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La estocada de Lagos a Guillier
Por Patricio Navia
Twitter: @patricionavia
19 de septiembre de 2017
Patricio Navia
(El Líbero) Probablemente el apoyo de Lagos a Guillier no hubiera ayudado mucho a la apagada candidatura del senador. Pero ahora que el ex Presidente ha dado libertad de acción a los simpatizantes de la Concertación para la primera vuelta de noviembre, Guillier probablemente está lamentando no haber sido un mejor político cuando tuvo la oportunidad para forzar la celebración de primarias en la Concertación.
 
 

(El Líbero) Ahora que el ex Presidente Ricardo Lagos evitó declarar que votará por Alejandro Guillier en la primera vuelta de noviembre, los simpatizantes de la vieja Concertación se pueden sentir en libertad de acción. Porque Guillier se resiste a ser el candidato de la Concertación y porque la Nueva Mayoría es un proyecto electoral fracasado, la centroizquierda chilena parece encaminada a su peor desempeño electoral desde el retorno de la democracia.

El rápido ascenso de Alejandro Guillier en la carrera presidencial a partir de fines de 2016 ha sido un memorable episodio de especulación electoral. Cuando subía como burbuja en los sondeos, la izquierda de la Nueva Mayoría —en especial el PS— optó por nominarlo como su candidato presidencial. Aunque el partido ahora dice que no pone atención a las encuestas, la decisión de nominar al senador por Antofagasta se basó exclusivamente en sondeos. Para usar un lenguaje financiero —que los militantes del PS deben entender, en tanto su partido es el que más patrimonio bursátil posee—, el PS compró acciones de Guillier cuándo éstas estaban en su máximo histórico.

En vez de optar por el camino razonable de no apoyar a ninguno de los dos candidatos y llamar a que la gente decidiera el nombre del candidato en las primarias del 2 de julio (cuestión que, en su momento, varios sugerimos), el PS decidió matricularse con Guillier y desechar a Lagos. El silencio cómplice del propio Guillier —que no hizo ningún esfuerzo público por inducir al PS a apoyar a Lagos o a insistir en que el candidato se decidiera en primarias abiertas— ayudó a empeorar la situación del ex Mandatario. Días después de que el PS nominara a Guillier como su candidato, Lagos se retiró de la carrera presidencial. Por acción u omisión, Guillier terminó tirándole la cadena a Lagos y permitió que la decisión del PS arrinconara al ex Presidente y lo obligara a una deshonrosa bajada de su candidatura. El mejor camino hubiera sido que Guillier golpeara la mesa, forzara primarias en su coalición y le ganara democráticamente a Lagos la nominación de su coalición. Derrotado en justa lid, Lagos tendría que haber dado su incondicional apoyo al ganador de las primarias del 2 de julio.

Después de haber cometido ese error inicial, Guillier no ha sabido o no ha querido recomponer las relaciones con Lagos. Aunque han pasado cinco meses desde que se bajó, Guillier ha desaprovechado oportunidades para intentar acercarse a Lagos y para atraerlo a su equipo de campaña. Anticipando que toda la izquierda cerrará filas detrás de cualquier candidato que enfrente a Piñera en segunda vuelta, Guillier apuesta a que él obtendrá el segundo lugar y que el resto ocurrirá de forma natural. Pero bien pudiera ser que Piñera gane en primera vuelta, que sea otro el candidato de izquierda que clasifique al ballotage o que la votación de Guillier —aun si obtiene el segundo lugar— sea tan baja que le resulte imposible alcanzar a Piñera en segunda vuelta. Un buen político no deja que las cosas ocurran al azar. Por eso, tendría todo el sentido del mundo que Guillier hubiera hecho especiales gestos hacia Lagos, cortejando su apoyo. Pero el senador no es un buen político.

En una franca y dura entrevista del fin de semana en La Tercera, el ex Presidente criticó duramente a los que lo acusan de haber participado de un pacto de silencio al establecer un secreto de 50 años para las declaraciones sobre torturas cometidas en dictadura que se presentaron ante la Comisión Valech. Aunque el mensaje central de la entrevista fue defender su legado en materia de reparación y justicia en temas de derechos humanos —y criticar la decisión del gobierno de Bachelet de terminar con el secreto en los testimonios de víctimas de la tortura—, Lagos aprovechó de dar una furibunda estocada a la ya alicaída candidatura presidencial de Guillier. Ante la pregunta de por quién iba a votar, si por Guillier o la candidata DC Carolina Goic, Lagos optó por no responder, usando la misma respuesta que hace cuatro años dio la entonces candidata Michelle Bachelet ante una pregunta compleja: “Paso”. Como en 2005, cuando era Presidente, Lagos transparentó que prefería a Bachelet por sobre Soledad Alvear en la carrera por la nominación presidencial de la Concertación, su decisión de guardar silencio ahora, cuando las cartas presidenciales ya están echadas, es particularmente decidora.

Es verdad que, probablemente, el apoyo de Lagos a Guillier no hubiera ayudado mucho a la apagada candidatura del senador. Pero ahora que el ex Presidente ha dado libertad de acción a los simpatizantes de la Concertación para la primera vuelta de noviembre, Guillier probablemente está lamentando no haber sido un mejor político cuando tuvo la oportunidad para forzar la celebración de primarias en la Concertación, haber derrotado a Lagos en ellas y haber asegurado así el apoyo a su candidatura presidencial del respetado ex Mandatario.

Fuente: El Líbero (Santiago, Chile)

Twitter: @patricionavia
Acerca del autor
Patricio Navia
Patricio Navia
Doctor en ciencias políticas (New York University). Anteriormente obtuvo un master en la misma disciplina de la Universidad de Chicago y una licenciatura en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Illinois. Es master teacher of global studies en el General Studies Program y profesor adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de New York University. En Chile, es profesor de ciencias políticas en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales. Es autor de varios libros, entre ellos el best seller “Las grandes alamedas. El Chile post Pinochet” (Mondadori, 2004).
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