deficiencias institucionales se hacen evidentes cuando un huracán, un terremoto o cualquier otro desastre natural traen la muerte y destrucción. En esas ocasiones, la sociedad civil se prepara para las fallas del Estado. La Iglesia Católica y otras religiones, las organizaciones internacionales y las ONG nacionales a menudo llenan el vacío. Se convierten en los primeros servicios de emergencia - incluso si no han sido debidamente capacitados - y, a menudo, asumen el desafío de la reconstrucción. En esas ocasiones, a pesar de la gratitud que se siente por los esfuerzos realizados por la sociedad civil, hay un gusto amargo en la sociedad. La solidaridad compensó las fallas del sistema institucional para dar una respuesta adecuada a la crisis.

Al igual que los países más desarrollados de América Latina, Chile se enorgullece de contar con instituciones fuertes y un gobierno que funciona bien. La recaudación de impuestos es eficiente, los programas sociales dirigen el gasto a los quintiles de menores ingresos y la corrupción del gobierno se mantiene a raya. Debido a que el país también se ve afectado regularmente por terremotos, los chilenos han desarrollado un fuerte sistema institucional para prepararse para esas catástrofes y hacer frente a sus consecuencias. Las normas de construcción de las obras se aplican estrictamente. Como resultado de cuando los terremotos ocurrieron, algunos edificios están gravemente dañados. En el terremoto del 27 de febrero 2010 solamente un puñado de edificios se cayó. A pesar del fuerte sismo de 8,8 grados, que lo convirtió en uno de los peores terremotos en la historia del mundo, la infraestructura de Chile resistió bien. Un par de edificios de apartamentos se derrumbaron o quedaron inhabitables causando varias muertes en Santiago y Concepción, pero las consecuencias jurídicas para los responsables fueron graves. Un sismo posterior pasó pocos minutos antes de la toma de posesión del presidente Sebastián Piñera el 11 de marzo de 2010. El temblor llevó a muchos de los invitados que asistieron a la inauguración en un manojo de nervios, pero la ceremonia continuó como estaba previsto. Nadie dudaba de que el edificio del Congreso fuera lo suficientemente fuerte como para evitar daños.

Los chilenos no estaban preparados adecuadamente para un tsunami en 2010. La ola masiva que afectó a varias ciudades costeras chilenas pocos minutos después del terremoto causó decenas de muertos. La falta de preparación por parte del gobierno, la ausencia de protocolos para la evacuación de las tierras bajas y un liderazgo errático dio lugar a muchas muertes que podrían haberse evitado. Afortunadamente, las lecciones se aprendieron y cuando un nuevo terremoto fuerte golpeó una zona costera el 1 de abril de 2014, se habían establecido protocolos para evacuar a zonas que pudieran verse afectadas por un nuevo tsunami.

Aunque los chilenos están bien preparados para los terremotos, los incendios devastaron recientemente viviendas en barrios de bajos ingresos en los cerros de Valparaíso mostrando que el país está mal preparado para los desastres provocados por el hombre. Siendo el puerto más importante de Chile, Valparaíso, históricamente se ha visto afectada por incendios. Los fuertes vientos en verano y las lluvias antes del invierno y el difícil acceso a los cerros hacen de la zona un blanco fácil para los incendios forestales. El crecimiento no regulado de viviendas de bajo costo hace que sea difícil para los bomberos llegar a la zona. Hidrantes insuficientes o que no funcionan, hace que la lucha contra el fuego sea casi imposible cuando los bomberos hacen lo imposible para llegar allí. En febrero de 2007, un incendio provocado por un cortocircuito eléctrico arrasó parte de la ciudad de Valparaíso, destruyendo edificios históricos de la ciudad nombrados por la UNESCO como sitios del patrimonio mundial. En febrero de 2013, otro incendio arrasó decenas de viviendas de bajos ingresos en Rodelillo, otro cerro de Valparaíso.

El incendio del 12 de abril, el más grande en más de un siglo, expuso la insuficiente preparación en Chile para este tipo de catástrofes. Como resultado del vacío institucional, hemos visto el surgimiento de la solidaridad. Una sociedad civil activa se ha reforzado. Por desgracia, a pesar del fuerte sentido de comunidad y solidaridad que los chilenos han demostrado, las acciones de la sociedad civil también están presentando un vacío que expone las deficiencias institucionales injustificadas en la preparación para los desastres recurrentes provocados por el hombre. Para un país que se enorgullece de ser el país más desarrollado de la región, éste es un fracaso institucional vergonzoso.

Patricio Navia es consejero académico de CADAL.

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Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 15 de abril de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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