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No se hicieron daño
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
29 de septiembre de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) Lo que más sorprendió fue que ni Alejandro Guillier ni Beatriz Sánchez, que hoy aparecen con posibilidades de pasar a segunda vuelta, buscaron interpelar directamente a Piñera. Ambos prefirieron concentrarse en sus mensajes y evitaron polemizar con el hombre al que aspiran enfrentar en segunda vuelta. Si bien es cierto que la audiencia en general rechaza las peleas entre políticos, los debates necesitan tener tensión para que la gente les ponga atención.
 
 

(El Líbero) El primer debate televisivo de la campaña presidencial de 2017, la única gran sorpresa fue que el candidato que va en segundo lugar, el senador Alejandro Guillier, no demostró interés en interpelar al ex Presidente Sebastián Piñera, que ahora lidera las encuestas. Si bien el resto de los candidatos, liderados por Marco Enríquez-Ominami, aprovecharon su tiempo para buscar interpelar a quienes encabezan los sondeos, Guillier desaprovechó la oportunidad de demostrar que está en condiciones de debatir frente a frente y en igualdad de condiciones con el único de los postulantes que parece tener un lugar asegurado en la segunda vuelta.

En el encuentro organizado por la ANP, los ocho candidatos presidenciales se enfrentaron en un singular formato en que las interacciones eran entre cuatro periodistas —todos hombres— y ellos. Si bien podían voluntariamente interpelar a alguno de sus rivales en sus respuestas, no había obligación de que los candidatos debatieran respecto de sus posturas y propuestas sobre distintos temas.

Como la interpelación a sus rivales era opcional, era lógico que Sebastián Piñera, que lidera con comodidad las encuestas de intención de voto, optara por no recurrir a ella. Él no necesita darles tribuna a sus contendores ni quiere reconocer a ninguno de ellos como un rival de peso. Experimentado en contiendas electorales —esta es su tercera candidatura presidencial—, Piñera no se desvió de su estrategia y se concentró en su mensaje de cambio moderado, de foco en el crecimiento y de una derecha moderna y respetuosa de los derechos humanos. Es más, en las interpelaciones que le hizo José Antonio Kast, el único otro candidato del sector, Piñera aprovechó de marcar distancia con la derecha más dura, o cavernaria, como diría Mario Vargas Llosa. Pero cuando Marco Enríquez-Ominami lo presionó para que pidiera la renuncia de la candidata UDI a diputada que aseveró que Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana se quemaron solos en ese tristemente recordado incidente de violaciones a los derechos humanos de 1986, Piñera evitó alejarse demasiado de las posturas que hacen apología de la dictadura militar, y que mantienen muchos de los líderes y simpatizantes de su coalición.

El ex Presidente fue el candidato más interpelado por sus rivales, empezando por Marco Enriquez-Ominami. Pero lo que más sorprendió es que ni Alejandro Guillier ni Beatriz Sánchez, que hoy aparecen como los candidatos con más posibilidades de pasar a segunda vuelta, buscaron interpelar directamente a Piñera. Ambos prefirieron concentrarse en sus mensajes y evitaron polemizar con el hombre al que aspiran enfrentar en segunda vuelta. Si bien es cierto que la audiencia en general rechaza las peleas entre políticos, los debates necesitan tener tensión para que la gente les ponga atención. 

En el debate de anoche sólo Enríquez-Ominami y Kast se dedicaron a generar tensión con otros candidatos. Es comprensible que ellos quieran hacerlo, porque necesitan subir rápidamente en las encuestas, pero resulta difícil de entender por qué ni Guillier ni Sánchez buscaron el enfrentamiento directo con Piñera. La decisión de Sánchez, que marcha en tercer lugar, de no interpelar directamente a Guillier también parece difícil de entender. Después de todo, la única posibilidad que tiene de enfrentar a Piñera es convencer a muchos de los que están inclinados a votar por Guillier a que cambien sus preferencias y se atrevan a votar por ella. La mejor forma de hacer eso era demostrar que está mejor preparada, es más valiente y tiene mejores habilidades debatiendo que su ex compañero de labores.

La estrategia de Guillier, en cambio, pareció responder a que el senador se siente seguro en el segundo lugar. Por eso, evitó interpelar a los otros candidatos de izquierda. Después de todo, si efectivamente pasa a segunda vuelta, va a necesitar del apoyo de Sánchez, Goic, ME-O, Navarro y Artés para ser competitivo en segunda vuelta. Pero una cosa es no enfrascarse en polémicas con los otros candidatos de izquierda y otra distinta es no intentar ni siquiera demostrar que está preparado para un mano a mano con Piñera. El senador dejó pasar una valiosa oportunidad de demostrar que da el ancho para convertirse en un rival de peso que amenace de verdad lo que ahora parece ser un camino relativamente seguro a la Presidencia para Sebastián Piñera.

Como generalmente ocurre en los debates presidenciales, el de anoche tampoco generó memorables momentos. Piñera jugó correctamente a la defensiva, mientras que ME-O, Kast y en menor medida Carolina Goic trataron de mover el tablero interpelando a sus rivales. Sánchez y Guillier, en cambio, se comportaron como si fueran liderando las encuestas y no haciéndose cargo del hecho de que, así como van las cosas, ambos parecen incapaces de ser competitivos contra el ex Presidente en una segunda vuelta.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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