15.8.2018
 
Artículos / Opinión
Hugo Machín Fajardo
Perfil del Pepe Mujica: Por las urnas sí, por las armas no
Por Hugo Machín Fajardo
Twitter: @MachinFajardo
4 de diciembre de 2009
José Mujica obtuvo el 52% de los votos en la segunda vuelta de las elecciones nacionales cumplidas el domingo 29 de noviembre en Uruguay y por primera vez en ese país su presidente será un ex guerrillero con antecedentes de homicidio, robo y actos terroristas, hechos registrados en los años sesenta y principios de los setenta.
 

Desde los comicios del 25 de octubre en que el Frente Amplio logró la mayoría parlamentaria, con un 47,96% de los votos emitidos y el Partido Nacional un 29,07%, los diferentes sondeos de opinión pública efectuados en noviembre le mantuvieron una clara ventaja al ex guerrillero tupamaro José “Pepe” Mujica sobre el otro candidato, el ex presidente Luis A. Lacalle, de centro derecha, que gobernó entre 1990 y 1995 y que en segunda vuelta logró un 44 % del electorado.

Mujica (74), es uno de los dirigentes tupamaros que en 1963 comandados por Raúl Sendic (1925 - 1989), iniciaron la guerrilla urbana que aspiraba a tomar el poder cuando gobernaba el Uruguay uno de los dos partidos  tradicionales, el Partido Nacional y la izquierda no superaba el 10 por ciento del electorado.

Mujica, decepcionado de la política, abandonó 47 años atrás el Partido Nacional, donde había sido secretario de un ministro, y contribuyó a fundar el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), una organización integrada por ex militantes del Partido Socialista, estudiantes universitarios fuertemente influenciados por sacerdotes católicos y anarquistas partidarios de la acción directa.

En el contexto de la Guerra Fría en que América Latina sufrió reiteradas intervenciones estadounidenses, aleccionados por la revolución cubana y apoyados por Fidel Castro, los tupamaros uruguayos reeditaron el fenómeno guerrillero surgido en la vecina República Argentina. Las aún hoy denominadas por Mujica expropiaciones a bancos y empresas, reportaron a la guerrilla la suma equivalente a más de tres millones de dólares actuales.

A partir de la consigna “tanto peor, tanto mejor”, que suponía una exacerbación de las contradicciones sociales con el objetivo de generar conciencia en sectores de la ciudadanía, los tupamaros protagonizaron homicidios, secuestros y atentados que contribuyeron a generar un clima de polarización que facilitó la intervención de sectores ultra reaccionarios con la consiguiente dialéctica de acción y reacción.

En 1972, convocadas por los partidos tradicionales, las fuerzas armadas uruguayas, bajo régimen de “estado de guerra interno”, en seis meses derrotan a los tupamaros. Como saldo de los enfrentamientos hubo varios muertos en ambos bandos y la guerrilla sufrió mayor cantidad de bajas. La dirigencia tupamara y centenares de guerrilleros fueron encarcelados y juzgados en el fuero de la justicia militar, recibiendo condenas que sumaban decenas de años. Luego del golpe de estado de Juan María Bordaberry, el 27 de junio de 1973, que instauró una dictadura de 12 años, y de padecer infrahumanas condiciones de reclusión, los dirigentes tupamaros, al igual que miles de presos políticos encarcelados por ser opositores a la dictadura, fueron amnistiados por el gobierno del Partido Colorado, encabezado por Julio María Sanguinetti, iniciado en marzo de 1985.

“Democracia burguesa”

Durante la siguiente década los tupamaros no renunciaron a volver a tomar las armas si, a su juicio, la “democracia burguesa”, lo exigía, según ha quedado documentado por estudiosos del tema. Sin perjuicio de ello, el Frente Amplio, fuerza de izquierda que gobierna en la capital Montevideo desde hace dos décadas, devenido en el mayor partido político uruguayo, en 1989 vota el ingreso de los tupamaros al FA.

En 1994 Mujica es electo diputado y ha resumido sus casi quince años como legislador y ministro de Ganadería con su lenguaje que permanentemente apela al lunfardo: “Esta changa (trabajo informal y ocasional) de legislador hay que agarrársela para laburar, (trabajar) ahí está la cuestión”.

Mujica desarrolló una campaña electoral sui generis. Participó en bicicleteadas (pelotones de ciclistas) en que le acompañaba su esposa -otra connotada ex guerrillera y senadora- y recorría barrios populares, acompañado de numerosísimos partidarios.

En ocasiones subía a los ómnibus como “hombre –sándwich”, para difundir sus “dos o tres ideas” con las que “machaco como hacían las maestras”.

