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Democracia, instituciones, corrupción
Por Adolfo Garcé
13 de diciembre de 2017
Adolfo Garcé
(El Observador) América Latina llegó tarde a la democracia. Hubo que esperarla hasta el último cuarto del siglo XX. Desde fines de la década del setenta en adelante hay elecciones (generalmente) libres y sin trampas. Pero la corrupción viene al galope, carcomiendo la confianza en las instituciones políticas.
 
 

(El Observador) Desde fines de octubre está disponible el informe Latinobarómetro 2017.1 El reporte ratifica lo que venimos sospechando de un tiempo a esta parte. La distancia entre la ciudadanía y sus representantes tiende a crecer en América Latina. En ese panorama, la democracia uruguaya sigue mostrándose vital. Dado que es imposible en este espacio repasar la información en detalle, me quiero detener en la información aportada sobre tres temas fundamentales: actitudes sobre la democracia, sobre las instituciones políticas y sobre la corrupción como problema.

Latinobarómetro usa una amplia batería de indicadores para explorar el humor ciudadano en relación a la democracia. Primero: el apoyo a la democracia no mejora. Dice el Informe: "El lento declive de la democracia es invisible, como la diabetes, podemos constatar la existencia del problema, pero salvo excepciones los países no acusan síntomas que llamen a la alarma de los actores políticos y sociales. La indiferencia ante el tipo de régimen aumenta a 25% de un 23% en 2016". La mejora en el crecimiento económico entre 2016 y 2017 no implicó, por tanto, una mejora en este indicador. La política tiene su propia lógica: "El desencanto con la política está teniendo consecuencias para la democracia". Segundo: tampoco mejora la evaluación de la democracia. Solamente un 5% de los ciudadanos latinoamericanos dice que hay "plena democracia". La suma de los que consideran la "democracia con problemas" alcanza un 72% de la población de la región. Tercero: cae la satisfacción con la democracia: "La satisfacción con la democracia cae por cuarta vez consecutiva de 34% en 2016, a 30% en 2017". Una vez más, este deterioro ocurre en el contexto de crecimiento económico: "la evidencia indica que son los factores políticos que conducen estos indicadores a una caída mucho más que los económicos". Cuarto: crece levemente el porcentaje de los que consideran que la democracia no defiende los intereses de la mayoría: el 75% opina que "se gobierna para unos cuantos grupos poderosos". Aristóteles diría: los pobres perciben que gobiernan los ricos (más que gobierno democrático, gobierno oligárquico).

Otro gran paquete de variables estudiadas refiere a las instituciones (no se miden todas las instituciones existentes sino una lista corta). Como es tradicional la iglesia (65%) es la institución que inspira más confianza en la región. En segundo lugar, las fuerzas armadas (46%). Apenas el 22% de los latinoamericanos confían en el Parlamento, a pesar de que hace más de tres décadas que existen elecciones libres en la región. La institución que genera menos confianza son los partidos políticos (15%). El dato es tremendo. Dice textualmente: "La confianza en los partidos políticos es la más baja de la lista de instituciones de la democracia, y de las medidas en el año 2017. Sólo un 15% de los latinoamericanos confía en los partidos políticos. El mínimo que han alcanzado es 11% en el año 2003, el máximo fue 28% en el año 1997, hace veinte años. El país que más confía en los partidos políticos es Uruguay con 25%, y el que menos Brasil con 7%. La baja confianza en los partidos políticos coincide con la atomización de los sistemas de partidos que está teniendo lugar, así como con la crisis de representación y el desencanto con la política, temas que abordamos en otras secciones de este mismo informe". 

El Informe también aporta información relevante y preocupante sobre "percepción de la corrupción". Si en lo relacionado con lo democracia y las instituciones el Informe enciende luces amarilles, cuando se ocupa de la corrupción aparecen, directamente, luces rojas: "La corrupción ya es un problema regional, cuando hace menos de 10 años no aparecía en la lista de problemas nacionales sino en un par de países. Esa es la medida del avance de la corrupción, mucho más que medir cuanto se ha avanzado en la lucha contra la corrupción, estos datos dan cuenta del altísimo grado de penetración de la corrupción en la región". Desde luego, hay diferencias según los países: "Si miramos el resultado por país vemos que en Brasil es el primer problema con un 31%, en Colombia es el primer problema con el 20%, y en Perú es el segundo problema con el 19%. En México la corrupción está en el tercer lugar con el 13%. Brasil y Colombia son los países con la corrupción como problema principal, pero la corrupción se ha apoderado de la agenda en la región en muchos otros países al llegar al cuarto lugar como el problema más importante". La corrupción, según la opinión pública de la región, es alta y omnipresente: "Medida con una escala de 1 a 10, donde 1 es "nada" y 10 es "mucha", ninguno de las instituciones u organismos medidos obtiene menos de 7.1. Los grados de corrupción percibidos en la región son muy altos. Los latinoamericanos ubican el grado de corrupción de los gobiernos en el 7.5, el congreso, las municipalidades y los tribunales de justicia en el 7.4. Los sindicatos y las grandes empresas en el 7.1. Un juicio lapidario que deja poco espacio para analizar". 

América Latina llegó tarde a la democracia. Hubo que esperarla hasta el último cuarto del siglo XX. Desde fines de la década del setenta en adelante hay elecciones (generalmente) libres y sin trampas. Pero la corrupción viene al galope, carcomiendo la confianza en las instituciones políticas.

1. Disponible aquí

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.
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