23.11.2017
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Elecciones 2017 | Un escenario de reelección de Macri, Vidal y Rodríguez Larreta en 2019
Por Carlos Gervasoni
23 de octubre de 2017
Carlos Gervasoni
(TN) Hay, además de algunos logros concretos del Gobierno, algo en el estilo de Cambiemos, en el profesionalismo de su estrategia comunicacional y en el mensaje que bastante uniformemente emiten sus candidatos, que sintoniza bien con las demandas simbólicas de la opinión pública de estos años.
 
 

(TN) 

La primera vez había sido en 2015, cuando ganó desde la oposición una elección presidencial muy cuesta arriba. Esta vez el joven PRO y sus aliados lograron la hazaña de triunfar en los cinco principales distritos electorales del país, ganando además con claridad todos aquellos que gobierna: la CABA, y las provincias de Buenos Aires, Corrientes, Jujuy y Mendoza.

Los logros oficialistas incluyen también triunfos en distritos tradicionalmente peronistas como Chaco, Salta y las pequeñas pero muy simbólicas La Rioja (donde Carlos Menem debió conformarse con la senaduría por la minoría) y Santa Cruz (gobernada por la hermana de Néstor Kirchner).

Los derrotados incluyen no solo a Cristina Kirchner, sino también a otros potenciales aspirantes a competir por la presidencia en 2019: Juan Manuel Urtubey, José Manuel de la Sota o Juan Schiaretti por el PJ cordobés, y Sergio Massa, que salió debilitado de su extraña alianza con Margarita Stolbizer. La fiesta del oficialismo fue apenas empañada por la reversión del resultado en San Luis y La Pampa (en este caso prácticamente un empate), donde los gobernantes peronismos locales lograron esta vez el triunfo, luego de perder sorpresivamente frente a Cambiemos en las PASO.

La dimensión de la victoria de Cambiemos es clara en la siguiente estadística: su aproximadamente 41% de los votos para diputados nacionales en todo el país supera por un 5% a la suma del PJ, Unidad Ciudadana y demás etiquetas con que el Peronismo (kirchnerista y no kirchnerista) compitió en todas las provincias. Ese 41% representa, además, un ascenso notable respecto del 34% de Mauricio Macri en octubre de 2015, y un salto significativo respecto del 37% de las PASO de agosto pasado. Haber obtenido 12 de los 24 senadores en juego resulta otro indicador claro de la magnitud del triunfo oficialista.

¿Qué ocurrió? La explicación más próxima es que desde agosto el gobierno viene logrando crecientes niveles de apoyo en la opinión pública. El Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella (en base a encuestas nacionales de opinión pública) aumentó significativamente en la medición inmediatamente anterior a las PASO de agosto, y volvió a hacerlo en la medición de septiembre.

Para ese mes el Índice había llegado a 2.86 (en una escala de 0 a 5), una cifra comparativamente muy elevada: considérese que Cristina Kirchner nunca alcanzó ese número en sus 8 años de gobierno, ni siquiera cuando fue reelegida con el 54% de los votos en 2011. Es notable que Cambiemos haya logrado este nivel de confianza (que se mantuvo en el sondeo de octubre) con una economía que apenas comienza a recuperarse de la recesión de 2016 y una agenda dominada por el caso Maldonado, que puso al gobierno a la defensiva. Hay, además de algunos logros concretos del gobierno, algo en el estilo de Cambiemos, en el profesionalismo de su estrategia comunicacional y en el mensaje que bastante uniformemente emiten sus candidatos, que sintoniza bien con las demandas simbólicas de la opinión pública de estos años.