Conocedor de las mañas politiqueras y conscientes del rechazo que generan en la ciudadanía, sobre todo en la de menor educación, cultiva una semi crítica al sistema político –“Desgraciadamente hay mucho de discurso y poco laburo”-  o con cuestionamientos que lo asemejan a un político de oposición a su propio partido, el Frente Amplio en el gobierno desde 2005. Ha realizado también valoraciones populistas como su admiración por una tribu africada - los Kung San- “porque los tipos laburan dos horas para vivir y lo demás lo pasan de joda y chusmerío”, o su “bronca a los bancos por cómo le sacan la plata a la gente, todo eso me parece joda”.

Pero se benefició del porcentaje de aceptación (61%), con la que culmina su período el actual presidente Tabaré Vázquez, quien se negó a la reelección con que le tentaron.

Lula o Chávez

El presidente Vázquez durante su gestión mantuvo cierta distancia respecto a la política exterior del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Mujica en su discurso, por momentos contradictorio, y en determinadas actitudes, ha demostrado mayor sintonía con Chávez, quien le ha demostrado su preferencia respecto a Vázquez. Pero también el flamante presidente electo dispensa elogios al presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva o conceptos sobre Cuba, consignados por el matutino “El País” de Montevideo: “Se cae a pedazos. Se cae de vejez. ¿Viste la prensa en Cuba? No se puede leer. No se puede leer por aburrimiento”.

A Francisco Luzón, consejero director general para América Latina del Banco Santander, Mujica le impresionó “como un líder del Primer Mundo”, relató Jorge Jourdán, gerente general de la filial uruguaya del Santander, luego de una entrevista en Montevideo entre Luzón y Mujica realizada en mayo.

“Como te digo una cosa te digo la otra”, es un lugar común en el habla popular uruguaya. Alude a que la vida no ofrece exclusivamente una vía para solucionar problemas pero también como expresión de ambigüedad. Mujica quedó identificado con una expresión, que, no es la más recomendable para un político.

“El Pepe”

Lo que es incuestionable es la forma de vida del ex guerrillero tupamaro. En una austera chacra suburbana cultiva flores para la venta al menudeo, se acompaña en sus giras políticas por Manuela, una perrita de tres patas, no usa corbata, y prescinde absolutamente de cualquier tipo de atildamiento, al punto de aparecer ante cámaras de televisión sin su prótesis dental. Esa imagen es garantía de honestidad para buena parte de su electorado, pero muy pocos quieren vivir como “el Pepe”.

Una de las notas más inexplicables para la lógica política uruguaya, la aportó un acérrimo enemigo de los votantes de Mujica: el entonces presidente George W. Bush. Durante  su visita a Uruguay en marzo de 2007, mientras aguardaban que el asado criollo estuviera a punto en las grandes parrillas de la estancia presidencial de Anchorena, el presidente de Estados Unidos amablemente tomó del brazo a Mujica y ambos se internaron en un monte nativo, en un diálogo del que el ex guerrillero retornó “con los ojos llenos de lágrimas”, según testigos.

Mujica en su primer discurso luego de conocerse su triunfo en las urnas trasuntó su intención de tener en cuenta a la principal fuerza opositora, el Partido Nacional, para su futura administración, lo que ha impresionado positivamente  a analistas y dirigentes políticos. El primero de marzo jurará respetar la misma constitución contra la que se levantó en armas 47 años atrás. El juramento se lo tomará su mujer, la senadora Lucía Topolansky, también como él ex tupamara que permaneció en prisión durante 13 años y encabezó la lista más votada en octubre, por lo que preside el Poder Legislativo hasta que asuma en marzo, como vicepresidente, el ex ministro de Economía del gobierno saliente, Danilo Astori.

Hugo Machín es periodista uruguayo.

 

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Acerca del autor
Hugo Machín Fajardo
Hugo Machín Fajardo
Periodista desde 1969, una forzada interrupción entre 1973 -1985, no le impidió ejercer el periodismo clandestino. Secuestrado en 1981 por la dictadura uruguaya, permaneció desaparecido y torturado hasta 1982, en que fue recluido en el Penal de Libertad hasta 1985. Ex -docente de periodismo en Universidad ORT, de Montevideo. Ex vicepresidente de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU). Jurado del Premio Periodismo para la Tolerancia, 2004, de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) /Unión Europea. Coordinó "Periodismo e Infancia-2005". Integró diversas redacciones periodísticas de medios y agencias de noticias en Montevideo, Uruguay. Actualmente se desempeña como free -lance.
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