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Venezuela, ante una encrucijada clave por la Constituyente
Por Marcos Novaro
31 de julio de 2017
Marcos Novaro
(TN) Dos legitimidades se disputan el control del país. Y sólo una va a sobrevivir. Ninguna de las dos parece dispuesta a ceder y ambas tienen motivos para creer que no necesitan hacerlo. Pero sólo logrará su cometido la que sepa movilizar sus recursos y aprovechar sus oportunidades. Y la que no tema pagar ni hacer pagar a los demás los costos de su solución.
 
 

(TN) Tras lo que suceda este domingo, Venezuela ya no será la misma. Y el problema principal es que cualquiera de las dos opciones abiertas para su futuro inmediato va a ser conflictiva y seguramente costosa en términos de violencia y violaciones de derechos. Ya no hay una salida rápida e incruenta a la mano.

Primera opción: Nicolás Maduro y los suyos logran imponer los cambios que pretenden a través de su constituyente y Venezuela evoluciona decididamente hacia un régimen castrista. Con una disidencia tal vez todavía masiva, pero ya sin chances de hacer valer su número en el corto plazo, sea en las urnas o en las calles. Por tanto sin perspectivas de volver más o menos rápido a un sistema democrático. Porque el régimen se apresurará a reprimirla más duramente de lo hecho hasta aquí (la "receta Atilio Borón" llamémosla) para que no vuelva a tener oportunidad de cuestionarlo.

La frontera entre una situación y la otra fue planteada por el propio Maduro en términos numéricos bien precisos: si participa el 35% de la población en la convocatoria a votar constituyentes, según el método corporativo establecido para anular el principio liberal "un hombre, un voto", desalentar a eventuales candidatos opositores y sobre representar a las entidades afiliadas al oficialismo, se proclamará el éxito del cambio de régimen, se multiplicarán las detenciones políticas y se clausuraránde inmediato el Parlamento y el Ministerio Público. Las dos únicas instituciones públicas que resisten el monopolio del poder.

El número no es casual: se acerca a los 7 millones de ciudadanos que votaron en el plebiscito informal convocado por la oposición para reclamar por las suspendidas elecciones a cargos distritales y por la suspensión de la constituyente. Y hay que decir, a este respecto, que los chavistas evitaron repetir el error en que incurrió aquella cuando se comprometió públicamente a movilizar a 11 millones, por lo que lo que logró tuvo al final sabor a poco.

¿Y si aun así no logran su objetivo y queda en evidencia que sólo una pequeña minoría sigue respaldando al poder chavista, y el resto se divide entre quienes lo detestan y quienes por temor o estar agobiados por sus necesidades cotidianas aunque no lo apoyan se mantienen en la pasividad?

La oposición tendrá entonces que saber aprovechar su oportunidad, tal vez la última. Lo que supondrá ante todo resolver un dilema que la viene agobiando desde hace meses: ¿cómo demostrar a la vez que el régimenya no puede garantizar el orden ni gobernar, y que ella sí puede hacerlo, así como resolver los problemas de escasez y descalabro económico?

Sólo así lograría sacar a esa masa dubitativa de su pasividad y, al mismo tiempo, acercarse en particular a las fuerzas armadas y de seguridad, que recelan del curso castrista y que siguen Maduro, pero también temen que colaborar con el fin de ese grupo acarree iguales o incluso peores amenazas para su futuro y sus propios intereses.

Así están las cosas: dos legitimidades se disputan el control del país. Y sólo una va a sobrevivir. Ninguna de las dos parece dispuesta a ceder y ambas tienen motivos para creer que no necesitan hacerlo. Pero sólo logrará su cometido la que sepa movilizar sus recursos y aprovechar sus oportunidades. Y la que no tema pagar ni hacer pagar a los demás los costos de su solución.

La cuestión tal vez más compleja es que ese temor resulta, por definición, mucho menor en los totalitarios y fanáticos que en los demócratas. Por eso hasta aquí estos últimos se han autolimitado, como decíamos, y privilegiaron la búsqueda de salidas moderadas e intermedias. Mientras aquellos escalaban una y otra vez sus apuestas. Si los demócratas, aunque sean muchos más que sus contrincantes, no compensan esta desventaja pueden terminar fracasando.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina)

Acerca del autor
Marcos Novaro
Marcos Novaro
Es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente es director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Es profesor titular de la materia “Liderazgos, representación y opinión pública” y adjunto regular de la materia “Teoría Política Contemporánea”. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras. Entre sus libros más recientes se encuentran “Historia de la Argentina 1955/2010” (Editorial Siglo XXI, 2010) e “Historia de la Argentina Contemporánea” (Editorial Edhasa, Buenos Aires, 2006).
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