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El Salvador y Costa Rica: Disminución de la participación electoral
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
4 de febrero de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) La democracia funciona cuando la gente vota. Sin embargo, para que las personas quieran votar, deben poder ver opciones que ofrezcan diferentes resultados. En El Salvador y Costa Rica, muchas personas optaron por abstenerse porque no piensan que el país está en crisis o simplemente no perciben muchas diferencias entre las opciones que ofrecen los distintos candidatos.
 
 

(Buenos Aires Herald) Como ningún candidato obtuvo la mayoría de los votos en las elecciones presidenciales en El Salvador y Costa Rica, la segunda vuelta se llevará a cabo el 9 de marzo y el 6 de abril, respectivamente. Los resultados esperados en El salvador, donde el candidato del partido de izquierda FMLN obtuvo poco menos de la mayoría absoluta de votos y los resultados un tanto inesperados en Costa Rica, donde el candidato del partido centrista PLN competirá contra un candidato sorpresa de centro-derecha, tienen una semejanza preocupante. 

La participación fue baja en ambos países. No votaron casi la mitad de los electores habilitados en El Salvador, un país con una historia de violencia y democracia débil, y el 30 por ciento de los electores en Costa Rica, la democracia más estable y económicamente desarrollada en América Latina. Ya sea porque la gente no cree que las elecciones sean importantes o no cree que su voto tenga un efecto sobre las políticas que el próximo gobierno implementará, se observó una disminución en los niveles de participación electoral en Costa Rica y El Salvador, pero también en otros lugares en América Latina, lo cual es un signo preocupante del estado de las democracias de América Latina.

En El salvador, el presidente saliente Mauricio Funes es significativamente más popular que el FMLN, el ex grupo guerrillero que se convirtió en partido político y alcanzó el poder en 2009. A pesar del mediocre crecimiento económico (dos por ciento en promedio durante los últimos cuatro años), Funes ha sido el presidente más popular en el país desde que terminó la guerra en 1989. La violencia causada por las pandillas callejeras, conocidas como maras en Centroamérica, ha debilitado la capacidad del gobierno para garantizar la seguridad ciudadana. A un estado débil que es incapaz de satisfacer las necesidades básicas de un gran segmento de la población, ciertamente le será difícil motivar a la gente a que sean ciudadanos comprometidos. No es sorpresa que El Salvador haya tenido históricamente una escasa participación electoral. Sin embargo, la participación disminuyó en un 10 por ciento entre 2009 y 2013. Si el 63% por ciento de los votantes habilitados participaron en las elecciones que trajo a Funes a la Presidencia, sólo el 53 por ciento votó el domingo 2 de febrero pasado. 

El candidato del partido FMLN Salvador Sánchez recibió el 49 por ciento, poco menos de la mayoría absoluta necesaria para evitar una segunda vuelta. Sin embargo, por cada 10 votos que iban para Funes en el 2009, sólo ocho se preocuparon por emitir su voto para el candidato de 2014 del partido en el poder. Los salvadoreños continúan apoyando a Funes y Sánchez muy probablemente ganará la segunda vuelta, pero casi la mitad de los votantes optaron por no participar en el proceso democrático. 

En Costa Rica, la presencia de tres candidatos fuertes de la oposición, uno a la izquierda y dos a la derecha del PLN, partido gobernante de centro, transformó la primera ronda electoral en un concurso para calificar para la segunda vuelta el 6 de abril. El candidato del partido gobernante fue Jhonny Araya, el ex alcalde de la ciudad capital de San José y un miembro de una familia con una larga trayectoria en la historia política. Enemigo de la saliente presidente Laura Chinchilla, Araya intentó aprovechar la baja aprobación presidencial de Chinchilla.

Aunque pertenecen al mismo partido, Araya creíblemente podría distanciarse de Chinchilla, la Presidente menos popular en Costa Rica en más de una década. Araya se benefició del moderado crecimiento económico en los últimos años (cinco por ciento). En una acalorada campaña, Araya logró obtener casi el 30 por ciento de los votos, poco por debajo del 31 por ciento recibido por Luis Solís, un candidato de centro-derecha que pretende ocupar el vacío dejado por la desaparición del PSUC social cristiano.

Después de una serie de escándalos hace una década, que resultó en la detención de un ex Presidente del PSUC, el sistema costarricense quedó inestable. A pesar de las predicciones de las encuestas preelectorales, sorprendentemente Solís recibió más votos que José Villalta (17%), el joven candidato de una coalición de izquierda emergente. Históricamente, la abstención en Costa Rica fue baja, en torno al 20 por ciento. Sin embargo, desde los escándalos políticos en la década de 1990, la abstención creció al 30 por ciento. El domingo 2 de febrero se mantuvo en ese nivel.

Ahora que el candidato de izquierda está fuera de carrera muchos temen que la participación en la segunda vuelta sea incluso menor ya que los votantes de izquierda tendrían que elegir entre Araya, un centro-izquierda y Solís, un candidato de centro-derecha, por lo cual podrían optar por quedarse en casa.  

En los últimos años, la participación electoral también ha estado en decadencia en otras partes de América Latina. La más reciente elección presidencial en Chile tuvo la participación más baja desde que se restableció la democracia en 1990. Cuando la economía va bien y los problemas no son críticos, menos gente presta atención a la política. Sin embargo, cuando la gente percibe que, independientemente de la situación económica, los gobiernos de diferentes inclinaciones ideológicas implementan políticas similares, tienen poco incentivo para participar. ¿Por qué preocuparse en votar si el patrón de gobierno será el mismo independientemente de quién gane?

La democracia funciona cuando la gente vota. Sin embargo, para que las personas quieran votar, deben poder ver opciones que ofrezcan diferentes resultados. En El Salvador y Costa Rica, muchas personas optaron por abstenerse porque no piensan que el país está en crisis o simplemente no perciben muchas diferencias entre las opciones que ofrecen los distintos candidatos.

@patricionavia

Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 4 de febrero de 2014 en el diario Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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