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Venezuela resiste la ambigüedad de un populismo autoritario y atropellador
Por Marcos Novaro
16 de octubre de 2017
Marcos Novaro
(TN) El régimen chavista todavía necesita algo que parezca una compulsa electoral. No puede aun prescindir totalmente de aunque sea la apariencia de pluralismo competitivo, como sí hacen el Partido Comunista cubano, o el chino.
 
 

(TN) El régimen hizo en los últimos meses todo lo imaginable, y hasta varias cosas difíciles de imaginar, para que no se pudieran volver a contar los votos de la amplia mayoría social que lo rechaza.

La última vez que el pueblo venezolano se expresó libremente en las urnas, en 2015, le impuso una derrota aplastante a los herederos de Chávez y eligió un parlamento con amplia mayoría opositora. Así que aquellos decidieron vengarse y asegurarse de que no lo volviera a hacer. Postergó por casi un año las elecciones de gobernadores, y ahora que finalmente acepta realizarlas lo hace en condiciones por completo antidemocráticas y anticonstitucionales. Echó a la empresa que administraba el software para el escrutinio luego de que ella denunciara el fraude masivo en la elección de la llamada Asamblea Constituyente en julio, para no reconocer que la pretendida legitimidad soberana de esa Asamblea no existe, es pura impostura, y prevenir cualquier denuncia parecida esta vez.

 

Destituyó a la procuradora general, que también denunció el fraude, así como otros muchos delitos de los funcionarios chavistas; dejó totalmente sin funciones y sin siquiera lugar para sesionar al parlamento, tras lo cual tuvo las manos libres para proscribir a buena parte de los candidatos opositores más conocidos y valorados por los votantes, impidiéndoles presentarse con excusas traídas de los pelos; y rechazó la inscripción de decenas de partidos y de la misma MUD en varios estados. A eso se suma que a la enorme mayoría de los intendentes en ejercicio de las fuerzas opositores, además de destituirlos, los detuvo, para que directamente no pudieran hacer nada de nada en la campaña electoral. Con lo que el control del estado venezolano, salvo por tres gobernadores ligados a la Mesa de Unidad Democrática que apenas sobreviven, quedó monopólicamente en manos del partido de Maduro, el PSUV.

Luego de dilatar injustificadamente las elecciones de gobernadores -ya de por sí una violación abierta de la constitución- cambió a último momento la fecha de la convocatoria, prevista primero para diciembre y luego de sopetón trasladada a este domingo, en un alevoso intento de evitar que la oposición pudiera hacer campaña y lograra movilizar a tiempo a sus simpatizantes para organizar, siquiera, un mínimo control de los comicios.

 

Como tal vez eso tampoco alcanzaba, movió a último momento cientos de centros de votación de áreas con fuerte apoyo opositor a lugares distantes y en algunos casos directamente desconocidos, para que el terror que significa moverse en Venezuela, y más todavía en un día álgido como el de una votación, desalentara a los ciudadanos de emitir su sufragio, o simplemente no supieran dónde ir. A todo eso, agregó en las primeras horas del acto electoral una serie de ataques de colectivos armados como para hacer saber que la cosa iba en serio. No hay que olvidarse de otra técnica empleada: la sistemática demora en la apertura de las urnas.

 

Y encima, los votantes, si lograron vencer tantos obstáculos, riesgos y temores, se habrán encontrado en el cuarto oscurogran cantidad de boletas de candidatos opositores que han renunciado a sus postulaciones o perdieron las primarias frente a aliados con más chance, pero que el régimen decidió dejar para generar más confusión y poder anular los votos que reciban.

Previendo que de todos modos corría el riesgo de perder unas cuantas gobernaciones, porque nada de eso bastaría para burlar la voluntad de los votantes, Maduro adelantó que todos los que aceptaban ser candidatos en los términos impuestos por el régimen estaban reconociendo la soberanía de la Asamblea Nacional y deberían subordinársele. Con lo cual, preparó el terreno para hacer con los eventualmente electos por la oposición lo mismo que ha hecho con los legisladores y los intendentes: destituirlos en cuanto lo considere conveniente, o más simple, no dejarlos asumir. Como no se realiza simultáneamente elección de legisladores de los estados, cosa absurda, seguirán en funciones los que tienen mandato vencido desde el año pasado y en muchos casos son oficialistas, con miras a desautorizar a los eventuales gobernadores opositores y avalar su eventual expulsión de esos cargos.

 

Y de todos modos el régimen chavista todavía necesita algo que parezca una compulsa electoral. No puede aun prescindir totalmente de aunque sea la apariencia de pluralismo competitivo, como sí hacen el Partido Comunista cubano, o el chino. Y este era el punto decisivo de esta elección, sólo saldría bien para los chavistas si podían decir que habían derrotado a sus adversarios y estos habían podido presentarse y competir pese a todo. Porque según el régimen son traidores, imperialistas y fascistas, pero no han podido ser expulsados por completo del sistema político, ni del país. Aunque el gobierno viene trabajando sostenidamente en esa dirección, y pronto es probable que ya no quede nadie más que los fieles, el partido del régimen sea el único jugador, y todo haya acabado.

Mientras tanto, Venezuela aun vive en la ambigüedad de un populismo autoritario y atropellador, que recurre a todo tipo de patoteadas gangsteriles para fomentar el éxodo y el silencio, pero la oposición los resiste. Sin mayores perspectivas pero resiste. Lo que ya de por sí es muy meritorio.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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