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¿Para qué sirve la OEA?
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
25 de marzo de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) Es fácil, pero está mal culpar al Secretario General de la OEA, que tiene poco más de un año para completar su segundo y último mandato de cinco años. Insulza y la OEA no pueden tomar decisiones por cuenta propia. Ellos están obligados por los Estados miembros. Como diferentes países tienen opiniones muy diferentes sobre lo que debe hacerse en Venezuela, la OEA no ha sido capaz de ponerse de acuerdo sobre un mandato claro.
 
 

(Buenos Aires Herald) Es un error culpar a la Organización de Estados Americanos (OEA) por su falta de iniciativa en dar un paso hacia adelante para ayudar a facilitar una salida a la crisis social, económica y política en Venezuela. La OEA no puede hacer más que lo que sus países miembros quieren que haga. La insuficiente participación de la OEA en la crisis venezolana resulta de la falta de interés por parte de los líderes latinoamericanos para ayudar a preservar la democracia en Venezuela, garantizar el derecho de la oposición para expresar su descontento y facilitar un diálogo significativo entre las partes involucradas.

El gobierno de Nicolás Maduro y la oposición en Venezuela no coinciden en casi nada. El gobierno acusa a la oposición de querer desestabilizar al gobierno. A los ojos de los seguidores chavistas, la oposición quiere ganar en las calles lo que no podría ganar en las urnas, el apoyo popular de la mayoría. La oposición y muchas organizaciones de derechos humanos acusan al gobierno de utilizar la mano dura para reprimir a los manifestantes que están ejerciendo su derecho constitucional a manifestarse en contra del gobierno. Los opositores de Maduro sostienen que el hecho de que el gobierno los acusa de golpistas es evidencia de su falta de valores democráticos.

Como normalmente sucede cuando las posiciones políticas crecen cada vez más polarizadas, ambos lados tienen buenos puntos, pero también han cometido errores. Hay muchos entre la oposición que no han podido mostrar su compromiso y respeto de los principios democráticos y el gobierno también tiene un récord de escaso respeto por las instituciones democráticas y los derechos humanos.

Precisamente porque hay mucho espacio para un tercer partido creíble para intervenir y mediar entre las fuerzas moderadas en el gobierno y la oposición, muchos venezolanos están decepcionados por la OEA por no hacer lo que, en su opinión, es su obligación. José Miguel

Insulza, Secretario General de la OEA ha sido vilipendiado por amigos y enemigos del gobierno de Maduro por su aparente falta de interés en participar como partido para mediar en el conflicto. De hecho, parece que una de las pocas cosas que el gobierno venezolano y la oposición concuerdan es que la OEA no ha logrado cumplir con su misión de garantizar la continuidad del régimen democrático y el respeto de los derechos humanos.

Es fácil, pero está mal, culpar al Secretario General de la OEA, que tiene poco más de un año  para completar su segundo y último mandato de cinco años. Insulza y la OEA no pueden tomar decisiones por cuenta propia. Ellos están obligados por los Estados miembros y deben implementar las decisiones adoptadas por los Estados miembros e Insulza no puede optar por tomar un papel más activo.

Como diferentes países tienen opiniones muy diferentes sobre lo que debe hacerse en Venezuela, la OEA no ha sido capaz de ponerse de acuerdo sobre un mandato claro. Mientras que el gobierno estadounidense está inclinado a apoyar a los manifestantes, la mayoría de las naciones latinoamericanas están tomando partido con el gobierno de Maduro. Después de todo, para muchos países que experimentaron golpes militares apoyados por EE.UU. en las décadas de 1960 y 1970, la situación en Venezuela es una reminiscencia de sus averías democráticas, donde la oposición se aprovecha de una situación económica calamitosa para derrocar al líder demócrata de la nación, con el apoyo implícito del gobierno estadounidense. Ante ese escenario, pocas de las democracias latinoamericanas están dispuestas a arriesgarse a ser percibidas como minando un gobierno elegido democráticamente.

Sin embargo, como las manifestaciones callejeras han demostrado en repetidas ocasiones, Venezuela está pasando por momentos difíciles. La crisis económica es grave y probablemente empeorará. El crimen está fuera de control. El gobierno de Maduro ha sido incapaz de frenar la corrupción y restaurar el orden. Las personas están descontentas y culpan al gobierno por la situación económica, aunque probablemente también culpan a la oposición por estar más preocupados por la búsqueda de destituir a Maduro que de arreglar los problemas que aquejan a los venezolanos sobre una base diaria. La situación es crítica y exige que los líderes políticos de América Latina se levanten y ayuden a encontrar una solución.

Por diferentes razones, los presidentes latinoamericanos han mostrado poco interés en involucrarse. Con las elecciones de este año, los presidentes brasileño y colombiano se concentran en su propia elección. Argentina está atravesando sus propios tiempos turbulentos. El presidente de Perú ha mostrado poco interés en ser un líder regional activo. Los líderes de Bolivia y Ecuador son partidistas a favor de Maduro. México ha dejado claro que ve su área de influencia en América Central. La flamante Presidente de Chile no quiere alienar a sus compañeros de coalición –algunos de los cuales están firmemente con Maduro y otros fuertemente con la oposición. La falta de interés que desata la crisis venezolana en las ciudades capitales de América Latina hace que la OEA sea incapaz de asumir un papel más fuerte.

La OEA no ha podido participar más activamente en la crisis venezolana, pero la culpa no debe colocarse sobre Insulza, su Secretario General. Si la OEA no está más involucrada, es porque sus miembros no están dispuestos a levantarse en defensa de la democracia en Venezuela.
 
@patricionavia

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 25 de marzo de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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