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El Pacífico abierto y el Atlántico cerrado
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
15 de enero de 2014
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) La Alianza del Pacífico ha avanzado sin la fanfarria que normalmente acompaña a las nuevas iniciativas de integración. Sin embargo, en sus tres años de existencia, la Alianza del Pacífico ha logrado verdaderos progresos. Además del movimiento para integrar los mercados de la bolsa de valores de Colombia, Chile y Perú, la Alianza del Pacífico ha hecho progresos reales en la creación conjunta de embajadas en países asiáticos y africanos, donde los países miembros no tenían representación previa.
 
 

(Buenos Aires Herald) Tras las relaciones amistosas entre los líderes latinoamericanos se esconde una tensión entre dos modelos de integración económica y política. Mientras que los líderes pro-mercado se han congregado alrededor de la Alianza del Pacífico y se concentraron en promover la integración económica, los líderes que están a favor de un mayor rol del Estado siguen favoreciendo a otras iniciativas de integración como el Mercosur o Unasur.

La aparición de los bloques del Pacífico y Atlántico redefinirá las alianzas políticas en los próximos años en América Latina. La Presidente electa de Chile, Michelle Bachelet y los próximos a ser elegidos como Presidentes de Costa Rica y El Salvador serán fundamentales para inclinar la balanza a favor de la alternativa del Pacífico favorable al mercado por encima de la iniciativa del Atlántico impulsada por el Estado.

Tres años después de que Luis Inácio Lula da Silva se retiró del poder en Brasil y casi un año después de la muerte de Hugo Chávez, las iniciativas de integración latinoamericana no son regularmente titulares de noticias. Parte del problema radica en su número excesivo. Dependiendo de cómo se cuente, el número de iniciativas de integración es más grande que el número real de los países de América Latina.

El hecho de que éstos fueran promovidos con tanto entusiasmo por Lula y Chávez, dos líderes muy carismáticos, hace de la Unasur y el ALBA dos de las iniciativas de integración más populares en la región. Aunque ya no tienen su principal promotor empujándolos hacia adelante, tanto la Unasur, inicialmente promovida por Lula y el ALBA, una iniciativa liderada por Chávez, no deberían ser dadas por muertas. Ambas alianzas se basan en la premisa de que la integración política conduce a la integración económica y comercial. Así, la voluntad política de los gobiernos interesados en fortalecer los vínculos dentro de la región es una condición necesaria para avanzar en estas iniciativas. Desafortunadamente, en los últimos años las prioridades políticas de Brasil, Argentina y Venezuela; los principales países involucrados en el apoyo a Unasur y al ALBA, ha sido lenta.

Al mismo tiempo, otros países de la región han impulsado una iniciativa diferente. La Alianza del Pacífico, que agrupa a México, Colombia, Perú y Chile, ha puesto más énfasis en la economía y el comercio que en la integración política. Aunque los gobiernos de esos países son de centro-derecha, las similitudes políticas se han usado para el objetivo común de promover la integración favorable al mercado sin depender de la ideología política del gobierno de turno. Aunque las implicancias del liderazgo estratégico y político son inevitables cuando hay una nueva iniciativa de integración, los países miembros de la Alianza del Pacífico han hecho un esfuerzo por evitar ser etiquetados como ideologías opuestas al ALBA o un contrapeso regional al rol hegemónico interpretado por Brasil durante el gobierno de Lula. Precisamente porque quería evitar una confrontación abierta con Venezuela y Brasil, la Alianza del Pacífico ha avanzado sin la fanfarria que normalmente acompaña a las nuevas iniciativas de integración. Sin embargo, en sus tres años de existencia, la Alianza del Pacífico ha logrado verdaderos progresos. Además del movimiento para integrar los mercados de la bolsa de valores de Colombia, Chile y Perú, la Alianza del Pacífico ha hecho progresos reales en la creación conjunta de embajadas en países asiáticos y africanos, donde los países miembros no tenían representación previa.

Recientemente Panamá y Guatemala han expresado interés en unirse a la Alianza del Pacífico. Dependiendo de los resultados de las elecciones presidenciales en Costa Rica y el Salvador, esos dos países podrían también convertirse en candidatos potenciales para incorporarse a la Alianza del Pacífico. Aunque las coaliciones gobernantes de centro izquierda tienen probabilidades de conservar el poder en ambos países, una sorprendente victoria de la oposición derechista, un posible resultado en El Salvador, será más fácil para que la Alianza del Pacífico atraiga nuevos miembros.

La reciente elección presidencial en Chile pondrá a prueba la solidez de la Alianza del Pacífico. La Presidente electa Bachelet está ideológicamente más cerca a los gobiernos de izquierdas que impulsan iniciativas estatistas con foco en el océano Atlántico. Bachelet probablemente buscará fortalecer las relaciones con Brasil en lugar de profundizar la Alianza del Pacífico. Aún así, porque la Alianza del Pacífico ha sido diseñada como una iniciativa gradual y pragmática de comercio e intercambio, Bachelet todavía puede fortalecer su alianza política con Brasil y la iniciativa Atlántica sin socavar el progreso lento y gradual de la Alianza del Pacífico.

La historia de América Latina está llena de iniciativas de integración fallida y de corta duración. Cada presidente exitoso en los países grandes ha tratado de crear una nueva institución que promueva a la integración. El diverso y a menudo confuso mapa de integración que existe en la actualidad es un testimonio de la falta de continuidad y el escaso seguimiento que ha caracterizado a la integración de América Latina en las últimas décadas. Como los países del Atlántico, liderados por Brasil y Venezuela continúan impulsando a las iniciativas de integración que dependen de la voluntad política del gobierno en el poder, los países del Pacífico están probando un nuevo enfoque. La Alianza del Pacífico se basa en la premisa de que pueden lograrse progresos incluso en la ausencia de voluntad política y consideraciones estratégicas. Si sobrevive el aparente cambio en el enfoque estratégico para el Atlántico, que la próxima Presidente de Chile Michelle Bachelet parece decidida a sostener, entonces la alianza del Pacífico puede llegar a alcanzar más éxito que otras iniciativas de integración que América Latina ha visto en las últimas décadas.

@patricionavia es miembro del Consejo Académico de CADAL.

Este artículo fue originalmente publicado en inglés en el diario The Buenos Aires Herald, el 14 de enero de 2014.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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