15.8.2018
 
Artículos / Opinión
Hugo Machín Fajardo
Las lecciones de inclusión social que ofrece Medellín
Por Hugo Machín Fajardo
Twitter: @MachinFajardo
20 de enero de 2012
(Análisis Latino) Medellín es una de las ciudades que cada tanto sorprende con sus iniciativas y realidades en materia de políticas sociales. Pero no solamente la iniciativa pública o las empresas privadas, a través de sus políticas de responsabilidad social, mueven a esta ciudad. Hay personas, que a impulso individual, propenden al desarrollo de sus semejantes.
 

(Análisis Latino) Una persona realizada, que quiere lo mismo para sus conciudadanos. Una novela infantil premiada. Un exitoso musical integrado por cuarenta niños de barrios opuestos en la escala social y trece estudiantes de posgrado en Administración de Negocios de la Universidad de nueva York (NYU), en un mismo proyecto de inclusión social.

Medellín es una de las ciudades que cada tanto sorprende con sus iniciativas y realidades en materia de políticas sociales.

Recientemente, su alcaldía inauguró 130 metros de escaleras mecánicas que suben 40 metros sobre la montaña, en la comuna 13 -ubicada al norte de la ciudad- una de las más difíciles por enfrentamientos de combos que se disputan el micro-tráfico. Innovaciones tecnológicas, habitualmente destinadas a lujosos centros comerciales, que benefician a 185.000 personas residentes en los 22 barrios de la comuna.

Medellín será la primera ciudad colombiana en contar con varios medios de transporte público: metro, metro cable (aéreo), buses articulados que complementan el metro (metroplus), que se suman a los ya existentes “buses integrados”; tranvías eléctricos previstos para 2014, sistema de bicicletas públicas.

Pero no solamente la iniciativa pública o las empresas privadas, a través de sus políticas de responsabilidad social, mueven a esta ciudad.

Hay personas, que a impulso individual, propenden al desarrollo de sus semejantes. Xandra Uribe, siendo adolescente, se sintió ajena a la violenta Medellín de fines de los ochenta y emigró a Estados Unidos.

Convertida en una profesional de la comunicación, con trabajos, entre otros, en Discovery Networks y Discovery Kids; tras veinte años, salió “de la burbuja” y regresó a esa ciudad de la que tanto oía hablar en Norteamérica sobre sus avances y apuestas a la educación y la cultura; ciudad con la que nunca había roto.

En el principio, fue un espectáculo musical llamado “Barro de Medellín” -inspirado en el célebre “Amor sin barreras”, de mediados del siglo pasado- que bajo la dirección de Xandra Uribe, tomó como guión la múltiplemente premiada novela “Barro de Medellín”, del español Alfredo Gómez Cerdá.

La novela - Ganadora del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (2009), Premio «White Raven» (2009), Premio Ala Delta de novela infantil (2008) y lista de Honor del Council on Chiropractic Education International–CCEI- (2009) y traducida al italiano, vasco, japonés y holandés- cuenta la historia de Camilo y Andrés, dos niños habitantes de un barrio carenciado que, gracias a los libros, cambian su previsible destino de explotación y delincuencia, por una vida esperanzada, dice Uribe, quien dirigió a los cuarenta niños y adolescentes integrantes del elenco del musical estrenado en noviembre de 2011y que ensaya para presentarse en otras ciudades colombianas y fuera de fronteras.

Fue el comienzo de lo que aceleradamente generó la actual Fundación y Escuela de Formación Artística, Barro de Medellín, con sede propia.

Inclusión social. Lo que se inició como una exhibición artística referencial de lo que pueden lograr la cultura y la educación en una ciudad, devino en una fundación cuyo objetivo es contribuir a la transformación de la ciudad, mediante la inclusión social y en una Escuela de Formación Artística multidisciplinaria.

La metodología para dicho objetivo está enfocada en la formación artística integral, sin distinción de condición social, edad, género, etnia, talento o expresión artística, dice Uribe.

“Todos somos hechos del mismo barro, esencialmente somos iguales”, enfatiza Uribe, y por eso, el elenco musical de Barro de Medellín estuvo compuesto principalmente de dos escuelas situadas en barrios bien diferentes.

Ellos provienen de Escuela Cuatro Elementos, que brinda clases de break, rap, y grafiti a 200 niños de Aranjuez, barrio con historias de combos violentos y micro-tráfico. Y, por otra parte, alumnos de Cantoalegre, una academia privada de la exclusiva zona del Poblado.

Como quien dice de villa La Cava y de Retiro.

