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El «agente Ríos» y el uso político del pasado como dilema
Por Adolfo Garcé
26 de octubre de 2017
Adolfo Garcé
(El Observador) El de los socialistas uruguayos ha sido, y sigue siendo, un partido de capas medias, de profesores, intelectuales y profesionales. No pueden pretender seguir teniendo el apoyo de sectores ilustrados de la sociedad sobre la base de cuestionar a la ligera el trabajo de periodistas profesionales y de negar información que está al alcance de la mano.
 
 

(El Observador) La semana pasada en el programa En la mira, Gabriel Pereyra informó que Vivian Trías, un ícono del Partido Socialista en los sesenta, fue reclutado en 1964 por la agencia de inteligencia del gobierno comunista de Checoslovaquia. Según consta en archivos de libre acceso, el "agente Ríos" reclutó también a su esposa y se mantuvo al servicio del STB hasta 1977, es decir, con independencia de los ominosos avatares de la política interna de la República Socialista de Checoslovaquia (antes, durante y después de la intervención militar del Pacto de Varsovia para aplastar la Primavera de Praga). No es difícil comprender que esta revelación sea difícil de manejar para la izquierda uruguaya. Los socialistas, en particular, quedaron colocados ante un dilema difícil de resolver.

La primera reacción de la dirección del Partido Socialista fue más visceral que racional. Un comunicado de su Secretaría General expresó: "En el largo camino de acumulación hacia la construcción de una sociedad Socialista, destacamos como fundamentales los aportes ideológicos del compañero Vivian Trías, cuya trayectoria personal es ampliamente conocida. Los aportes al socialismo nacional desde la raigambre artiguista, constituyen la esencia del pensamiento del compañero Trías, y ella se ha convertido en teoría y forma de análisis del PS. En síntesis: 'el pensar al Socialismo con cabeza propia'. No nos hacemos eco de versiones de prensa basadas en documentación de dudosa verosimilitud. El PS jamás va a mancillar el buen nombre de quien no se pueda defender". Ha pasado casi una semana. Los dirigentes socialistas tuvieron tiempo suficiente como para revisar los archivos, consultar a historiadores y debatir entre ellos. Me pregunto si, ahora, estarán preparados para adoptar un punto de vista más meditado.

Las "versiones de prensa" mencionadas en el comunicado no son de "dudosa verosimilitud". Cualquiera puede comprobar, en los tiempos que corren, desde cualquier computadora con acceso a internet, la solidez de los datos divulgados. Es obvio que la "trayectoria personal" de Trías no era "ampliamente conocida". Por el contrario, una parte fundamental de su vida era secreta, completamente desconocida hasta por sus amigos más cercanos. Es evidente que, desde el afecto y la fe, cuesta mucho creer en las malas noticias (los comunistas tienen mucho para decir sobre esto). Por cierto, a nadie le interesa "mancillar el buen nombre" de nadie. Se trata, sencillamente, de ser honestos, de buscar la verdad, y de atreverse a hablar en voz alta. La izquierda, al menos la de antes, solía decir con el Che Guevara que la "verdad es siempre revolucionaria". Me pregunto si lo siguen pensando. O si consideran que la "verdad es revolucionaria" sí y solamente sí se ajusta a las convicciones, creencias e intereses directamente involucrados.

Los cientistas políticos estamos acostumbrados a aceptar que los partidos procuran ajustar sus discursos públicos a sus intereses políticos (nadie corta la rama del árbol sobre la que está parado). A su vez, los historiadores, en particular a partir de la publicación de La actualidad del pasado de José Rilla, un libro extraordinario, aceptan que la historia es un territorio en disputa. Los partidos adaptan la historia a su conveniencia. La usan y hasta abusan de ella. Tanto los discursos públicos como el uso de la historia tienen consecuencias políticas no triviales. Pero tanto politólogos como historiadores sabemos que todo tiene un límite. Un cambio discursivo brusco, radical, puede afectar la credibilidad del partido. El uso político de la historia, afirmando o negando hechos con excesiva ligereza, también puede ser contraproducente.

Mirado desde este punto de vista, los socialistas enfrentan un dilema muy delicado. Por un lado, están obligados a ser muy cuidadosos. Vivian Trías, para ellos, es un referente simbólico, político y teórico tan importante como el mismísimo Carlos Marx. Trías es reconocido, con toda razón, como protagonista fundamental del proceso de renovación ideológica, estratégica y táctica vivido por el PS desde mediados de los años cincuenta, y que culminó, justamente, con su designación como nuevo secretario general en 1960, en sustitución de Emilio Frugoni, el líder declinante. Aunque ocupó el principal cargo de dirección por solo tres años, su influencia intelectual se prolongó durante los años siguientes. Fue, durante décadas, un pilar central de ese frágil edificio que siempre ha sido el PS. Es lógico que teman afectarlo. Por el otro, están obligados a ser honestos. El de los socialistas uruguayos ha sido, y sigue siendo, un partido de capas medias, de profesores, intelectuales y profesionales. No pueden pretender seguir teniendo el apoyo de sectores ilustrados de la sociedad sobre la base de cuestionar a la ligera el trabajo de periodistas profesionales y de negar información que está al alcance de la mano.

El caso del inesperado "agente Ríos" los dejó en una situación extraordinariamente incómoda. Admito que no es fácil, tanto por razones emotivas como políticas, reconocer la verdad. Trías es demasiado importante en su tradición. Pero mucho peor, creo, es despreciar la inteligencia de propios y extraños barriendo miserias humanas debajo de la vieja alfombra de la Casa del Pueblo.

Fuente: El Observador (Montevideo, Uruguay)

Acerca del autor
Adolfo Garcé
Adolfo Garcé
Doctor en Ciencia Política - Investigador del Departamento de Ciencia Política (Facultad de Ciencias Sociales - Universidad de la República). Autor del libro “Donde hubo fuego: El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)”. Co-autor del libro “La Era Progresista. El gobierno de izquierda en Uruguay: de las ideas a las políticas”. Líneas de investigación: Ideas, discursos y política; tecnocracia y democracia; Ideologías y adaptación partidaria.
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