El Peronismo sufrió un golpe muy duro: su líder más visible fue derrotada, los gobernadores con más proyección también, y los pocos ganadores o resultan poco viables como candidatos presidenciales debido a su reputación (como los hermanos Rodríguez Saá o Gildo Insfrán) o carecen por el momento de apoyo interno o proyección nacional (como Sergio Uñac o Lucía Corpacci). Aquí yace quizás el principal interrogante de los próximos años de la política Argentina. Si es relativamente seguro predecir que Cambiemos se mantendrá como una fuerza nacional relevante con alta probabilidad de reelección en 2019, tanto en la presidencia como en las provincias que gobierna, es mucho más difícil vislumbrar qué ocurrirá con ese grupo de facciones provinciales, municipales, legislativas y sindicales que se identifican colectivamente como peronistas.

¿Logrará Cristina encolumnar a la mayoría de estos retazos detrás de una candidatura presidencial para 2019 (candidatura que hoy aparece con pocas chances dado su alto nivel de rechazo), o su estrella declinará bajo el peso de la derrota del domingo y de sus muchas y graves causas judiciales? ¿Lograrán los gobernadores del PJ y otros líderes importantes como Massa, Pichetto y Randazzo reorganizar la fuerza y presentar a la sociedad un peronismo renovado y deskirchnerizado, o el partido se mantendrá fragmentado en facciones mayormente descoordinadas?

El peculiar partido fundado por el Coronel Perón enfrenta dos desafíos complejos. Uno de ellos es de larga data: coordinar a líderes y facciones de enorme heterogeneidad ideológica y táctica (por ejemplo a Cristina con Urtubey, a Insfrán con Massa o a Moyano con La Cámpora). El segundo desafío es más novedoso: el no contar con los recursos materiales y simbólicos que le concedían el gobierno nacional, el gobierno de la provincia de Buenos Aires, y otros gobiernos importantes como los de Santa Fe y Mendoza. El peronismo ha sido en buena medida un partido de estado, y con menos estado es también menos partido.

¿Tendrán estos resultados impacto en la economía? Es claro que ni la inversión productiva nacional ni la extranjera respondieron como Cambiemos esperaba a la llegada de un gobierno mucho más amigable hacia los negocios que el anterior. Uno de los principales argumentos para explicar tal fenómeno fue el de la debilidad de la administración Macri: con minoría en ambas cámaras legislativas, pocos gobiernos provinciales, una herencia económica complejísima, y la “maldición de Alvear” (Martelo T., el último presidente electo no peronista que concluyó su mandato, en 1928), muchos inversores habrían decidido que resultaba muy riesgoso hundir capital en el país cuando el populismo político y macroeconómico podría estar de vuelta en poco tiempo.

Las perspectivas hoy son muy diferentes. El muy probable escenario de una reelección de Macri, Vidal y Rodríguez Larreta en 2019 (más la suma de varios gobiernos provinciales y un contingente adicional de diputados y senadores en ese año) permiten imaginar una período razonablemente prolongado de políticas tendientes a restablecer los equilibrios macroeconómicos, facilitar la inversión, y quitar obstáculos políticos, burocráticos, impositivos y hasta mafiosos a la inversión productiva.

Las decisiones empresariales son complejas y dependen de muchos factores, pero es claro que el marco político para invertir en la Argentina hoy es mucho más favorable que el existente hasta el sábado pasado. Los pasos del gobierno en las próximas semanas revelarán con qué nivel de creatividad y audacia usará el capital ganado en estas elecciones para impulsar un círculo virtuoso inversión-crecimiento- reducción del déficit fiscal-estabilidad macroeconómica-inversión.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Carlos Gervasoni
Carlos Gervasoni
Profesor-Investigador en el departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella y miembro del proyecto Varieties of Democracy. Obtuvo una maestría en ciencia política en la Universidad de Stanford, y el doctorado en la universidad de Notre Dame. Se especializa en estudios sobre la democracia, política provincial, opinión pública y metodología de la investigación. Sus artículos han aparecido en América Latina Hoy, Comparative Political Studies, Democratization, Journal of Democracy en Español, Journal of Politics in Latin America, y World Politics. Miembro fundador y presidente de CADAL entre 2003 y 2004.
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