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Disminución de las expectativas por promesas brasileñas
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
27 de diciembre de 2013
Patricio Navia
(Buenos Aires Herald) El mundo estará prestando mucha atención a Brasil en el 2014. Al igual que los aficionados al fútbol que en todas partes hacen sus apuestas sobre el favoritismo de Brasil para convertirse en el próximo campeón del mundo, los observadores evalúan las posibilidades del país en el crecimiento económico. Aunque no será fácil ganar la copa, será aún más difícil de implementar reformas para fomentar la competencia, mejorar la eficiencia del gasto del gobierno, combatir la corrupción y mejorar la productividad.
 
 

(Buenos Aires Herald) Mientras se prepara para recibir el Mundial de Fútbol por segunda vez en su historia, Brasil genera más dudas que entusiasmo sobre su futuro económico. Cuando la FIFA, la Organización Mundial de fútbol, anunció en 2003 que Brasil sería la sede de la Copa del mundo, Brasil fue ampliamente considerado como una estrella en ascenso entre los mercados emergentes. Aunque la nación más grande en América Latina sigue siendo el favorito abrumador para ganar la copa por sexta vez en su historia, las probabilidades están en contra de Brasil para que cumpla su potencial de convertirse en una superpotencia económica mundial.

La primera vez que Brasil organizó la Copa del Mundo fue en 1950. En ese momento, el país estaba experimentando un período de rápido crecimiento económico. Bajo el modelo de las políticas de sustitución de importaciones, Brasil se industrializó rápidamente. Los planes para construir una nueva ciudad capital estaban en marcha (aunque en realidad Brasilia se construyó entre 1956 y 1960). Si bien se estima que más de la mitad de los 52 millones de habitantes vivían en la pobreza con sólo el 34% viviendo en áreas urbanas, la rápida industrialización tuvo como resultado una explosión urbana. La migración desde las zonas rurales hacia mejores condiciones de vidas produjo una explosión demográfica, incluyendo mejor acceso a salud, educación, mortalidad infantil más baja y más esperanza de vida. En 1960, Brasil tenía más de 72 millones de personas, con más de la mitad de ellos viviendo en zonas urbanas. Como es bien sabido, Brasil perdió la Copa del Mundo de 1950 en el partido final contra Uruguay, el “Maracanazo”. Esa derrota se mantiene como el momento más humillante de la exitosa historia futbolística de la nación.

Más que el Maracanazo, la historia real de la derrota de aquellos años era la imposibilidad de Brasil de convertirse en la primera nación de América Latina en ser industrializada. La presión generada por el crecimiento acelerado de la población hizo insuficientes los esfuerzos de industrialización.  El país se desarrolló, pero no lo suficientemente rápido para satisfacer las necesidades de la población que crecía rápidamente. Al final, el modelo económico de sustitución de importaciones fracasó y el país experimentó un período de crisis económica y política que se prolongó a lo largo de la década de 1980. Una década después de la restauración de la democracia en 1985, Brasil nuevamente se dirigía en la dirección correcta. Bajo el liderazgo del Presidente Fernando H. Cardoso, Brasil atrajo nuevamente la atención del mundo. Agrupado junto con Rusia, India y China en los BRIC, el grupo de las economías emergentes más grandes del mundo, Brasil generó altas expectativas sobre su futuro económico y político. En 2002, con la elección del Presidente Lula, un líder sindical nacido en la pobreza que se convirtió en un líder nacional en la lucha para restaurar la democracia, Brasil parecía dispuesto a asumir el papel de líder regional y mundial. La campaña para traer la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos a Brasil promovida por el gobierno de Lula fue pensada como una señal de que Brasil estaba dispuesto a asumir los derechos y responsabilidades de un líder mundial.

Pocos meses antes del partido inaugural de la Copa del Mundo, mucha gente duda de que Brasil cubra las altas expectativas que fijó para sí mismo. Los preparativos para el evento futbolístico más importante del mundo están retrasados. Varios de los proyectos de infraestructura inicialmente anunciados por el gobierno no se completarán, algunos han sido abandonados completamente. Aunque los brasileños aún esperan organizar la Copa del Mundo más memorable nunca antes vista, el evento no será la confirmación de que Brasil está listo para entrar en el selecto club de los líderes mundiales.

Además, la economía brasileña se está desacelerando. Después de siete por ciento de crecimiento en el 2010, la economía ha crecido un exiguo 2 por ciento promedio anual desde entonces. Aunque la población que vive en la pobreza ha disminuido de más del 30 por ciento en 2005, a menos del 20 por ciento en 2012, el enfriamiento de la economía ofrece una visión menos optimista para los próximos años. La inflación (seis por ciento en 2014) y los persistentes altos niveles de desigualdad son cargas adicionales para un país que ha luchado por permanecer en la senda del crecimiento y la inclusión social.

Políticamente, el gobierno de izquierda de la Presidenta Dilma Rousseff también tiene problemas. Las protestas callejeras en 2013 destacan el creciente descontento en las zonas urbanas con el gasto cuantioso en las preparaciones de la Copa del Mundo y el insuficiente gasto en los programas de mitigación social y de pobreza. Aunque la aprobación de Dilma Rousseff ha mejorado desde las protestas, y sigue siendo favorita para ganar la reelección en octubre, la sacudida política del año pasado puso en relieve la naturaleza frágil de la estabilidad social y política en uno de los países más desiguales del mundo.

El mundo estará prestando mucha atención a Brasil en el 2014. Al igual que los aficionados al fútbol que en todas partes hacen sus apuestas sobre el favoritismo de Brasil para convertirse en el próximo campeón del mundo, los observadores evalúan las posibilidades del país en el crecimiento económico. Aunque no será fácil ganar la copa, será aún más difícil de implementar reformas para fomentar la competencia, mejorar la eficiencia del gasto del gobierno, combatir la corrupción y mejorar la productividad. El hecho de que las perspectivas para el crecimiento económico de Brasil son tan bajas puede ser en sí mismo una oportunidad para Brasil, para sorprender al mundo en el 2014. Aunque ganar el Mundial hará feliz a los brasileños, el restablecimiento económico sería aún mejor, tanto para Brasil como para el resto del Latinoamérica.

Este artículo fue originalmente publicado en inglés en el diario The Buenos Aires Herald.

Traducción de Wanda A. Di Rosa y Hernán Alberro.

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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