“Queremos hacer parte de esa transformación de ciudad, de convertirnos en la fundación que haga el mejor aporte a esa transformación, pero eso suena un poco etéreo”.

¿A quién recurrir para hacer viable el proyecto? A trece estudiantes de posgrado en Administración de Negocios, de la Universidad de Nueva York (NYU), que visitaron esta ciudad colombiana durante las primeras dos semanas de 2012.

“Lo que más me impactó de esta experiencia, comparando México actual con la transformación que ha tenido Medellín desde su peor época de narcotráfico y violencia, es que constatamos un proyecto de transformación y esperanza, que es una salida para estos niños y que puede ser replicable en muchas otras ciudades latinoamericanas”, resume una de las estudiantes, la mexicana Diana Molina.

El grupo se integró con alumnos de la Universidad de Nueva York (NYU), de procedencia multicultural, como la china Mei Dong, el español Jordi Monsó o la estadounidense Heather Burns.

“Recibimos a doce estudiantes, más un coordinador, organizados en tres subgrupos, que están realizando una Maestría, un MBA, en Administración de Negocios en la Universidad de Nueva york (NYU), una de las mejores del mundo, y tienen una materia en común llamada Emprendimiento Social”, explica Uribe.

Fueron 28 estudiantes en total que llegaron a Colombia con este propósito. Quince, a Bogotá a trabajar con la Fundación Pies Descalzos, de la cantante colombiana Shakira, y trece, con Barro de Medellín, en la capital de Antioquia.

“Un grupo de estos estudiantes vino a ayudarnos a diseñar una estrategia de visión, misión y plan de negocios: para donde vamos, qué queremos y cómo lo haremos”, dice Uribe.

Otro grupo trabajó en dar ideas de cómo generar ingresos, pues la Fundación Barro de Medellín no aspira a vivir de la caridad, sino a generar algo sostenible, donde haya un “gana-gana”, mediante diferentes fuentes de generación de recursos.

Un tercer grupo trabajó sobre la escuela de la fundación, un instituto de formación artística y personal que ya cuenta con sede propia. Elaboró un currículo de trabajo, en como capacitar formadores y en educar a niños y jóvenes en las artes, explicó Uribe. “Esas transformaciones deben ser cuantificadas, porque es lo que ellos estudian, pues vienen del mundo de los negocios”.

Resultados medibles. “Una de las cosas más importantes de nuestro trabajo es que tenga un impacto social medible. Esa es la diferencia. Estos niños hoy están en esta situación, con estas capacidades desarrolladas gracias a Barro de Medellín. En equis periodo, debemos de constatar cuál ha sido el avance. Tiene que haber un impacto, de lo contrario, no vale la pena hacerlo”, agrega Molina.

El coordinador del grupo de estudiantes de la NYU, el estadounidense Lyel Resner, que cursa una doble maestría - Administración y Educación- sostiene que todavía “falta mucho trabajo por hacer y vamos a seguir nuestra relación con la Fundación Barro de Medellín”.

La diferencia con México u otros países latinoamericanos es la circunstancia, el contexto, en que esos niños viven en otras ciudades, respecto a Medellín, agrega Molina.

“Y eso, hace la diferencia. Una de las grandes cosas de Barro de Medellín y de la propia ciudad, es la transformación que ha tenido Medellín y las oportunidades que este fenómeno le da a los niños. Eso se palpa y se ve la esperanza que estos niños tienen de desarrollar una carrera profesional, de poder salir de esa vida que tienen ahora, de acceder a tener otras oportunidades”, afirma la estudiante de la NYU.

Nada es seguro. La Alcaldía de Medellín, el conjunto empresarial privado Grupo Familia fueron patrocinadores y apoyaron para el musical, “cuando era un sueño”, pero ahora se define el futuro y la continuidad de Barro de Medellín.

Twitter: @MachinFajardo
Acerca del autor
Hugo Machín Fajardo
Hugo Machín Fajardo
Periodista desde 1969, una forzada interrupción entre 1973 -1985, no le impidió ejercer el periodismo clandestino. Secuestrado en 1981 por la dictadura uruguaya, permaneció desaparecido y torturado hasta 1982, en que fue recluido en el Penal de Libertad hasta 1985. Ex -docente de periodismo en Universidad ORT, de Montevideo. Ex vicepresidente de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU). Jurado del Premio Periodismo para la Tolerancia, 2004, de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) /Unión Europea. Coordinó "Periodismo e Infancia-2005". Integró diversas redacciones periodísticas de medios y agencias de noticias en Montevideo, Uruguay. Actualmente se desempeña como free -lance.
Twitter: @MachinFajardo
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